Inmigración y racismo

Racismo ayer y hoy
No a los controles de inmigración
El muro de Europa
Entrevista: Asamblea papeles para todos
La ley de extranjería
¡Basta de muertes en el Estrecho!
Emigrar al Estado español: un duro trabajo
Todos los inmigrantes son bienvenidos
7 mitos del racismo
Resistencia e inmigración
¿Qué puedes hacer tú contra el racismo?


Racismo ayer y hoy

Publicado por primer vez en Socialismo Internacional, No 8, noviembre de 1995. Aparece aquí en una versión actualizada.

Por Josep Garganté

El racismo es un serio problema en todas partes, es por ello que hay tanta gente que quiere luchar contra él, pero para saber como acabar con el racismo tenemos que entender de donde viene y a quién beneficia.

No es difícil escuchar la opinión de que el racismo forma parte de nuestra naturaleza humana. Esta opinión no sólo es compartida por los racistas, sino que por desgracia también es apoyada por muchos antirracistas, con frases como "no me gusta el racismo, pero en el fondo todos somos un poco racistas, todos tenemos parte de culpa". Gente que desea derrotar el racismo pero que no encuentra una respuesta a por qué existe éste, por qué hay tanta gente con ideas racistas o simplemente piensa que el racismo ha existido siempre y por consecuencia nunca desaparecerá.

Si tomamos el racismo como la discriminación sistemática contra un grupo de personas por cuestiones "raciales" o color de la piel, nos lleva a razonar que el racismo no ha existido siempre.

Si bien es cierto que durante la época griega y romana existía una división entre esclavos y ciudadanos libres, ésta no tenía nada que ver con connotaciones raciales o con el color de la piel, éstas eran facetas irrelevantes. De hecho, el emperador Septimius Severus (193 al 211 DC) era, según descripciones de su físico; negro, aunque estas clasificaciones (blanco y negro) no existían en esa época. Esto no significa que fuera una sociedad mejor, al contrario, estaba basada en una opresión y explotación terrible.

Ya en la Edad Media, la línea divisoria se basaba en la religión, tanto cristiana como islámica, entre creyentes y no creyentes. Y la verdad es que siempre tenías la posibilidad de cambiar tu opción, no es una excusa para todos los horrores cometidos, pero sí sirve para observar que la discriminación no se asentaba en cuestiones raciales sino en cuestiones religiosas, y que tanto eran perseguidos los judíos como las sectas cristianas. La práctica del cambio de religión es una puerta cerrada para los negros, los judíos o para cualquier otra víctima del racismo actual.

Capitalismo y esclavitud

De hecho, el racismo apareció cuando apareció el capitalismo, por eso sigue siendo tan válida la apreciación de Malcolm X de que "no puedes tener capitalismo sin racismo".

Desde los siglos XV al XVIII con la expansión de los mercados y la internacionalización de capital, primero el imperio español y portugués y más tarde el inglés y el francés mantuvieron una fuerte presión en las Américas para extraer el máximo beneficio de su explotación. En consecuencia, el imperio necesitaba gran cantidad de hombres y mujeres para trabajar en las plantaciones. En primer lugar tomaron a la población indígena, a la que condenaron a una fuerte explotación y junto a las enfermedades transmitidas por los europeos, condenaron a ésta casi a la desaparición.

En 50 años la conquista española de México supuso que su población pasara de treinta millones a solo tres millones.

Esto suponía para los imperios la necesidad de más mano de obra, que hallaron en África. La esclavitud supuso sólo en el siglo XVIII, ocho millones de personas trasladadas de un continente a otro, expoliando todos sus derechos. Esta negación total de los derechos era antagónica, al fin y al cabo, a las ideas de igualdad y libertad que la nueva clase capitalista ondeaba.

En consecuencia, tenían que crear una teoría que excusase la práctica que ya se llevaba a cabo, la esclavitud. Si bien la declaración de independencia de las colonias americanas al romper con el imperio británico decía que todos los hombres eran iguales, su contradicción «desaparecía» al manifestar que los negros eran inferiores a los humanos. Esta contradicción se personificaba en Thomas Jefferson, él escribió la declaración de independencia y a la vez era un esclavista.

El racismo no ha caído del cielo, no ha estado presente en todas las sociedades y por tanto no es algo inherente en la naturaleza humana sino que apareció como justificación de una brutal explotación, de la violación de todos los derechos del hombre.

Esta explotación se desencadenó al desarrollarse el capitalismo y hoy en día la clase dirigente sigue utilizando el racismo para dividir a los trabajadores y enfrentarles entre ellos.

Racismo institucional

Los controles de inmigración son un buen ejemplo de como los gobiernos utilizan a la gente más pobre como chivo expiatorio.

La ley de extranjería, como todos los demás controles de inmigración, tiene como base la idea racista de que en cierto modo el problema de la crisis, viene dada por los inmigrantes que vienen en busca de trabajo.

Esta idea se basa en la creencia de que tanto el Estado español como el resto de Europa está superpoblado, pero lo cierto es que mientras los políticos utilizan la imagen de una Europa superpoblada para culpar a los inmigrantes, los economistas indican que las tasas de natalidad en todo el continente van en descenso desde hace años. No es casualidad que el 1994 fuera el año de la familia, promocionando los valores que esta "institución" simboliza.

De hecho, el problema radica fundamentalmente en que los mismos que promueven estos controles en momentos de crisis, son los que destruyen más y más trabajos, dan menos posibilidades para poder obtener una vivienda, promueven los recortes en la enseñanza, en la sanidad y en todo tipo de servicios sociales. Utilizan a los inmigrantes para despistar a la gente de los problemas que la propia clase dirigente creó en el pasado y sigue creando en el presente.

El problema no se encuentra en los movimientos de población, estos son en gran parte provocados por la internacionalización del capital.

Los grandes empresarios mueven sus fabricas por todo el planeta, cierran una fábrica en el Estado español y abren la misma en algún lugar de la Europa del Este, puesto que los salarios, las materias primas etc. les salen más económicos. Los empresarios ganan millones y millones de beneficios y cuando ven que estos beneficios no van a ascender más y más, trasladan las fabricas a otro país, destrozando miles de puestos de trabajo, que no sólo afectan al trabajador, sino a toda su familia y a su entorno (barrio, ciudad, pueblo). Los mismos que destruyen el trabajo en un lugar, animan a la gente a ir a un nuevo sitio a buscar trabajo "fácil".

Los gobiernos de los países receptores de estas nuevas empresas buscan desesperadamente mano de obra barata, para poder sacar su tajada del pastel de beneficios y por eso no es difícil ver que en los años 50 y principios de los 60 los gobiernos alemán, británico, etc. abrían sus puertas a cualquiera, mientras que años más tarde los mismos gobiernos creaban leyes antiinmigrantes, para culpar a éstos de la crisis que el propio mercado había creado.

Los controles de inmigración son controles para la gente negra, para los marroquíes, en fin, para la gente que sufre la pobreza. Son siempre controles racistas y es por ello que los y las socialistas revolucionarios nos oponemos a cualquier tipo de control de inmigración.

Las condiciones de explotación absoluta que sufrían y sufren los inmigrantes en Lorca (Murcia), al igual que en muchas otras partes del Estado, atrapados sin ningún tipo de salida legal y con el abandono total por parte del gobierno, que les negaba la regularización, ha creado, en ocasiones, situaciones explosivas como las de El Ejido y Terrassa.

Este conflicto enseña de manera muy clara para lo que sirven los controles de inmigración y al mismo tiempo muestra la importancia de la movilización en contra de éstos.

 

No a los controles de inmigración

Este artículo apareció por primer vez en Socialismo Internacional No 12, mayo/junio 1996

Por David Karvala y Paty Gómez

Con el fortalecimiento de la Unión Europea, los impedimentos contra los que quieren venir a vivir y a trabajar a Europa se ponen cada vez más férreos. ¿Por qué los socialistas revolucionarios nos oponemos a todos los controles de inmigración?

Uno de los aspectos más importantes de los "acuerdos de libre movimiento en la U.E." es el obstaculizar la llegada y la estancia de inmigrantes en los países de la U.E., haciéndoles cada vez más difícil el poder llevar una vida digna aquí.

El reciente informe de SOS Racismo, El racismo en el Estado español en 1995, da muchos datos sobre los efectos que la gente inmigrada en el Estado español ha sufrido a causa de la aplicación de la ley de extranjería y del trato derivado de ella.

Los políticos y la prensa presentan a la inmigración como un `peligro para la civilización occidental', como una `bomba de relojería'. El Gobierno del PSOE con la introducción de la ley de extranjería redujo los derechos de los inmigrantes, si cabe, aún más.

¿Cuál es la situación real de la inmigración y del asilo político?

El mito del `diluvio'

El primer mito, muy extendido, es que hay muchos inmigrantes en el Estado español, que `nos inundan'. De hecho, el Estado español es de los países europeos con menos inmigrantes, y de los que acogen menos refugiados. Hasta hace poco, fue un país del que la gente huía, bien para buscar trabajo o para escapar de la represión.

Se calcula que hay aproximadamente 400.000 inmigrantes en el Estado español. Esta cifra supone que alrededor del 1% de la población es extranjera. Pero la mitad de ésta no preocupa a los políticos en cuanto a como se establecen, debido a que son de otros países de la U.E.. De hecho, el número de personas no provenientes de Europa que ha logrado venir a vivir a este país es muy reducido; por ejemplo, la cantidad de personas de Marruecos en todo el Estado español es de 50.000. (Fuente: El País: 16/3/94.)

Esto no quiere decir que si las cifras fueran más altas constituirían un problema. Es sólo mostrar que, utilizando sus propios términos, los que dicen que hay un problema de inmigración distan mucho de la realidad.

En lo que se refiere al asilo político y a los refugiados, la verdad es aún más reveladora. Según un informe de ACNUR (Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados) de 1994, el país con más refugiados fue Irán, con 4 millones, seguido por Paquistán y Malawi con 1,6 y 1,1 millones respectivamente. ¡El estado español tenía tan sólo 9.700 refugiados!. Estos datos no se pueden comparar con lo que sucede en Suecia, un país con una población 4½ veces menor a la del estado español, que acoge a más de 320 mil refugiados, sin que por ello se produzcan incidentes.

En 1994 Izquierda Unida denunció un proyecto cuyo objetivo era facilitar (mediante `procedimiento acelerado') el rechazo de solicitudes de asilo, señalando que tan sólo el 5% de las 12.000 solicitudes anuales es aceptado por el Ministerio del Interior, y que la legislación española, en contraste con la de otros países europeos, no acepta asilo por razones humanitarias. Sin embargo, IU continuaba con el comentario de "Estamos dispuestos a evitar que por la vía del asilo se cuelen inmigrantes económicos".

Por lo visto se puede llegar a evitar que te mate el ejército, se puede incluso escapar a una persecución política, pero la muerte por inanición, por falta de recursos no entra en los supuestos a contemplar para la concesión de asilo.

Esta opinión es bastante típica en la izquierda: la aceptación de refugiados, en sí positiva, no se extiende a la inmigración económica, la cual es vista como un problema a controlar.

Los socialistas revolucionarios, en cambio, tomamos la posición de oponernos a todo control de inmigración. ¿Por qué?

En contra de todos los controles

Cualquier control de inmigración crea la impresión generalizada de que el problema es la gente, sea africana o de América Latina, mientras que de hecho el problema es el sistema internacional que recorta nuestro estado de bienestar, seamos de donde seamos y, que aún trata peor a algunos con el objetivo de dividirnos y debilitarnos como clase trabajadora.

Pero, ¿es realista oponerse a todo control de inmigración?

Algunos dicen que el Estado español es un país pobre, y que no puede aceptar el acceso de mucha gente. Como hemos visto, otros países mucho más pobres tienen inclusos millones de refugiados. En la OCDE, el club de países ricos, el Estado español es el número 8.

No hay ningún problema de superpoblación en Europa, al contrario; los líderes europeos están preocupados porque su población está decreciendo. Por lo que se puede deducir que la oposición a la inmigración es tan sólo una cuestión de racismo.

También existe la idea de que `todos vendrían'. De hecho, la inmigración depende de la situación económica en el lugar de origen; la mayoría de la gente prefiere quedarse en un sitio que conocen, tan sólo se traslada a otro país o continente si se siente impulsada por la precariedad de las condiciones de vida que tiene que soportar.

Las quejas contra la inmigración por parte de los poderes fácticos son hipócritas, como muestra claramente la nueva ley contra `inmigrantes ilegales' de los EE.UU., la cual priva de las áreas de sanidad y educación a estos. Las medidas en principio eran aun más fuertes, pero fueron suavizadas por los congresistas más conservadores, quienes, en el último momento, aceptaron los argumentos de que una drástica reducción del número de inmigrantes causaría un grave daño a la economía norteamericana.

Los empresarios no están en contra de que venga gente, lo que quieren es que esta gente se sienta débil, y sea fácil de explotar. La inmigración es una fuente de trabajadores más baratos y sin derechos, aun más cuando se produce al margen de la ley.

Un ejemplo claro de lo anterior es el caso de los talleres chinos; la prensa denuncia el tratamiento recibido por los trabajadores explotados, informa del procesamiento al jefe y, acto seguido menciona que los trabajadores han sido deportados. Si los obreros tuvieran una cobertura legal en cuanto a la legalización de su situación, con la consecuente cobertura socio-política, serían ellos mismos quienes podrían denunciar a estos jefes, acabando con este tipo de explotación.

El movimiento libre del capital es un hecho, y no tan sólo dentro de la U.E.. Pero cuando los trabajadores queremos ir a buscar trabajo allí donde se lo han llevado, nos lo impiden. No tenemos ningún interés en ayudar a nuestros líderes a jugar así con las vidas de millones de personas en todo el mundo y, el hecho de apoyar los controles de inmigración es hacer su juego.

No es sólo un deber humano el hecho de defender los derechos de los inmigrantes, sino que también esta acción revierte en nuestro interés cuanto a unirnos todos los trabajadores, de donde sea que seamos, para luchar por nuestros intereses comunes, y en contra del sistema que nos utiliza y maltrata a todos en mayor o menor medida.

Más allá, está la cuestión de crear un mundo en el que la gente sea libre de viajar cuando y donde quiera, pero a la vez un mundo en el que se pueda vivir y trabajar en el lugar de origen, si se quiere, sin tener que enfrentarse a la forzosa inmigración en la incesante búsqueda de los medios básicos de subsistencia para la familia.

 

El muro de Europa

Publicado por primer vez en En lucha, No 40, mayo de 1999.

por Elvira Boix

Dentro de dos años el Euro será la moneda única. Esto culminará el proceso de la Unión Europea, un proceso que ya ha empezado con la libre circulación de capitales, persona y mercancías.

Sin embargo, no todos pueden circular libremente por el territorio de la UE, mientras que los que tenemos pasaporte comunitario, podemos viajar, trabajar y estudiar libremente en cualquier Estado de su ámbito, hay un gran sector de gente a la que se controla su acceso, su estancia y sus movimientos: Los inmigrantes.

La Europa sin fronteras

Los Estados pertenecientes a la Unión Europea han aprobado Leyes absolutamente restrictivas para evitar que la denominada Europa sin fronteras, sólo sea un sueño para los miles de trabajadores africanos, asiáticos, de la antigua Europa del Este y latinoamericanos que buscan un futuro, huyendo de la miseria a la que les ha sumido sus gobernantes, con la complicidad de los dirigentes occidentales.

Uno de los elementos comunes de las políticas de extranjería de todos los gobiernos europeos en los últimos diez años, ha sido crear controles de inmigración, que regulen la entrada de inmigrantes a los respectivos Estados. Éstos han ido endureciéndose cada vez más, bajo el pretexto de que "demasiada gente quiere entrar y no hay sitio para todos"

Después de la 2ª Guerra Mundial, y sobre todo en la década de los 60, en pleno boom económico, los países del norte de Europa necesitaban mano de obra, y así abrieron las puertas a miles de inmigrantes, provenientes del sur de Europa: españoles, italianos, portugueses y del Norte de África, etc. El gobierno francés por ejemplo, acordó con el argelino, la "importación" de 35.000 trabajadores a Francia.

En la década de los setenta, la crisis económica llevó a millones de trabajadores en toda Europa al desempleo, Las tasas de desempleo en los años ochenta y noventa no se han rebajado y las políticas económicas de los gobiernos europeos, tanto de la derecha como de la social-democracia, se han caracterizado por los ataques continuos y progresivos a los servicios sociales, prestaciones por desempleo y jubilaciones.

Los controles, en el contexto de la crisis económica

¿Para qué sirven los controles de inmigración? Desde el momento en que existen Leyes que conceden o no el derecho a residir y trabajar en un país, se crean dos categorías de inmigrantes: los que están legalizados y los ilegales.

En el Estado español, obtener el permiso de trabajo y residencia es un trabajo muy difícil: para poder tener permiso de residencia, se necesita permiso de trabajo y para que se conceda la residencia, se necesita un trabajo. Los trámites administrativos son muy complicados y caros, además el Estado establece anualmente un número limitado de permisos en cada actividad: construcción, agricultura y servicio doméstico en función de las necesidades del mercado.

Por todo esto, miles de inmigrantes se encuentran en situación de ilegales.

Ser ilegal significa: estar expuesto a que en cualquier momento se pueda proceder a la expulsión del territorio español (y ya sabemos que la policía recibe incentivos por detener a la gente).

Ser ilegal significa estar sometido a empresarios, que conociendo la situación, explotan a los inmigrantes hasta el límite de la esclavitud, sabiendo que ellos no pueden denunciarles a nadie, ni organizarse para defenderse. Ser ilegal significa, caer en manos de traficantes de mano de obra que obtienen una parte de sus salarios a cambio de encontrarles trabajo.

Los controles de inmigración generan todo esto, hacen posible la existencia de mano de obra a la que se puede sobre-explotar y que tiene muy pocas posibilidades de defenderse, pero por si esta razón no fuera ya suficiente, cumplen un segundo objetivo.

Los controles fomentan el racismo

Declaraciones como las del Ministro alemán Oteo Schilling, diciendo que el "barco ya está lleno" o del Ministro de Interior belga diciendo que "La política de extranjería debe caracterizarse por el realismo y la prevención… es mejor prevenir que curar" o la justificación por parte de políticos del Partido Popular, de la construcción de una segunda valla en Ceuta, para evitar que los "inmigrantes puedan colarse" tienen un objetivo claro, extender la idea que demasiados inmigrantes pretenden entrar en Europa, y que su entrada "masiva" va a acrecentar el desempleo de los europeos y a colapsar los presupuestos sociales, sanitarios y educativos.

El fomento de esta ideología se hace con la complicidad de los medios de comunicación, cada verano nos bombardean con imágenes de inmigrantes magrebíes cruzando el estrecho y aunque se lamentan el hecho de que tengan que emigrar por que en sus países no hay trabajo, se nos dice a la vez que estamos ante una "avalancha desbordante". Cuando un inmigrante comete un delito se subraya su origen y se dedican grandes titulares a los casos esporádicos de inmigrantes musulmanes que se niegan a que sus hijas hagan gimnasia en la escuela.

La paradoja del sistema

Los gobernantes europeos están alarmados por el descenso de la natalidad en Europa, y por otro lado dicen que ya hay demasiados inmigrantes.

¿Qué esconden tras esta contradicción? Las medidas represivas en materia de inmigración crean un ejército de trabajadores a los que se puede explotar hasta el límite, con los que se puede traficar según las necesidades de la producción, si aumenta la construcción, por ejemplo, se amplían los cupos.

Así se consigue negociar a la baja los salarios de todos los trabajadores, inmigrantes o no. Por otro lado justificar la necesidad de controlar el acceso de los inmigrantes, crea la idea que demasiados inmigrantes significa el aumento del desempleo y el aumento de los costes sociales.

Con ello se fomenta el racismo hacia ellos, se culpabiliza a los inmigrantes de la falta de trabajo, cuando es la crisis y la injusticia del sistema la que nos golpea a todos.

El movimiento de los sin papeles

Se puede luchar contra las políticas de inmigración, así se ha demostrado en Francia, donde las movilizaciones contra las expulsiones masivas de inmigrantes ilegales y las luchas por su legalización han unido a miles de trabajadores franceses e inmigrantes, ocupando iglesias, sedes de partidos, organizando manifestaciones masivas, han conseguido la legalización de miles de inmigrantes.

El movimiento se ha extendido a Alemania, donde la coalición de izquierdas-verde se ha comprometido a conceder la doble nacionalidad a miles de inmigrantes residentes, pero esto sólo se hará realidad, si se mantiene la presión desde abajo.

En el Estado español, también se está construyendo un movimiento a favor de "Papeles para todos". Este es un primer y gran paso, pero el movimiento debe ir mucho más lejos. Hay que conseguir que se eliminen totalmente las barreras que pretenden hacernos creer que el enemigo está ahí fuera, en la pobreza. No más chivos expiatorios de un problema que sólo tiene su origen en la explotación de una minoría sobre todos los demás.

Entrevista: Asamblea papeles para todos

Publicado por primer vez en En Lucha No 42, julio/agosto de 1999

El Gobierno anunció hace meses la creación de una segunda valla en Ceuta. La policía sigue maltratando a los inmigrantes que no presentan documentación. Los controles de inmigración siguen en el orden del día.

Mucha gente ha empezado a movilizarse contra todo eso. Asamblea Papeles para Todos es una de las organizaciones que con más fuerza lo está haciendo. Obam Micó, miembro de esta asamblea, nos respondió a una cuantas preguntas sobre la organización y su lucha.

¿Podrías explicarnos quiénes sois y qué hacéis?

Papeles para todos es una asamblea que nació hace dos años como iniciativa de la Federació de Col·lectius d'Immigrants, que con relación a los sucesos de personas inmigrantes encerradas en Ceuta y Melilla y que fueron deportadas a sus países de origen, vio clara la necesidad de empezar en Catalunya a organizar a la gente para protestar contra esta actitud del gobierno. La Federación propuso a una serie de entidades, entre ellas, a la Federació Catalana d'ONG's y a algunos sindicatos para formar una plataforma unitaria que fuera capaz de plantear diferentes acciones.

Surgió con lentitud y problemas, pero poco a poco fue tomando fuerza. Algunos grupos se fueron, pero la mayoría de los colectivos que estuvieron en su inicio, aún siguen.

¿Cuáles han sido las actividades que ha realizado?

Hemos llevado a cabo actividades bastante importantes. Se podría destacar el encierro que realizamos hace un año y medio en una parroquia de la Verneda situada al lado del Centro de Internamiento. Nos encerramos durante una semana para comunicarnos con la gente del barrio y para que se enteraran de lo que es este centro. Hemos hecho varias manifestaciones y actividades por la extensión en el resto del Estado español. Hoy en día la Asamblea ya existe en Madrid, la Comunidad Valenciana y en Andalucía. Además trabajamos para realizar encuentros de información con debates, charlas, etc. Lo último que se montó fue una fiesta.

¿Es un referente para vosotros el movimiento de los sin papeles en Francia? ¿Estáis al igual que ellos apostando por la movilización?

Para nosotros la movilización no es un objetivo, es un recurso, una herramienta. Hemos de salir a la calle para hacernos visibles. En este sentido aunque no hemos podido atraer de una forma masiva como ha ocurrido en Francia, ésta es uno de nuestras metas. Pensamos que la gente tiene que ser consciente y para eso hemos de empezar ha llegar a la opinión pública, incluso por otros medios, como puede ser la prensa, etc.

¿Crees que el éxito del movimiento de los sin papeles en Francia tiene que ver con el alto índice de luchas que hay allí?

Sí, estoy seguro. Aquí cuando nosotros planteamos la lucha no lo hacemos de forma aislada. Lo hacemos como parte de la lucha contra la pobreza y la injusticia que existe. En Francia tradicionalmente, la lucha está casi siempre vigente y eso es un caldo de cultivo que hace que la lucha para conseguir mejoras para las personas inmigrantes dentro de este contexto fructifique. Aquí, en el Estado español, estamos haciendo lo posible para aliarnos de alguna manera con colectivos que son más marginales, etc.

¿Cuáles son los objetivos iniciales que pretende la Asamblea conseguir?

Nuestro principal objetivo es la lucha a todos los niveles contra la ley de extranjería, ya que creemos que es una ley que no sólo afecta a los inmigrantes. ¿Qué pasa por ejemplo cuando uno quiere ayudar a un inmigrante y quiere acogerlo en su casa? Pues que ésta ley no te lo permite.

Nosotros creemos que es muy importante que se creen unas relaciones de personas en la que la gente sea libre de moverse y que no importe el lugar de donde se venga. Creemos que es injusto que se juzgue a alguien por el simple hecho de ser de otro país. La ley de extranjería es un obstáculo para esa libertad que buscamos.

También hay otras cosas importantes como es el cierre de los Centros de Internamiento. Creemos que son totalmente injustos ya que son centros a los que se lleva a gente que no ha cometido ningún delito, simplemente porqué no tienen papeles. Y eso no es suficiente para tener a una persona encerrada durante cuarenta días, como auténticas prisiones; incluso en algunos aspectos peores.

No hay asistencia sanitaria, la alimentación es malísima, etc. El tercer objetivo y en relación a los dos primeros, es conseguir papeles para todos.

¿Cómo fue vuestra acción contra el centro de Internamiento de la Verneda?

Nos hemos manifestado en varias ocasiones contra este centro. La última fue hace unas semanas y dentro del contexto de las movilizaciones que están teniendo lugar en Barcelona fue un acto que intentaba buscar la concienciación de la gente.

Hay una idea muy generalizada dentro de muchas ONG's y otras organizaciones, que viene a decir algo así como que el racismo es algo casi cultural y de individuos. ¿Cuál es vuestra opinión?

Nosotros pensamos que el racismo es una cuestión política. Puede haber factores culturales que influyan y que han sido constantemente realimentados. No creemos que el racismo es algo con lo que la gente nace. Existen factores como la educación y los medios de comunicación, que son los transmisores de los mensajes de los políticos.

El racismo como algo que nace en el corazón de las personas de forma natural no existe.

La ley de extranjería

Este artículo apareció por primer vez en En lucha No 47, enero del 2000

por Paty Gómez

El final de milenio nos ha obligado a asistir a otro de los bailes organizados por el gobierno, donde las parejas no estaban muy claras y donde además éstas ponían condiciones claras para salir a bailar.

Con todo, al final se ha aprobado la ley de extranjería, la que ya tenía el visto bueno del Congreso, en principio incluso el PP estaba a favor, y ahora se ha vuelto a ratificar en la misma Cámara. Pero eso sí, hemos tenido que aguantar como CiU, un día sí y otro no, decía que no pactaba enmiendas a la mencionada ley con el PP. Como Coalición Canaria pretendía vender su apoyo a cambio de favores en las islas y en el último momento votó en contra de las enmiendas pactadas entre el PP y CiU. Así mismo CiU, para mantener "su coherencia y responsabilidad", también votó en contra.

Ahora nos queda por ver qué hará el gobierno con el reglamento de aplicación de la ley, para el que en principio tiene 6 meses (justo con las elecciones por medio) y que puede dar al traste con las expectativas creadas. Más aún cuando el gobierno ya ha hecho público que si gana las próximas elecciones cambiará la ley.

Ante esto se nos abre un interrogante de fácil respuesta, ¿cómo es posible que el PP, en un primer momento estuviera a favor de la ley, si después presentó las mil y una enmiendas? Para responder a esto, va como anillo al dedo las declaraciones de UGT: "El PP confiaba en que ese texto no saldría adelante en esta legislatura, por lo que podía respaldar fácilmente una reforma en la que no creía y cuyo apoyo le daba la imagen progresista que anhela frente al electorado". El PP, como lo hizo en su día el gobierno del PSOE, ha mantenido siempre una posición durísima frente a la política de inmigración. No hay que olvidar que el Estado español, está en la primera línea de la muralla europea.

A pesar de los elementos progresistas introducidos a la ley original, la reforma no es una consecuencia de la buena voluntad del gobierno o de su socio CiU, sin duda responde a la presión ejercida por la patronal, que en una situación económica muy favorable para ellos, necesitan mano de obra barata en sectores como la construcción o el turismo. Seguimos escuchando argumentos racistas, no en vano, estos días se ha hablado más que nunca de la baja natalidad en el Estado español y que si no se pone «remedio» habrá que «importar» trabajadores. Se pone mucho énfasis en que: la apertura de los controles, tiene que ser temporal y en función de las necesidades del mercado de trabajo, que la cobertura sanitaria y la defensa legal de los inmigrantes supone un coste económico que repercutirá en los bolsillos de los «nacionales» etc. Y ¿Qué ocurrirá ante una crisis económica? En ningún momento el objetivo es otorgar unos derechos que, de por sí son intrínsecos a las mismas personas. Al final, todo se reduce a comercio y trapicheo.

Lo que tampoco han reconocido los medios de comunicación y, mucho menos el propio gobierno y los partidos, es la importancia y el peso que han tenido las movilizaciones en la calle en oposición a las contrarreformas introducidas por el PP y CIU, para el resultado final en el Congreso. Esto nos enseña que si nos oponemos y nos movilizamos podemos lograr pequeñas mejoras. La reforma de la actual Ley de extranjería, supone un paso adelante en los derechos de los inmigrantes y por ello hay que apoyar que esa reforma siga adelante y no quede en un mero gesto electoral. Sin embargo, hay que ir al fondo de la cuestión ¿Debemos defender los controles de inmigración? Rotundamente no. Si reconocemos la necesidad de su existencia, estamos defendiendo la idea de que los inmigrantes son un problema: si hay demasiados, los servicios sociales se resienten, el paro aumenta, la conflictividad social estalla... Estas cuestiones son las que se utilizan para defender la necesidad de poner barreras a la inmigración. Si existe desempleo, marginación, si los servicios sociales no funcionan, no es por qué haya «demasiada» gente, sino por que vivimos en un sistema injusto, basado en la explotación y que siempre busca chivos expiatorios a los que culpabilizar de las desigualdades que él mismo genera.

¡Basta de muertes en el Estrecho!

Todos los inmigrantes son bienvenidos

Este artículo apareció por primer vez en En lucha No 53, julio/agosto del 2000

por Josep Garganté

A finales del mes de junio, la muerte de 58 inmigrantes dentro de un camión frigorífico en Dover (Gran Bretaña) y la expulsión inmediata de 36 inmigrantes detenidos por la Guardia Civil en Mijas (Málaga) ha puesto la cuestión de la inmigración, de nuevo, en boca de todo el mundo.

El gobierno del Partido Popular quiere utilizar estos hechos para endurecer aún más la Ley de Extranjería.

El presidente del gobierno, José María Aznar, calificó de "esencial e inevitable" el cambio de 49 de los 61 artículos de la Ley de Extranjería que fue adoptada, con la desaprobación del PP, en la anterior legislatura. A su vez, la portavoz de Inmigración del PP, Ángeles Muñoz, comentó a la prensa que estos cambios son "necesarios".

Todos los argumentos que el PP utiliza para pedir una nueva Ley de Extranjería, más dura con los inmigrantes, son mentiras.

Mentira nº1

Aznar repitió que los cambios en la ley se harán para "evitar episodios tan atroces e inaceptables" como el de Dover o el de Málaga.

De hecho, la nueva ley propuesta por el PP incrementará estos sucesos, ya que hace que la llegada de inmigrantes del Sur sea aún más difícil.

Los inmigrantes que lleguen sin permisos oficiales se quedarán sin los derechos de libre circulación, reunión, asociación, manifestación, huelga, trabajo y ayudas a la vivienda.

Este cambio implica que huelgas como las del verano pasado en El Ejido serán ilegales, a la vez que reprimidas legalmente por la policía.

Una muestra de cómo van a ir las cosas la refleja Jebran Ait Lahcem, representante del grupo de inmigrantes de El Ejido, "la población extranjera está sufriendo una persecución feroz".

Al gobierno del PP no le importa lo más mínimo la vida de los inmigrantes.

Para Aznar la inmigración conlleva "muchos problemas que hay que tratar de ahorrarse".

Lo que el PP pretende es utilizar la inmigración para desviar la inseguridad y el miedo que muchos trabajadores del Estado español sienten al ver su nivel de vida en descenso.

Mentira nº2

"La inmigración será el problema número uno para la convivencia en el Estado español durante las próximas décadas" con estas palabras el ministro del Interior, Mayor Oreja, daba a entender que los inmigrantes sólo traen conflictos.

Al mismo tiempo, los miembros del PP tratan de hacer creer a la ciudadanía que son antirracistas y que fortalecer la Ley de Extranjería no traerá más racismo.

Pero lo cierto es que el Partido Popular es un partido racista, que utiliza el racismo en su provecho.

Cuando ciudadanos de El Ejido atacaron el verano pasado a los inmigrantes, Juan Enciso, alcalde del PP en esa localidad, repitió incansablemente que en El Ejido "no había racismo".

Del mismo modo, Antonio Ángel, alcalde de Almoradí y también miembro del PP, declaró que el ataque y la quema de tres casas de un barrio gitano en junio pasado "no fue un ataque racista".

A su vez, el delegado del gobierno en València autorizó en el 97 una manifestación fascista por el barrio de Ruzafa.

José Antonio Moreno, portavoz de SOS Racismo denunció que "la Administración no lleva a cabo una labor de seguimiento y represión suficiente de estas bandas que siembran el caos y el terror".

El gobierno del PP y la patronal necesitan que las ideas racistas se propaguen, para así crear leyes racistas contra los inmigrantes. ¡Así es como consiguen trabajadores a bajo precio y sin derechos!

Mentira nº3

El delegado del Gobierno para la inmigración, Enrique Fernández, declaró "tenemos que saber cuál es nuestra capacidad de acogida real".

En innumerables ocasiones los políticos y los medios de comunicación hablan de "oleadas" y de "avalanchas" de inmigrantes, creando la sensación de que hay una cantidad impresionante de inmigrantes en el Estado español.

De hecho, el censo de 1994 arrojaba la cifra de 119.321 trabajadores extranjeros. Según fuentes de la Dirección General de Migraciones, 11.003 de ellos procedían de países desarrollados y 108.318 de países en vías de desarrollo.

Mientras el número total de inmigrantes ha decrecido fuertemente desde 1991, cuando alcanzaba las 171.033 personas, la cantidad de trabajadores originarios del llamado Tercer Mundo ha aumentado en 647 personas, es decir en un 0,5 por ciento.

Un ejemplo ilustrativo de ello es que, en Madrid sólo un 1,4 % de los residentes ha nacido fuera de Europa, en Barcelona es de un 1,3% y en ciudades como València, Sevilla, Zaragoza y Málaga el porcentaje está por debajo del 1%.

Además, el Comité de Población de la ONU afirmó que el Estado español debería acoger unos 240.000 inmigrantes anuales hasta el 2050 para mantener la población actual, garantizar el sistema de pensiones y conservar la actual fuerza de trabajo.

En estos momentos, el número anual de permisos es de unos 30.000, y una parte de ellos no corresponde a nuevas entradas, sino a la regularización de personas que ya residían en el Estado español.

El Estado español recibe al año 60 millones de turistas, nunca ningún político, ni ningún medio de comunicación ha hablado de avalanchas o oleadas de turistas.

La idea de una inmigración masiva es parte de la estrategia del PP y de la patronal para incrementar el racismo ya existente.

Entre la hipocresía del gobierno y la solidaridad de los trabajadores

La Guardia Civil ha estrenado hace pocas semanas un grupo de atención al inmigrante, a la vez que, los miembros del gobierno no se cansan de repetir que están afectados por las muertes de inmigrantes.

¡Vaya pandilla de hipócritas!

La Guardia Civil, al igual que la Policía Nacional, ha participado en muchas ocasiones en las mafias existentes de transporte de inmigrantes.

A su vez, los cuerpos de seguridad han dejado a racistas como los de El Ejido y de Almoradí atacar a los inmigrantes o a los gitanos con total impunidad.

En todas estas ocasiones la policía siempre ha estado al lado de los racistas y de los que se benefician del racismo.

Por su parte, el gobierno del PP con su propuesta de cambios en la Ley de Extranjería sólo quiere rebajar los pocos derechos que los inmigrantes tienen.

El PP quiere suprimir todos los derechos de los "sin papeles", eliminar la posibilidad de recurrir la denegación de visado, expulsar inmediatamente a los inmigrantes ilegales, conceder únicamente los permisos a través de Interior y recortar las competencias que diversas ONG's tienen en este campo.

¡Ésta es la solidaridad del PP!

La auténtica solidaridad

A pesar de todo, la solidaridad en la clase trabajadora sigue existiendo.

Estudiantes y profesores del instituto público Poble Nou reclamaron la documentación para dos estudiantes iraníes que llevaban viviendo en Barcelona desde hacía cuatro años.

Tras las protestas se consiguió su regularización. Según Teresa López, una de las profesoras del instituto "hoy nos han llamado y así, de repente, resulta que los hermanos ya tienen derecho a todo, a beca y a lo que sea".

De la misma manera, Hussein, un chico que vivía bajo un puente en Barcelona consiguió, con el apoyo de 20 entidades, entre ellas la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona, los papeles para ser legal. Eva Fernández, una de las personas que ha ayudado a Hussein comentaba: "tener permiso de residencia y de trabajo es básico para decidir que camino tomas".

Menos suerte tuvo Zohra Bouali, que se ahogó en las aguas del Estrecho intentando llegar a Cádiz.

Su padre, Mokhtar, afirmaba que su hija murió "por las injusticias y porque las cosas no pueden ir bien en un mundo donde la gente buena siempre está mal y la mala siempre arriba. ¿Adónde quieren llegar los ricos con tanto dinero si la muerte viene igual para todo el mundo?".

 

Emigrar al Estado español: un duro trabajo

Este artículo apareció por primer vez en En lucha No 54, setiembre del 2000

por Josep Garganté

Las recientes huelgas y protestas de trabajadores inmigrantes en el campo catalán han puesto al descubierto, una vez más, cuales son las auténticas y terribles condiciones en las que viven y trabajan los inmigrantes.

* Construcción: Según un informe del Colectivo IOE (900 encuestas a pie de andamio) un 62% de los marroquíes y un 20% de los polacos trabajan sin ningún tipo de contrato. Las ciudades donde más afecta esta situación son Madrid y Barcelona.

El informe muestra que si el 26% de los españoles que trabajan en la construcción no tienen vacaciones pagadas, la cifra alcanza el 35% entre los marroquíes y el 77% entre los polacos. De la misma manera, el 29% de los españoles no tiene pagas extra, algo que pasa con el 70% de los marroquíes y el 80% de los polacos. Si un 21,6% de los trabajadores de la construcción nacidos en el Estado no recibe finiquito al concluir la obra, la ilegalidad alcanza al 41% de los magrebíes y al 80,6% de los peones del Este.

El año pasado murieron 1.572 trabajadores debido a la siniestralidad laboral, buena parte de ellos en este sector. ¿Cuántos eran inmigrantes? "No aparecen en las estadísticas", aclara SOS Racismo. "Al no tener papeles, el suceso no se transparenta. Conocemos multitud de casos de accidentados en el trabajo que van a urgencias diciendo que se han roto un hueso en la calle".

* Servicio doméstico: Unas 100.000 dominicanas, filipinas, marroquíes y portuguesas están condenadas legalmente al atropello: el Real Decreto que regula su situación permite que las condiciones laborales se apalabren.

No hay que extrañarse entonces que el 80% carezca de contrato, que el 10% sea temporal y que ganen un salario medio de 75.000 pesetas mensuales. "Recibimos muchas denuncias de acoso sexual. El problema es que, como el trabajo se desempeña dentro del hogar, que es inviolable, la inspección de trabajo no puede actuar nunca", explica Almudena Fontecha, de UGT.

* Transporte: En Tarragona, búlgaros y rumanos hacen viajes de riesgo por tres veces menos dinero del que cobra un camionero español. Portes de productos químicos delicados, cargas petrolíferas, contaminantes tóxicos y otras cosas. "Todo lo que no queremos hacer nosotros, lo hacen ellos" comenta Santi Pérez, portavoz de Astac/CGT, sindicato de transportes. Cuando no están en carretera, viven y duermen en el camión. Los empresarios de estos camioneros inmigrantes les impiden volver a casa antes de seis meses.

* Otros sectores: El campo es el sector donde se concentra un mayor número de inmigrantes. Sin contratos, sin ningún tipo de seguridad, un trabajador inmigrante de Alcarrás comenta las condiciones: "trabajamos 10 horas diarias y no tenemos un lugar con condiciones para dormir. Aquí, hay muchas casas vacías, pero no nos las alquilan y tenemos que dormir en la calle o en alguna obra, encima de cartones".

Los trabajadores chinos se encuentran en su mayoría en la hostelería (33% de la mano de obra del sector). A su vez, en los talleres textiles clandestinos impera, según reconoce la policía, "un régimen de semiesclavitud".

La falta de derechos y la explotación son el pan de cada día para la mayoría de los inmigrantes del sur. No hay un sector que escape de esta situación.

Según Mohamed Dardadi, de ATIME, "cada día nos llegan denuncias de actividades diferentes. La última que estamos investigando es un taller de confección en el que están utilizando hombres y mujeres marroquíes, en unas condiciones pésimas. Trabajan 10 horas al día y cobran dos".

La patronal se enriquece con la labor de los trabajadores inmigrantes, los utiliza para trabajos pesados e insalubres, les necesitan sin derechos y con el miedo a ser expulsados del Estado español.

 

Todos los inmigrantes son bienvenidos

Este artículo apareció por primer vez en En lucha No 56, noviembre del 2000

por Paty Gómez

El PP intenta, con su mayoría absoluta, desandar lo que se avanzó al aprobar el último texto de la ley de extranjería, que expiró el 31 de julio pasado.

No quiere, ni de lejos, llevar a cabo una ley de extranjería en la que el inmigrante sea realmente el centro, en la que se le reconozcan los derechos intrínsecos a todo ser humano.

Lo más penoso de todo es que hay un sector de la población que lo apoya. Se han creído, a pies juntillas, toda la información que vomitan los medios de comunicación, lo de las "avalanchas de inmigrantes", el "que nos van a desbordar", sin tan siquiera analizar su entorno más inmediato.

El caso reciente más preocupante ha tenido lugar en las Islas Canarias, donde se ha realizado una manifestación contra los inmigrantes, que contaba con unas 1000 personas. Afortunadamente la respuesta no se hizo esperar, también se realizó una manifestación antirracista, aunque ésta tan sólo contaba con unas 300 personas.

Esta gente debería hacer un esfuerzo para recordar que, en una época muy cercana, más explícitamente durante el franquismo, en el Estado español más de 2 millones de personas emigraron a Europa, como fruto de la penosa situación económica que se vivía. Esta ola migratoria, quizás, es la más destacable, pero no ha sido la única.

No todos estos inmigrantes han regresado, según un reciente estudio de La Caixa, quedan todavía 2,2 millones de personas del Estado español residiendo en el extranjero, frente a los 800.000 extranjeros que residen aquí, de los cuales 4 de cada 10 proceden del "primer" mundo.

Estos son unos datos relevantes que, deberían darnos que pensar, para decidir, realmente, de qué lado nos posicionamos.

Otro dato relevante es que la inmigración, en el Estado español, está desprovista de mecanismos de integración en la sociedad. El tiempo que debería dedicarse al ocio se utiliza en la búsqueda de otros trabajos o bien en realizarlos, para poder conseguir una mínima calidad de vida, con lo cual se favorece la incomunicación con la sociedad.

A la barrera del lenguaje se suman, en muchos casos, los bajos niveles de formación, lo que a su vez, dificulta la promoción en el trabajo. Esto tampoco excluye a los inmigrantes que llegan aquí con estudios y acaban realizando los trabajos más denigrantes y mal remunerados.

Ninguno de estos problemas humanos desaparecerá con el endurecimiento de la ley de extranjería.

A la vez, se tiene que mirar hacia el entorno político, los diferentes partidos y sus diferentes respuestas pueden hacer que la balanza se decante a uno u otro lado. Nos encontramos con que hay partidos que han presentado una enmienda a la totalidad de la ley.

Por otro lado, tanto el PSOE como CiU han renunciado definitivamente a presentar una enmienda a la totalidad de la reforma de la ley de extranjería, en un intento de conseguir un texto pactado con el PP.

Esta decisión, por lo que respecta al PSOE, parece no haber sido tomada de forma unánime, ya que una parte de la Ejecutiva socialista, y entre ellos Almunia, ha levantado su voz para defender que los derechos de los inmigrantes son innegociables. Asimismo no se explica la postura del PSOE de última hora, ya que se había acordado en una previa Ejecutiva Federal el presentar la mencionada enmienda a la totalidad.

Paralelamente a todo esto, ha saltado a los medios de comunicación "la noticia", la forma de transporte ofertada por el Gobierno español para la obligada repatriación de los inmigrantes ilegales detenidos, en las bodegas de los barcos, como en una de las peores épocas de la humanidad, la esclavitud. Siendo este método ilegal y estando además prohibido por la autoridad Marina, ya que contraviene la legislación marítima en vigor.

El gobierno, ante esto, ha pedido una comisión investigadora, dice no saber nada al respecto y espera que el tiempo lo cure todo.

Ante este panorama nos toca a nosotros, la gente de a pie, dar una respuesta. La elección es sencilla, o criminalizamos a los inmigrantes, nos creemos que nos robarán los puestos de trabajo... o, realmente abrimos los ojos y vemos que hay lugar para todos, que ellos no son más que personas que huyen de una terrible realidad y que el hecho de que se pongan fronteras a la libertad incuestionable de movilidad geográfica es, sencillamente, inadmisible.

Para conseguir esto la única vía factible es hacer escuchar nuestras voces, cuanto más alto y claro gritemos, más posibilidades tendremos.

 

7 mitos del racismo

Este artículo apareció por primer vez en En lucha No 56, noviembre del 2000

por David Karvala

¿Existen las razas?

Tal vez sorprenda, pero por mucho que se hable de la "raza negra" y la "raza blanca", y de unas cuantas más, realmente las razas no existen.

Los nazis —pero no sólo ellos— hablaron de razas superiores e inferiores. Hoy en día, se da a todo esto un tinte científico al hablar de las "diferencias genéticas" entre los unos y los otros. Sin embargo, esta "ciencia" es falsa.

Hay más diferencia genética entre dos hombres blancos, uno alto y otro bajo, que entre un hombre negro y otro blanco, de la misma altura. Hay 6 genes, entre los 100.000 genes que hay en cada célula humana, que tienen que ver con el color de la piel. Hay docenas de genes, en cambio, que afectan a la altura. (Hay que tener claro que los genes no determinan estos factores; los seres humanos somos el producto de una combinación de factores medioambientales, genéticos, etc.)

Pero a nadie se le ocurre hablar de la "raza alta" y la "raza baja"; tampoco hay razón para hacerlo. Pero hay aún menos razón para hablar de la raza blanca y la raza negra.

Los criadores de perros han trabajado durante años para crear razas distintas, hasta llegar a parear hermanos, para evitar mezclar genes diferentes. Pero nadie ha criado y dividido a la humanidad de esta manera. O sea, si alguien quiere ser de "raza pura", tendrá que conformarse con ser un perro.

Toda la idea de raza es un mito. El racismo, tristemente, sí que es real. Pero las ideas racistas se basan en una mentira, y todo antirracista debe saber que el racismo no tiene más base científica que la teoría de que la tierra es plana.

¿Los españoles somos diferentes a los inmigrantes?

Todos los seres humanos provenimos de un origen común, éste está en África, hace unos 100.000 años. Desde entonces, no hemos dejado de movernos por la tierra.

Lo que ahora es la población ibérica es producto de una llegada tras otra de diferentes grupos de personas. Estos incluyen, tan sólo en los últimos 2000 años, a los íberos, los celtas, los romanos, los visigodos, los vándalos, los árabes, hasta llegar a la reconquista de los Reyes católicos.

Muchas de las diferentes regiones y naciones, que ahora componen el Estado español, tienen sus propias y sangrientas historias de colonización. En el s.XIII, la población de las Baleares sufrió una masacre a manos de Jaume I, y las Islas fueron colonizadas desde Catalunya. La población indígena de las Canarias fue eliminada entre los s.XIV y XV. Con la reconquista, València fue colonizada desde Catalunya y Castilla; y Andalucía, desde Castilla, Galicia e incluso desde los Países Bajos.

El otro lado del mismo argumento es ver hasta dónde ha ido gente de la península. En el s.II y s.III, los cristianos salieron de lo que ahora es el Estado español, huyendo de la represión romana. Sólo después de 1492, salieron (entre huidos y expulsados) 150.000 judíos y 300.000 musulmanes españoles, para escapar de la inquisición católica. Estas salidas, entre ellas las de muchos diestros artesanos, tuvieron efectos muy dañinos en la economía de la península.

Luego vino la época del imperio de España, en la cual millones de "españoles" fueron a colonizar América Latina, las Filipinas y el norte de África.

De este breve repaso histórico dos cosas nos quedan claras. Primero, la población actual de la península no tiene nada de pura. Segundo, gran parte de las poblaciones a las que se refieren como "extranjeras", tienen parte de sus raíces en la península.

Sólo para dar un ejemplo, los cientos de miles de musulmanes expulsados de sus casas por los Reyes católicos fueron a lo que ahora es Marruecos, lo que representó una gran proporción de su población en ese momento. Los niños magrebíes que malviven en las calles de Barcelona y Madrid son bis-bis-bis… nietos de españoles.

Para que un inmigrante fuese "foráneo" de verdad, tendría que proceder de Marte; los demás son, de una forma u otra, familia.

¿Hay mucha inmigración?

Una de las mentiras que se ha trabajado muchísimo en los últimos, años es que hay muchos inmigrantes en el Estado español. Por supuesto, toda la población de la península viene de fuera originalmente.

Pero el PP no se refiere a una definición mediante la cual ellos también serían inmigrantes. La preocupación por los inmigrantes, entonces, se limita a los que lo son sólo desde hace unos pocos años o décadas.

Si nos basamos en esta última definición nos encontramos con que hay poquísima gente extranjera en el Estado español; unas 800.000 personas, alrededor del 2% de la población.

En Francia la cifra es del 6,3%, y en Alemania del 8,9%, mientras que en Suiza 19,3% son extranjeros. Los racistas en este país pretendían limitar la presencia de inmigrantes a un 18%, una propuesta que fue rechazada en referéndum.

O sea, en el Estado español, el PP quiere asustarnos con una presencia de inmigrantes que es 9 veces menor a la que los racistas en Suiza pensaban era razonable.

En cuanto a las "avalanchas" de inmigrantes cruzando el Estrecho, ¿cuándo oiremos hablar de las avalanchas de jubilados del norte de Europa que llegan en aviones para comprar casas en la costa? ¿Cuándo se planteará la cuestión de cuántos ingleses o alemanes puede aceptar el Estado español?

Estas preguntas son iguales de carentes de sentido que las referentes a la gente que cruza el Estrecho. No es que vengan muchos. El problema es que los que vienen tienen que jugarse la vida en pateras, en vez de poder viajar dignamente en aviones o barcos, como cualquier otra persona que venga visitar, trabajar o vivir en el Estado español.

¿Más inmigración produce más racismo?

Uno de los argumentos del PP para justificar el endurecimiento de la Ley de Extranjería, y que es aceptado por mucha gente, es que si hay más inmigrantes, habrá más racismo. Los hechos demuestran que esto es mentira.

Un buen ejemplo, en un sentido negativo, es el antisemitismo en Polonia. La gente judía, antes del Holocausto, era un 10% de la población polaca. Ahora, sólo son un 0,1%. Sin embargo, el antisemitismo es terrible. Esto es producto de la crisis de los últimos años. Los políticos utilizan a los judíos como chivos expiatorios para justificar el fracaso de su sistema. No dejan que el hecho, de que sólo hay unas decenas de miles de judíos en todo el país pueda afectar sus argumentos en absoluto.

Un estudio reciente en el Estado español demostró que el 30% de los jóvenes pensaban que "la inmigración representaba una amenaza para la raza": lo que representa una cifra preocupante. Sin embargo, resulta que hace 5 años, cuando había aproximadamente 40% menos extranjeros en el Estado español, un 55% aceptaba la idea de que la inmigración era una "amenaza". O sea; el crecimiento de la inmigración, y el mayor conocimiento de la gente de otros países, ha dado como resultado menos prejuicios, no más.

"Los inmigrantes no asimilan la cultura"

En un artículo reciente de Jordi Pujol, se podía leer: "los inmigrantes deberían conocer… su deber de adaptación a la sociedad que les acoge". Habla del "derecho del país que acoge [a los inmigrantes] y de sus ciudadanos a mantener su identidad".

Este argumento se puede oír, en formas diferentes, desde casi todas partes, desde el españolismo más rancio, hasta algunos sectores del independentismo radical de izquierdas.

De antemano, se debería distinguir entre la defensa de la identidad nacional que hacen los nacionalismos que sufrieron la opresión brutal del franquismo, y cuyas lenguas siguen siendo marginadas en el Estado español, y la defensa del españolismo, que más bien quiere mantener esta opresión, ahora extendiéndola a los inmigrantes.

Pero en todos los casos, hay un fallo en el argumento. ¿Cuál es la "identidad" que se quiere mantener? ¿Incluye la monarquía, los toros, sardanas, pan con tomate, deportes vascos, la txalaparta, etc?

Obviamente ningún ciudadano español observa todas estas "tradiciones". ¿Con qué derecho, entonces, se puede criticar a un inmigrante por no hacerlo?

Pero incluso tan sólo refiriéndonos, por ejemplo, a Catalunya, los problemas subsisten. Todo el mundo reconoce algunas características conocidas como catalanas; aparte de las mencionadas arriba, se podría hablar de castells, del caganer y del caga tió, tal vez de la virgen de Montserrat, y de unas cuantas tradiciones más. Pero no es por casualidad, que la mayoría de estos factores son "culturales" casi con un sentido folclórico. La cultura viva de la gente no se limita, ni de lejos, a estas características.

Es más, la cultura de la experiencia cotidiana no se divide en simples categorías nacionales. Primero, hay diferencias obvias entre la vida en un pueblo en los Pirineos, y la vida en un barrio de Barcelona. Segundo, y más importante aún, la vida y cultura de un jefe, de la Banca Catalana o de la Caixa, difieren muchísimo de la de un trabajador al que ellos exploten, por muy catalán que este trabajador sea.

La cultura real de los trabajadores de Catalunya incluye la huelga general de 1917; las milicias antifascistas de 1936; la huelga de los tranvías de 1951; el millón de personas, con banderas rojas al lado de las catalanas, en la manifestación del 11 de septiembre de 1977, coreando juntos "Llibertat, amnistia, Estatut d'autonomia"… Si pensamos en las luchas emprendidas por cada vez más trabajadores inmigrantes —la huelga en El Ejido fue el mejor ejemplo, con una organización magnífica en asambleas de base, piquetes y todo— veremos que un trabajador magrebí tiene mucho más en común, en su cultura vivida, con un trabajador barcelonés, de lo que ninguno de los dos tiene con un jefe magrebí o catalán.

Los trabajadores "autóctonos" y los inmigrantes tenemos que hacer hincapié en estos puntos en común, antes de dejarnos dividir en base a "culturas nacionales".

Para comunicarnos, necesitamos idiomas en común, pero nadie puede imponer que este idioma sea castellano, catalán, euskara, gallego ni árabe.

Si hay solidaridad, muchos trabajadores inmigrados aprenderán los idiomas del país donde vivan, y ya hay unos pocos trabajadores españoles que estudian árabe para poder hablar mejor con sus vecinos.

Debemos respetar mútuamente nuestras diferentes lenguas y culturas, pero el objetivo es convivir y comunicarnos: tenemos que rechazar cualquier intento racista de utilizar "la cultura" como excusa para excluir a los inmigrantes.

¿España no puede permitirse el coste de la inmigración?

"Por supuesto nos gustaría ayudar a la gente, pero nos faltan recursos, así que tienen que irse a otra parte." Este tipo de argumento, bastante frecuente, es falso e hipócrita.

Como muchos de los argumentos racistas, se aprovecha de algunos temores de la gente corriente, pero a la vez está lleno de contradicciones.

El PP no ha abandonado su lema "España va bien", pero en cuanto hay que buscar recursos para fines sociales, de repente no hay dinero; esto pasa con los salarios, con la salud y enseñanza públicas y con miles de cosas más, incluyendo la acogida de inmigrantes. Cualquiera que acepte este argumento con respecto a la inmigración, se encontrará sin respuesta cuando lo que "se tiene" que ahorrar es su salario, o cuando "no hay recursos" para responder a la subida el gasóleo.

Tal vez sorprenderá que el Estado español es el décimo país más rico de los 210 países del mundo. La verdad es que "España va bien" para los ricos, y para el PP. Ellos han recortado tanto, privatizado tanto y cobrado tanto en impuestos a los trabajadores (IVA, impuesto sobre carburantes…), que los presupuestos del Estado ya no tienen déficit.

Debemos demandar que este dinero se gaste en fines sociales, de todo tipo. Ahora, según El País, "España destina a la protección social un 20% del PIB [el producto interior bruto total del país] menos que la media de la Unión Europea".

Pero hay otro fallo enorme en este argumento. Con el trato actual a la inmigración, lejos de costar dinero, ésta produce beneficios económicos para el Estado español.

Un estudio universitario descubrió que, sólo en Catalunya, la diferencia entre los beneficios aportados por los inmigrantes y los costes públicos que generan, supone un beneficio neto de 73.000 millones de pesetas anuales a la economía. La cifra para todo el Estado sería mucho mayor. Este beneficio viene del hecho de que, los trabajadores inmigrantes llegan ya crecidos y formados, listos para trabajar, y cotizan a la Seguridad Social mucho más de lo que llegan a cobrar en prestaciones.

En efecto, están subvencionando las pensiones de los jubilados "autóctonos".

Es bastante fácil que los racistas engañen a los que carecen de servicios sociales, y que les hagan pensar que los inmigrantes les quitan recursos. Hay que enfatizar que los pobres "españoles" lo son, no debido a los inmigrantes, muchos de ellos también son pobres, sino debido a los pocos ricos, casi todos ellos españoles, como los Villalonga, los Bofill, etc. Es a ellos a los que no nos podemos permitir el lujo de mantener.

¿La inmigración causa el desempleo?

El desempleo ha sido una amenaza para todos los trabajadores del Estado español, y una realidad para varios millones de ellos, durante más de una década. Se entiende, entonces, por qué el mito, de que la inmigración causa el desempleo, es tan efectivo para fomentar los prejuicios hacia los inmigrantes entre muchos trabajadores. Pero sólo con mirar las cifras de inmigración y de desempleo se ve que esta idea es mentira.

En 1994, hubo 460.000 extranjeros en el Estado español, mientras había 2.769.474 personas en paro.

En el año 2000, como ya se ha mencionado, la cantidad de extranjeros ha aumentado a unas 800.000 personas, mientras que el paro ha bajado a 1.501.442 personas. (Última cifra disponible, de septiembre del 2000. Todas estas cifras son de fuentes oficiales. Es de suponer que subestiman la tasa de paro, pero la tendencia queda clara.)

La evidencia es sencilla. Los que siguen defendiendo las tesis racistas, acerca de que la inmigración causa el desempleo, tal vez querrán responder que la cosa es más compleja, que hay otros factores a tener en cuenta, etc. La verdad es que el único factor de peso aquí es precisamente el racismo. No hay ningún argumento, en base al empleo, para excluir a extranjeros del país.

Pongamos unos ejemplos más para que la cosa quede clara.

En El Ejido, que sí tiene una población importante de trabajadores inmigrantes, la tasa de paro es menor al 2%, en comparación con la tasa en Andalucía que es del 12,9%.

Según una encuesta de el Periódico de Catalunya, a la pregunta "¿Aceptarías los trabajos que hace la mayoría de inmigrantes africanos?", un 53% dijo que no, frente a un 30% que dijo que sí. O sea, la triste realidad es que, lejos de ocupar los trabajos de los "autóctonos", muchos inmigrantes desempeñan trabajos que, a no ser por ellos, quedarían sin cubrir.

Para encontrar la verdad sobre la cuestión del paro, debemos considerar el caso de la fusión de Endesa e Iberdrola, impulsada por Martín Villa, Presidente de Endesa y antiguo ministro franquista. Se proponen despedir a 4000 trabajadores. Según nuestra información, no hay ningún inmigrante magrebí en la junta directiva de las dos empresas, pero sí muchos jefes "españoles".

Debe quedar claro, para cualquiera que lo quiera ver, quién causa el desempleo.

¿Quién es el enemigo?

Hay muchos más mitos referentes al racismo, y no hay espacio en un solo artículo para desmentirlos todos. Pero debe quedar claro con estos ejemplos que se trata precisamente de mitos.

Hay dos aspectos que se ven en muchos de estos mitos, y que se deben destacar.

Primero que hay fundamentos para las preocupaciones de la gente, en cuanto al empleo, a las condiciones sociales, a la seguridad en sus barrios etc. No hay suficiente con simplemente decir, "todo va bien, no se preocupen". Si una persona está sin trabajo o sin casa, y nadie le ofrece una salida real a esta situación, será presa fácil de cualquier solución falsa, o bien basada en el racismo, o bien basada en culpar a las mujeres trabajadoras por el desempleo masculino etc.

Gritos por la tolerancia, aunque bienintencionadas, en sí no son suficientes; hay que tratar los problemas reales.

Esto nos lleva al otro aspecto que aparece, una vez tras otra, cuando se estudia la cuestión del racismo. El que sí hay una minoría foránea, que nos roba, que nos quita el trabajo, que empeora nuestras condiciones de vida: ésta son los ricos, para ser más exactos, la burguesía. Ella, por definición, vive del trabajo de los demás, de nosotros. El sistema preserva sus intereses. Son sus intereses los que dictan que es mejor gastar dinero en armas que en hospitales, que es mejor construir vallas contra los inmigrantes, que construir casas para la gente.

Si queremos solucionar nuestros problemas, tendremos que enfrentarnos a ellos y a su sistema. Para hacer esto, tenemos que unirnos. Igual que una huelga necesita la unidad de todos los trabajadores en la fábrica o en la oficina, para tener éxito, una lucha más amplia necesita la unidad de todos los trabajadores en la sociedad, ya sean "autóctonos" o inmigrantes. Es precisamente para minar esta unidad que los jefes dedican tanto esfuerzo a fomentar el racismo.

En una situación de crisis, habrá cada vez más gente desesperada, y más abierta a las mentiras de los racistas.

Los antirracistas tendremos que estar cada vez más claros, y ser cada vez más duros, contra todos y cada uno de los argumentos racistas. Si aceptásemos que tal vez hacen falta más controles de inmigración, o que tal vez con menos inmigrantes habría menos desempleo, estaríamos haciéndole el juego al racismo, y a los jefes.

Tenemos que ser solidarios con cada persona que sufre los efectos de este sistema, pero no les hacemos ningún favor si dejamos de señalar a los verdaderos culpables de este sufrimiento: a Aznar y al PP; a los jefes de Repsol, de Iberdrola, etc.

Al final, la lucha contra el racismo no es sólo una cuestión de solidaridad con la gente inmigrante; es una cuestión fundamental para no perder la oportunidad de acabar con este sistema que nos destroza la vida a todos.

Resistencia e inmigración

Crónica de una lucha

Este artículo apareció por primer vez en En lucha No 59, febrero de 2001

Manel Ros y Marçal Solé

La nueva de la Ley de Extranjería, impulsada por la mayoría parlamentaria del PP, supone un empeoramiento de las condiciones en las que muchos inmigrantes ilegales sobreviven hoy en día en el Estado español.

Con esta ley, los inmigrantes no tienen derecho a sindicalizarse, a realizar huelgas ni a votar. Las premisas para el reagrupamiento familiar se hacen más duras, las posibilidades de expulsión aumentan y los requisitos para poder acceder a la legalidad empeoran.

La política del PP, en cuestión de inmigración, está claramente relacionada con otras muchas medidas que ha ido adoptando durante sus dos legislaturas. La mayoría de ellas basadas en la discriminación y la represión, tanto institucional como policial.

La nueva ley de extranjería tiene como punto de partida la ley que se aprobó en 1985 bajo el gobierno del PSOE. Esta ley, en su mismo título, hablaba de derechos y libertades, pero su única intención era la de limitarlos mediante la obsesión por el control administrativo y policial de la inmigración.

Las razones por las cuales se creó fueron varias, pero dos son las más significativas. Por un lado, la política anti-inmigración que se llevaba a cabo en toda Europa. Ésta debía protegerse del riesgo de una "supuesta" invasión de inmigrantes, forjando así la idea de que ya había demasiados, y se requería una política común en todos los países, pues no podía permitirse que Francia, Alemania y Gran Bretaña la llevaran a cabo y no lo hiciesen en Italia o en el Estado español.

La otra razón tenía que ver con el mal momento económico que se vivió en los años anteriores. Desde 1975 la economía española había ido de mal en peor.

A la crisis petrolífera de 1973 le sucedió, a nivel internacional, una crisis más global que supuso un fuerte incremento del paro en el Estado español. Durante toda esa época (1975-1985) el desempleo no había dejado de crecer, llegando a los 3 millones de parados en 1985.

Estas han sido las razones directas, pero existen razones de fondo en la política de controles de inmigración: los controles permiten la existencia de dos categorías de inmigrantes: los legales y los ilegales, esto interesa al Estado puesto que dispone de un colectivo de trabajadores, los ilegales, con un mínimo de derechos y que constituyen una fuente de mano de obra muy barata y que incluso pueden actuar como esquiroles en conflictos laborales. En definitiva, los controles migratorios son racistas por naturaleza, puesto que introducen la idea de que hay distintas "clases": los "de fuera" y los nacionales. Idea que interesa a la clase dominante, como medio de dividir a la clase trabajadora.

La legislación ha ido incorporando algunos cambios en muchos de sus apartados. En 1994, por ejemplo, la reforma que se realizó introdujo más restricciones. Una de ellas fue la eliminación del asilo por razones humanitarias. La razón que más se utilizó para justificar los cambios fue el supuesto abuso de su demanda.

El resultado fue un notable descenso de la solicitud, las cifras hablan por sí mismas: Si en los años 1992, 1993, 1994 se produjeron 11.078, 12.615 y 11.992 solicitudes respectivamente, en los años siguientes han sido: 5.678 en 1995, 4.730 en 1996 y 4.975 en 1997. Las resoluciones aceptadas fueron muy pocas: entre 1984 y 1994 se concedió asilo a 5.735 personas (el 6,6% de los solicitantes), y entre 1995 y 1996 se concedió sólo a 707 personas.

Entre 1993 y 1998 más de 1.365 o extranjeros sin papeles han muerto en el espacio europeo, a manos de la policía o escapando de ella.

La ley de extranjería y la Unión Europea

En la misma declaración universal de los Derechos Humanos de 1950 existen grandes contradicciones.

En su artículo número 13 se defiende el hecho de que todas las personas tienen derecho a circular libremente y a elegir libremente su residencia en un territorio o estado. Pero nada se dice de la obligación que tiene ese estado o país de acogerle y garantizarle la cobertura de las necesidades mínimas.

También la misma Declaración, en su artículo número 3 afirma que: "nadie podrá ser sometido a tortura, ni a penas o tratamientos inhumanos o degradantes". Pero tanto en el Estado español como en la Unión Europea se vulneran constantemente estos y otros muchos derechos fundamentales. La violencia contra los inmigrantes es cotidiana.

Existe además un intento de perfeccionar e institucionalizar toda esta violencia.

El primero de noviembre de 1993, entró en vigor el Tratado de Maastricht, y la libre circulación de bienes y personas de la comunidad europea.

De forma paralela se creó el Sistema de Información Schengen, un enorme fichero informático que contiene los datos de los extranjeros indeseables, prohibiéndoles el permiso de residencia e imponiéndoles la inmediata expulsión del país donde se encuentren. Su aplicación entró en vigor en 1995 en siete países: Francia, Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal y en el Estado español.

La construcción de torretas de vigilancia, muros, alambradas en las fronteras como las que existen en los enclaves de Melilla y Ceuta, es la muestra práctica de lo que significa la Unión Europea de los estados y de sus dirigentes.

Tal práctica muestra como cada etapa importante del supuesto avance hacia la construcción europea, ha ido acompañada de la voluntad de controlar los flujos migratorios.

Con los acuerdos de Schengen, los países que apoyaron su creación, se ponen de acuerdo para trabajar juntos en materia de seguridad, de acceso al territorio común, del tráfico de armas y de estupefacientes, y como no, en materia de inmigración. La inmigración, por tanto, pasa ya no sólo a ser prohibida y reprimida, sino también a ser criminalizada, viendo así a los inmigrantes como simples delincuentes o maleantes.

Los criterios de regularización han sido definidos partiendo de la necesidad de homogeneizar la proporción de extranjeros en la población. En Italia, por ejemplo, se fija en 38.000 el número de inmigrantes que puede regularizarse, en Francia la cifra es de 60.000 a 80.000 (repetida en intervalos regulares), y en Grecia, en el Estado español y Portugal podemos hacer las mismas observaciones.

Con esto lo que queda demostrado es que todo ello se trata de un proyecto colectivo.

Paralelamente, y en contraposición a esto, los gobiernos europeos nunca han defendido un proyecto de enviar a todos los extranjeros sin papeles a su país.

La razón es sencilla: ciertos sectores de la economía no podrían funcionar sin la participación de los inmigrantes irregulares. Mientras una parte de los sin-papeles son detenidos y encerrados en celdas de internamiento, otros son abandonados a su suerte, cayendo en la mayoría de los casos en las manos de las mafias y de los patrones sin escrúpulos.

El Estado español se ha convertido en pocos años en la cabeza de la Europa de Schengen. Por su condición de tierra de paso para quienes intentan ir más al norte, el Estado español se ha convertido en el escenario donde se producen muertes, como las del estrecho o las de los transportes improvisados, e irregularidades varias.

Tal situación necesita de una resistencia organizada que una a los inmigrantes con el resto de la sociedad.

El sindicato CGT estima que se encuentran hoy en Barcelona un número superior a 8.000 personas, de las cuáles a 400 se les ha dado ya la resolución de expulsión y se encuentran en una difícil situación.

Si muchos de ellos, desafiando la nueva ley de extranjería, se han afiliado a éste y a otros sindicatos es porque entienden que sólo la solidaridad, aunque ésta también sea reprimida, y la lucha planteada, desde la movilización en la calle, es la única salida.

Entrevistas a inmigrantes:

Ningún ser humano es ilegal

"Fontanero se ofrece para hacer chapuzas", "persona responsable desea trabajar", "señora ecuatoriana corta el cabello".

Éste es el tipo de anuncios que abundan en aquellos sitios frecuentados por inmigrantes, gente con ganas de trabajar. Lo único que piden.

Lo mejor, es que sean ellos mismos, los que han tenido que venir con lo puesto al Estado Español y aquí ven reducidas sus posibilidades a morir de hambre o a trabajar explotados, los que nos expliquen cómo ven su situación, aquí van algunos ejemplos:

Juan, 50 años, ecuatoriano:

"Trabajo ilegalmente, sin seguro, tengo muy pocas horas de descanso. No estoy de acuerdo con esta ley porque quita muchos derechos y atenta contra los derechos humanos que todos tenemos como personas. Vine acá por la mala situación económica de nuestro país, y lo único que pido es que se nos trate por igual y con respeto, ya que todos somos iguales ante dios".

José, 35 años, boliviano:

"Trabajo en la construcción, es triste ver como nos están explotando, la nueva ley es muy dura para los inmigrantes. Mi país es muy pobre y con el dinero que ganamos no nos alcanza. Venimos a España para trabajar para nuestros hijos."

Un ejemplo muy significativo del abuso a esta gente es el de un inmigrante ecuatoriano que él mismo nos relata:

"Buscando un piso con mi esposa, a través de un anuncio en el diario local de Burgos, fui citado a la agencia inmobiliaria y por, solamente, una lista de ventas y alquiler me cobraron 25000 pesetas, más tarde, al no encontrar ningún piso libre, pedí que se me devolviera el dinero, y me lo negaron."

Este, y desgraciadamente tantos y tantos ejemplos son el resultado de las políticas racistas y reaccionarias del PP en materia de inmigración, mientras tanto los inmigrantes siguen en lucha por su vida y su dignidad, y nosotros apoyándoles en su causa, bajo una misma bandera:

¡Todos contra el racismo! ¡Todos los inmigrantes son bienvenidos! ¡Fuera ley de extranjería!

Miguel Rodríguez , Marta Muro, Oscar J. Domingo

El movimiento de los sin papeles y la lucha hoy

En el Estado español, la reivindicación de papeles para todos es bastante nueva.

Como muchas otras luchas antirracistas, las acciones a favor de la regularización de los sin papeles han sido llevadas, hasta el momento, por asociaciones de solidaridad, y de inmigrantes con papeles.

La aparición de movimientos de resistencia a la Ley de Extranjería como la Assemblea Papers per a Tothom de Barcelona, la plataforma Papeles para todos y todas de Madrid, la iniciativa en Euskadi de SOS-Arrazakeria y en Andalucía de colectivos como la Asociación pro Derechos Humanos y Andalucía Acoge, han dado un protagonismo mayor a los propios inmigrantes ilegales en esta lucha.

La respuesta que los inmigrantes dieron a los ataques racistas en El Ejido, su auto-organización en asambleas basadas en la democracia directa, significó un cambio radical en la orientación de la lucha por sus derechos.

Estos movimientos y este nuevo enfoque en la lucha por la regulación están influenciados por las acciones y los movimientos que surgieron anteriormente en otros países de Europa.

Francia es, en parte, una fuente importante de inspiración. Allí, concretamente en la ciudad de París, el 18 de marzo de 1996, trescientos inmigrantes sin papeles ocuparon la iglesia de Saint-Ambroise.

La acción, que podía parecer al principio un intento desesperado de supervivencia, sin futuro, se convirtió en el inicio de un movimiento que fue capaz de unir su lucha con la de los trabajadores, los parados y los sin-techo.

El nacimiento del movimiento de los sin-papeles coincidió con una situación de luchas importantes.

Cientos de miles de manifestantes salieron a la calle a favor de las 35 horas y contra la precariedad laboral. Los trabajadores de los transportes públicos, así como de otros servicios se sumaron a las protestas. Los trabajadores de Air France se negaron a participar en la utilización de los aparatos de la compañía, para expulsar a los inmigrantes del colectivo de Saint-Bernard.

Los inmigrantes se coordinaron en comités de lucha. Los residentes de los albergues, por ejemplo, recuperaron el espíritu de la huelga de alquileres del 1980, y organizaron redes de apoyo, jornadas de puertas abiertas, etc. La solidaridad fue un factor determinante en esos días.

Lo que consiguió la lucha de los inmigrantes en aquel momento fueron dos cosas importantes: romper el consenso sobre la necesidad del control de la inmigración, y evidenciar que la lucha de los inmigrantes no es una cosa a parte. En Francia, en 1991, el 44% de la población pensaba que "se está mejor entre franceses"; en 1999 tan sólo el 28% seguían pensando así. La lucha sirvió para cambiar ciertas actitudes.

En el Estado español, hubo distintos momentos en los que el movimiento de inmigrantes apareció en escena, la última vez ha sido en Murcia.

Allí, después de hacerse pública la catástrofe de Lorca, donde murieron 12 ecuatorianos, la monstruosa situación en la que trabajan los temporeros volvió a hacerse patente también.

Los inmigrantes ecuatorianos empezaron toda una serie de acciones para conseguir regular su situación y utilizar la solicitud de asilo.

El Gobierno, mediante las declaraciones del delegado del Gobierno para la Inmigración, Enrique Fernández Miranda, en las que se decía que se les pagaba el billete de avión para Ecuador, intentó sobornarles.

Pero los inmigrantes no aceptaron tal propuesta y siguen luchando contra la política del PP, que ha sido la que los ha convertido en ilegales. ¡Éste es el ejemplo a seguir! Como afirmó un inmigrante ecuatoriano:

"Nuestra lucha es contra la miseria a la que nos aboca la sociedad actual. Para nosotros luchar por la libertad de circulación significa también, luchar contra la globalización y el neoliberalismo".

Diferencia, integración y tolerancia

Estos tres conceptos son los que más se utilizan a la hora de hablar, tanto en positivo como en negativo, de la inmigración y sus consecuencias.

Aunque evidentemente, el enfoque que se le da a estos términos cambia dependiendo de quién los utilice y con qué fines lo haga, debemos explicar claramente que deben significar para nosotros. Eslóganes como el de "somos iguales, somos diferentes", utilizado en la campaña europea contra el racismo y la xenofobia que se realizó en 1995, pueden parecer ambiguos o incomprensibles si no vienen acompañados de una explicación adecuada.

Diferencia

Desde varias posturas antirracistas se ha reivindicado con insistencia la diferencia y el derecho a ella.

En este caso se reivindica ese derecho englobado dentro de una propuesta de igualdad, en la que se defiende también el derecho al trabajo, al voto, a la educación, etc.

Esto sin embargo, necesita de una explicación más elaborada, ya que si no, puede dar lugar a malentendidos o a malas interpretaciones. Por desgracia también los prejuicios se mantiene gracias al sentido de la diferencia.

Los prejuicios son diferencias que no existen como tales, pero que acaban siendo importantes para una parte de la población. Los prejuicios se alimentan a partir de cualquier acción individual negativa que realiza un miembro de un grupo determinado, haciendo servir esa acción como muestra de que todos los miembros de tal comunidad actúa de tal forma.

Por ejemplo, un prejuicio generalizado sobre los magrebíes es la suposición de que todos ellos son delincuentes.

La presencia de algunos grupos de jóvenes magrebíes delinquiendo en las calles céntricas de algunas ciudades, sirve para demostrar que todos los magrebíes se comportan así. No importan si no son los únicos que lo hacen o si se trata de una parte muy pequeña de la población magrebí inmigrada.

En Barcelona se estima que la comunidad magrebí era en 1999 de 20.000 personas, ¿Cuántos de ellos tienen supuestamente la tendencia natural al robo? ¿50? ¿100? ¿200?. ¿Por qué no se explica cuáles son las condiciones en las que muchos de ellos viven?

Nosotros debemos defender el derecho de las personas inmigradas a expresar libremente sus particularidades culturales, sus valores, sus costumbres, su idioma, hábitos gastronómicos, formas de vestir, etc.

Debemos, cuando estos son atacados por actitudes o acciones racistas, defender su derecho individual y colectivo de reafirmar su diferencia, de la misma manera que podemos defender muchos otros derechos de grupos o sectores marginados de la sociedad.

Al mismo tiempo, debemos intentar no caer en un discurso simplemente diferencial, ya que poniendo el acento en eso podemos caer en destacar las diferencias y hacer que quienes empiezan a ver a los inmigrantes como los diferentes, ayuden con esta actitud a crear ciertas formas de segregación.

Lo que debemos reforzar es la idea de que las diferencias no son tan importantes, y que estas no pueden marcar una barrera entre lo que es normal y lo que no lo es.

Muchos antirracistas, con buenas intenciones, han utilizado y utilizan hoy la propaganda de la tolerancia como fórmula para erradicar la desigualdad.

La verdad es que, aunque sea un buen punto de partida, tal propuesta tiene grandes limitaciones. Cuando algunos antirracistas hablan de tolerancia se refieren a ella dándole el significado de respeto y de valoración positiva, pero en el fondo, tolerar es aceptar que algo no gusta o molesta.

El concepto de la tolerancia tiene el riesgo de hacerlo todo "más o menos bueno", de eliminar la lucha ideológica, y desencaminar la lucha antirracista de la lucha contra una sistema con unas ideas dominantes y unos intereses determinados.

Además, la propuesta es errónea porque se acostumbra a tomar como si se tratara de una fórmula absoluta y aplicable a todo, y la realidad es que hay cosas que no pueden tolerarse. Hay cosas intolerables, como el fascismo y el racismo, la explotación, los malos tratos dentro de la familia, la represión policial, que no pueden analizarse en términos de más o menos correcto.

También sobre el concepto de integración hay algunas confusiones.

El gobierno viene utilizando, desde hace tiempo, la supuesta falta de voluntad de los inmigrantes de integrarse en la sociedad, para marcar una línea divisoria entre la gente autóctona y la inmigrada.

En muchos, los aspectos relacionados con la cultura y las costumbres son utilizados como prueba para verificar tal suposición.

En este caso, es importante y urgente afirmar que en la mayoría de los casos, muchas de las costumbres de las personas inmigrantes, no sólo no crean una división o un choque con otras culturas, sino que sirven para enriquecer a la sociedad. Nuevas formas de comprender el mundo, de diversión, de entender el arte, no son negativas, sino todo lo contrario.

Cuando el Gobierno y la política del PP nos hablan de integración, a lo que ellos se refieren es a la sumisión, a la subordinación por parte de los inmigrantes.

Para nosotros, la integración no puede entenderse ni realizarse sin que los inmigrantes dispongan de condiciones básicas, como por ejemplo, acceso al trabajo en situación de igualdad con respecto a la población autóctona; que tenga las misma posibilidades de acceso a la vivienda, a la educación de sus hijos e hijas, que tengan derecho a la participación política, al voto, y en definitiva, a todos los derechos que tiene el resto de la sociedad.

La lucha que debemos mantener es la de la igualdad en contra de un sistema que limita y coerciona nuestros derechos.

Una de las primeras campañas antirracistas que se realizaron en el Estado español, en 1993, tenía como lema principal el de "democracia es igualdad". Hoy más que nunca la lucha por esa igualdad debe relacionarse con la resistencia a este sistema y a su represión.

¿Qué puedes hacer tú contra el racismo?

Hay varias cosas que podemos hacer para combatir el racismo y acabar con la ley de extranjería.

Esta lucha necesita del compromiso de todos. No sólo hace falta tener una actitud claramente antirracista sino que es importante llevarla a la práctica.

Esto sólo se puede llevar a cabo mediante la unidad de todas esas personas que quieren acabar con esta y otras muchas formas de represión. A continuación sugerimos algunas, de las muchas cosas, que puedes realizar.

Combate las ideas racistas: no dejes que las ideas racistas queden impunes. Debate sobre ellas, estés donde estés, en el instituto en la universidad, en tu lugar de trabajo, con la familia, etc. Si estudias en un instituto o universidad organiza charlas contra el racismo, reparte octavillas explicando la situación de los inmigrantes y la represión que sufren por parte del gobierno.

Organízate en tu barrio: para luchar contra el racismo hay que pasar a la acción. Mira si en tu barrio o localidad están haciendo algo contra la ley de extranjería. Busca si hay algún colectivo u organización que esté trabajando sobre el tema, infórmate e informa a tus amigos.

Algunas de las direcciones a las que puedes acudir:

Assemblea Papers per a Tothom (Barcelona); tel.: 93 412 7600; fax: 93 412 5888 y e-mail: favb@emehac.com

SOS Racisme (Barcelona); tel.: 93 412 6012; fax: 93 301 0147

Iniciativa Para Todos y Todas. Ninguna Persona es Ilegal (Madrid); tel.: 91 402 2312; fax: 91 402 8499.

SOS-Arrazakeria (Euskadi); tel./fax: 94 348 2602.

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