Reseñas | Soluciones anticapitalistas
Libro
Cómo detener el calentamiento global y cambiar el mundo
Jonathan Neale
Viejo Topo, 2012.
368 pág.
La editorial El Viejo Topo, editando la segunda obra de Jonathan Neale tras La Otra Historia de la Guerra de Vietnam, nos brinda uno de los libros más completos que podemos encontrar ahora mismo para analizar el cambio climático desde una perspectiva anticapitalista. Sin duda, el autor ha hecho un gran trabajo con su última obra, ‘Como detener el calentamiento global y cambiar el mundo’, un compendio a medio camino entre la divulgación científica, el análisis político y el ensayo para salir del atolladero del cambio climático.
En la primera parte del libro Neale se dedica a la tarea de divulgación científica, centrándose en datos objetivos para narrar todo lo que acontece, desde cómo se origina y se desarrolla el cambio climático hasta desmentir argumentos erróneos que se han dado para pararlo, sobre todo cargando la responsabilidad en países desfavorecidos, o promoviendo una actitud de ahorro a nivel individual. En esta parte solo cabe destacar la rigurosidad con la que Neale expone todos sus argumentos, justificando cada uno de ellos, y rebatiendo cada uno de los contra-argumentos dados anteriormente por distintas autoridades, lo que ayuda al lector a formar su propia opinión. Mención especial merece el apartado donde se explica el cambio climático abrupto, teoría ahora plenamente aceptada pero que en su día causó gran revuelo, debido al impacto que suponía, precipitando las previsiones sobre un calentamiento global más rápido e imprevisto de lo anteriormente supuesto.
En la segunda parte del libro encontramos las distintas soluciones para abordar cuanto antes la reducción de las emisiones y, por tanto, el impacto del calentamiento global. Aquí debemos señalar la perspectiva de Neale sobre cómo actuar, obviando los tópicos del consumo doméstico, y distribuyendo la reducción de las emisiones entre los distintos agentes, como las edificaciones, el transporte o la industria. Otra de las partes importantes de este capítulo es el análisis de los distintos tipos de energías renovables, así como su adecuación a cada situación y cómo se pude potenciar su uso, aportando numerosos ejemplos prácticos.
En cuanto a los edificios, Neale nos propone un ahorro en diferentes aspectos, desde la construcción hasta el uso, centrándose en la construcción de casas pasivas, aquellas que mediante un buen aislamiento térmico permiten un ahorro considerable en calefacción.
Respecto al transporte, los ahorros se centran en dos medios concretos: los coches para recorridos urbanos y los aviones. El gran problema respecto a los coches es el derroche energético que suponen, al ir casi siempre ocupados solamente por una persona, desaprovechando gran parte de su potencial. Como alternativa se establece el transporte público, apostando por un sistema público y gratuito, que lo convirtiera en una verdadera alternativa. Así mismo, el establecimiento de una buena red pública de trenes ahondaría en varios aspectos: transporte de mercancías y de viajeros a largas distancias, sobre todo; ahorrando gran parte del combustible usado para el transporte de mercancías o de pasajeros por vía aérea, un medio de transporte que conlleva emisiones por kilometro recorrido bastante superior al resto vehículos.
Hablando de los procesos industriales el autor se centra principalmente en la eficiencia energética a la hora de llevar a cabo las distintas transformaciones. Así, la mayor parte de las emisiones se centran en pocas industrias muy contaminantes, pero controladas por pocas compañías, que hasta ahora se han resistido a cualquier cambio, obviando las medidas de disminución de emisiones que podrían encarecer el producto y ponerles en desventaja respecto a competidores más contaminantes.
Terminando el capítulo encontramos uno de los artículos que más curiosidad pueden despertar, relacionado con medidas que se han propuesto desde distintos ámbitos, y que por diversos motivos no serían efectivas. Se habla de los biocombustibles derivados de cultivos, su poca disminución en las emisiones de CO2 debido a que necesitan de derivados del petróleo para ser sintetizados, desde el cultivo hasta la recogida y procesamiento. Suelen ser una tapadera ecológica para que las empresas automovilísticas sigan manteniendo su hegemonía en el transporte; se habla del hidrógeno y su uso como cortina de humo por las mismas empresas, siendo un medio aún sin desarrollar, con los actuales usos tanto o más contaminantes que el empleo de gasolina; y, por último, se habla de la captura y almacenamiento del carbono emitido o “secuestro del carbono” bajo tierra, lo cual supone un gasto energético que no hace rentable el sistema, además de un gran coste económico. Una mención especial merece el apartado dedicado a la energía atómica, con demasiados argumentos para exponerlos aquí, pero que se centra sobre todo en los riesgos, la poca rentabilidad y la contaminación producida desde la extracción del uranio hasta el almacenamiento de los residuos radiactivos.
Con el último capítulo de soluciones a largo plazo se aborda el problema de los bosques y el metano, aunque realmente no supone más que un compendio de distintos aspectos ya explicados anteriormente.
La parte titulada ‘Porqué los ricos y los poderosos no emprenderán ninguna acción’ es la más política del libro, un completo análisis del sistema capitalista en el que vivimos inmersos. Neale nos muestra como es imposible que un sistema neoliberal sea compatible con las políticas medioambientales necesarias para parar el cambio climático, haciendo un buen repaso de las características de este sistema económico desde sus comienzos.
Así mismo, en este capítulo se trata de uno de los mayores escollos a superar, el poder de las grandes corporaciones. Las grandes empresas que ahora mismo rigen la economía mundial serían las que más perderían en el paso a las nuevas formas de energía limpia. El libro aporta ejemplos prácticos, por ejemplo, cómo se obligó a la industria automovilística a acatar la reducción de consumo de gasolina en los años 70, lo que demuestra que son medidas realizables; o como la industria automovilística desde entonces solo se ha centrado en crear coches más grandes, potentes y energéticamente derrochadores. El caso de los 4x4 es especialmente instructivo.
El penúltimo capítulo del libro sobre política climática se centra en la acción de cara a que los gobernantes pongan en práctica las medidas necesarias para parar el calentamiento global, basándonos en todo lo explicado anteriormente. Destaca especialmente el análisis de la historia del movimiento contra el cambio climático, desde los descubrimientos del proceso por parte de varios grupos científicos hasta la actuación de diversas ONGs que tratan de encontrar un cambio dentro del sistema o el fallido intento de Kyoto.
Terminando el libro nos encontramos uno de los capítulos más curiosos, centrado en explicar que podría pasar si no actuásemos. Para esto se basa en diversos acontecimientos, como lo sucedido en Nueva Orleans con el huracán Katrina, los sucesos de Sudán donde los Estados Unidos propiciaron una sangrienta guerra civil con el fin de que Chevron pudiese explotar unos yacimientos de petróleo, la sequía y su relación con el cambio climático, el caso libio y todos los peligros a los que nos podemos enfrentar.
Además, y para poner el colofón a la obra, Neale hace un buen análisis de los aspectos fundamentales a afrontar y como movilizar a la gente. Toda una guía para activistas ambientales.
Desde luego podemos caracterizar el libro por dos aspectos fundamentales: su rigor científico y argumental; y su optimismo a la hora de abordar las soluciones. En el primer aspecto, solo se puede destacar la labor del autor a la hora de documentar el libro y transmitirlo, un trabajo mucho más cercano en ese aspecto a una obra científica que política. En el segundo aspecto, se puede criticar que el autor en ocasiones peca de exceso de optimismo, asumiendo una voluntad global cuyo surgimiento es muy difícil, entre otras cosas por el impacto que tendría a todos los niveles. Hay que destacar aquí que el libro fue escrito antes de la crisis económica que actualmente sufrimos, por lo que se comentan las perspectivas desde una economía saneada que permite grandes inversiones, así como un momento en que los ciudadanos estaban más concienciados con el cambio global, problemática que se ha visto desplazada de los medios de comunicación. Por esto mismo el movimiento ha sufrido una caída, lo que hace aún más difícil que tengan lugar las movilizaciones que Neale señala como necesarias.
Finalmente, solo queda destacar que es un libro imprescindible para cualquier anticapitalista; un texto que enriquecerá a todo aquel que no se haya acercado en profundidad al tema, aportará nuevos datos y perspectivas a los más involucrados, y permitirá dar un buen enfoque a la lucha contra el cambio climático.
Daniel Trenado
Libro
Xenofòbia a Catalunya
Xavier Rius Sant
Edicions de 1984, 2011
287 pág.
¿Cómo se han alimentado los ideólogos de la extrema derecha de la mala gestión del fenómeno migratorio para convertirse en un peligroso veneno político? ¿Cómo nace y crece un partido político que convierta la xenofobia y el racismo en su bandera? A lo largo del libro Xenofòbia a Catalunya, el periodista Xavier Rius da respuesta a estas preguntas ofreciendo un extenso repaso del tratamiento del fenómeno migratorio en el Estado español y analizando los factores clave que han llevado a la aparición y posterior auge a partidos como Plataforma por Cataluña (PxC).
Josep Anglada es el actual presidente de PxC y desde los 19 años ha militado en diferentes formaciones de extrema derecha del Estado, entre ellas la fascista y ultracatólica Fuerza Nueva. Adoptando la misma idea que estaba calando en Francia y valiéndose del empujón populista de los medios y del gobierno de Aznar, quienes han tratado la entrada de inmigrantes como “una invasión”, Anglada funda en el 2000 la Plataforma Viguetana, embrión del partido fascista PxC (creado en el 2002). La intención era la de copiar el Frente Nacional de Le Pen, basándose en un discurso simplista y electoralista inflado de “argumento social”, pero usando siempre la inmigración como chivo expiatorio y buscando la constante confrontación y crispación con el resto de las fuerzas políticas.
PxC no busca el diálogo ni la convivencia, su juego no es transparente, su veleta política es volátil, sus militantes son camaleónicos; Rius lo retrata en el libro de manera lúcida. Pero PxC mantiene una constante que lo hace latir cada día con más fuerza: “primero los de casa”. Bajo ese lema enmascara toda su premisa electoral, traza su estrategia y se acerca, tan fácilmente como podría alejarse, al resto de fuerzas políticas catalanas a nivel municipal. Su manera de hacer política va asociada a buscar la polémica que le facilite un espacio en los medios, en el discurso político o que aumente su crédito electoral. La figura de Anglada se convierte así en el lepenismo catalán.
Lo que sucede en Catalunya en los últimos años no está aislado de lo que ocurre en el resto de Europa y evidencia el crecimiento del discurso xenófobo. Por ejemplo, en Francia, el Frente Nacional de Le Pen obtiene el 17% de los votos en la primera vuelta de las presidenciales. Los vientos europeos soplan a favor del ideario de Anglada.
El autor apunta a la nefasta gestión y a la falta de voluntad política, contextualizando la línea estratégica en materia de inmigración del Estado. De manera exhaustiva traza un recorrido por las estrategias del gobierno socialista —con Felipe González a la cabeza— y del gobierno de Aznar basadas en el “autismo” ante el flujo migratorio en las últimas dos décadas. Aspectos cómo la regularización y los contratos, el reagrupamiento familiar, el derecho al voto, la economía sumergida; las leyes, reforma tras reforma, ayudaron a la criminalización y la precariedad social del colectivo. Como explica Rius, “permitir que vinieran como irregulares fue la manera que escogió España para gestionar el flujo de inmigrantes”, obligando a que se trabajara sin legalización y abriéndose, a la vez, procesos de regularización. Esta mala gestión, por un lado, y el mensaje emitido desde el Gobierno y desde los medios de comunicación, por el otro, potencian la imagen de inseguridad y la falta de integración de los colectivos inmigrantes; creando sensación de miedo, amedrentando a la ciudadanía y abriendo una fractura en la cohesión social que PxC aprovecha para sustentar su contenido político. El conflicto social no se ha generado a través de la convivencia, sino que se ha nutrido de engendrar miedos y falsos tópicos para conseguir intereses políticos.
Es un libro útil con capítulos repletos de información contrastada. Rius no se detiene en iniciativas interesantes como Unitat Contra el Feixisme i el Racisme, ejemplos importantes, a mi parecer, de lucha unitaria y organizada para hacer frente a la expansión de PxC. Aun así, el libro ofrece ejemplos, testimonios y entrevistas que trazan una coherente línea argumental fundamental para visualizar y contextualizar el crecimiento político del discurso xenófobo. Da las claves para entender el conflicto social fruto de la gestión política y el uso de la inmigración como rédito electoral. En palabras del propio Rius “tan peligrosos como los verdaderos xenófobos son aquellos que sacuden la xenofobia, la utilizan o facilitan que se extienda por intereses personales o políticos.”
Anna Royo
Libro
Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España
Vicenç Navarro, Juan Torres, Alberto Garzón
Sequitur 2011
232 pág.
Navarro, Torres y Garzón exponen en Hay alternativas (…) unas tesis cada vez más evidentes, al calor de las políticas económicas implantadas por los diferentes gobiernos. Destacan que las políticas de austeridad, como recortar salarios o reducir el gasto público, solo sirven para aumentar los beneficios empresariales, pero no el empleo. Estas tienen sentido únicamente para empresas individuales y economías nacionales en competencia, pero a nivel global son irracionales en tanto que hunden la demanda y la posibilidad de recuperación económica. Por eso señalan los autores que las recetas neoliberales no están sirviendo para salir de la crisis, sino para alargar la enfermedad.
Sin embargo, su propuesta de aumentar los salarios y el consumo tiene efectos limitados en la búsqueda de una solución real a la crisis. Obviamente, es deseable una mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora. Pero aumentar el poder de compra de las masas va a favor tanto del trabajo como del capital. Esta es la perspectiva keynesiana: fortalecer al mercado al mismo tiempo que a los y las trabajadoras. A esta perspectiva se adhieren los autores cuando escriben que “La causa más inmediata de la crisis es (…) la falta de financiación a empresas y consumidores”.
También desde el marxismo se apoya la lucha por mejores salarios, pero siempre desde una perspectiva de clase social. Siguiendo a Marx, la lucha por mejores salarios y por reformas debilita a la clase capitalista y refuerza a la clase trabajadora.
La existencia del conflicto de clase en el seno del capitalismo está muy ausente en Hay alternativas (…), si bien es cierto que queda explícito en otros textos de los mismos autores. Denuncian la crisis económica, ecológica, de valores, etc., pero solo en una ocasión contraponen “trabajadores” y “patronal”. Por otra parte, no se debería hablar de valores en abstracto, como si el capitalismo de posguerra fuera más social gracias a unos mayores valores democráticos, cuando en realidad la forma que ha adoptado el sistema ha sido la más funcional en cada momento a la acumulación de capital.
Quizá el aspecto más reseñable del libro es el análisis que hacen Navarro, Torres y Garzón del origen de la crisis económica en el primer capítulo, “Las causas de la crisis mundial”. Describen hábilmente la creación desde los años 70 de burbujas financieras, inmobiliarias, etc., como una respuesta a la escasez de demanda y el “inicio de un nuevo ciclo determinado por una sobreproducción que causó una bajada de rentabilidad de la economía productiva”, lo que desincentivó las inversiones en la esfera productiva. Pero, desde mi punto de vista, hacen un análisis superficial del origen de la crisis, al asociarlo con la desregulación financiera y el auge del neoliberalismo: “La crisis que estamos viviendo es (…) una consecuencia inevitable de este proceso de conversión de la economía capitalista en un gran casino financiero que convierte la inversión en papel y en capital puramente ficticio (…) en el uso más rentable del capital”.
Desde un enfoque marxista, no se puede entender la crisis de la economía sin examinar las relaciones de explotación en la producción capitalista1. La crisis actual no es simplemente el resultado de la financiarización de la economía, sino que hunde sus raíces en las contradicciones propias del sistema capitalista (la tendencia a la baja de la tasa de beneficios) y tiene un carácter cíclico. Así, no podemos aspirar, tal y como hacen los autores, a un capitalismo de rostro humano; nuestra tarea debe orientarse a la superación de este sistema.
El título de la obra queda justificado por la apuesta de los autores por “construir sociedades de contrapoderes en las plazas pero sobre todo en los centros de trabajo, en los barrios y también en la vida personal y diaria (…)”. Todo un guiño al movimiento 15M, pero también un llamado a impulsar la movilización sindical, vital en estos momentos para hacer frente a los recortes. Más limitada, sin embargo, es la estrategia que defienden de “movilizarse para presionar a las instituciones llamadas representativas para que las implemente [las alternativas propuestas]”. Si queremos materializar nuestras alternativas no bastará con ello, ni con denunciar el bipartidismo existente o reivindicar una democratización de las instituciones. Será necesario, y sobre esto no se habla en Hay alternativas (…), hacer confluir las diferentes fuerzas de izquierda contra los recortes y avanzar en la superación del orden establecido.
En definitiva, estamos ante una interesante y accesible obra de algunos de los principales académicos economistas de izquierda del Estado español, que sin embargo muestra las limitaciones del keynesianismo y el reformismo: sus alternativas son dentro del capitalismo.
Isaac Salinas


















