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De la indignación a la revolución | Los retos de un nuevo movimiento
Por Joel Sans. Las acampadas se han extendido como un reguero de pólvora. En prácticamente 100 plazas de todo el Estado español se está viviendo una explosión de participación impresionante que continua más allá de las elecciones del 22 de mayo. Este estallido, no obstante, no cae de la nada. Se suma a los ejemplos de luchas por toda Europa que hemos vivido en los dos últimos años y tiene una conexión con las revoluciones en el mundo árabe, encabezadas por los jóvenes en paro y sin futuro.
Las lecciones de Mayo del 68
Por Ana Villaverde. Existe una creencia muy extendida de que en las sociedades económicamente avanzadas, donde el capitalismo ha alcanzado un nivel de desarrollo muy elevado, el sistema no puede cambiar. Los acontecimientos que tuvieron lugar en mayo de 1968 en Francia constituyen un ejemplo perfecto de la falsedad de este mito. En cuestión de unas semanas, toda la sociedad francesa se involucró en un proceso que, de haber continuado, podría haber acabado desembocando en una situación realmente revolucionaria.
¿Por qué debemos organizarnos?
Por Diego Mendoza. Los movimientos sociales y los espacios de lucha no son constantes: tienen subidas y bajadas, o incluso pueden desaparecer. Incluso las luchas de larga duración tienen subidas, bajadas y crisis en medio. Ésta es una limitación importante para poder articular una respuesta sólida. Las organizaciones revolucionarías pueden jugar un papel clave a la hora de mantener viva esta llama y dar continuidad a las luchas y a la gente que participa.
Aprender de Tahrir
Por David Karvala. Era difícil imaginar, observando las imágenes de Plaza Tahrir en El Cairo hace unos meses —con miles de personas autoorganizándose para debatir, comer, dormir, etc.— que hoy estaríamos viviendo experiencias parecidas en ciudades de todo el Estado español.
Cómo conseguimos una democracia real
Por Oscar Simón. En estos momentos, marcados sin duda por el impacto enorme del movimiento de las acampadas, resulta fácil hablar de los límites del parlamentarismo. En el sistema actual, las personas votan una vez cada cuatro años a unos partidos que se hinchan a prometer cosas durante la campaña electoral y luego, durante cuatro años, hacen lo que les da la gana e incluso legislan contra el programa por el que fueron votados, y no pasa nada.


















