Agenda anticapitalista

Palestina: Historia de una lucha


Palestina: historia de una lucha
Sionismo y judaísmo: no son lo mismo
Un conflicto con raíces imperialistas
La proclamación del Estado de Israel
El “proceso de paz” no trae justicia
Una pesadilla diaria de pobreza y desesperanza
Resistencia en la Palestina ocupada
La lucha de los palestinos

Apéndice 1: El sionismo y el Holocausto
Apéndice 2: La hipocresía de EEUU

Publicado por el grupo En lucha, abril de 2002.
Este folleto es una colección de textos escritos a lo largo de la segunda Intifada, por Josep Garganté, David Karvala, Esteban Pineda y Marçal Solé.
Como apéndices, incluimos El sionismo y el Holocausto, por Judíos por la Justicia en el Oriente Próximo, y un artículo de Noam Chomsky.

Palestina: historia de una lucha

“Las callejuelas de Jenín están devastadas. Por los boquetes de las pobres viviendas vacías se ven abandonados zapatos, cuadernos escolares… La Cruz Roja ha expresado su frustración al impedírsele socorrer a centenares de heridos. Miles de habitantes escaparon de Jenín para refugiarse en aldeas vecinas. En la plazuela de Salam hay grupos de hombres que huyeron de Jenín. Hay tractores cargados de ropa y comida que atraviesan tierras abruptas, para hacerlas llegar a los refugiados.

El campo de refugiados de Jenín, en la Palestina profunda, está bien guardado. Ni organizaciones como la Cruz Roja, ni los periodistas, han sido autorizados a penetrar en su recinto de apenas un kilómetro cuadrado con una población de quince mil habitantes, desde que las tropas israelíes se enzarzaron en su desigual combate con los palestinos resistentes para ocuparlo…

Los rumores más alarmantes dicen que los soldados entierran en fosas comunes los cadáveres de los muertos. Dios quiera que Jenín no sea como Sabra y Chatila, aquellos campos de refugiados palestinos de Beirut cuyas matanzas en el verano de 1982 conmovieron al mundo.”

Tomás Alcoverro, “Jenín, la cruel estampa de esta guerra”, La Vanguardia Digital, 12 de abril de 2002

Los líderes occidentales y su prensa tratan la crisis de Oriente Medio, en el mejor de los casos, como si las dos fuerzas en conflicto fueran responsables por igual de la violencia, y en el peor de los casos, como si toda la culpa fuera de los palestinos.

Ésta es una total y completa distorsión de la realidad.

En un lado está el poderoso Estado de Israel, armado hasta los dientes por EEUU y que, además, cuenta con armas nucleares. Los soldados israelíes, apoyados por las milicias de colonos, están usando helicópteros de guerra, misiles, ametralladoras sofisticadas, balas de acero forradas de goma y gases lacrimógenos, indiscriminadamente contra los palestinos.

En el otro lado están los palestinos, que en su mayoría están desarmados o bien armados con piedras que han arrancado de la calle, que están luchando contra la injusticia de la ocupación ilegal de sus tierras por parte de Israel.

Ante los atentados suicidas llevados a cabo por jóvenes palestinos, Israel responde bombardeando zonas civiles en las ciudades palestinas. Ahora mismo, están ocupando las poblaciones palestinas de Cisjordania, llevando a cabo auténticas masacres de civiles.

Este folleto pretende explicar las raíces del problema. Demuestra que, lejos de simbolizar un conflicto entre religiones, o “una operación antiterrorista”, la guerra de Israel contra los palestinos es una de las caras del intento del imperialismo de mantener su poder en todo el mundo.

Sionismo y judaísmo: no son lo mismo

En los medios de comunicación se suele identificar al Estado de Israel con un Estado judío.

Pero hay que distinguir entre qué es el sionismo y qué es el judaísmo. (Ver el Apéndice 1: El sionismo y el Holocausto) El judaísmo es una religión, practicada por millones de personas en todo el mundo. El sionismo es una ideología política, que usa la religión para justificar sus acciones. Se basa en el derecho de los judíos a tener su propio estado y a considerar, en la práctica, a todos los árabes como el enemigo a extinguir.

El sionismo adquirió fuerza como ideología a principios de este siglo, en los países del centro y este de Europa (Rusia, Polonia, Austria, Alemania) y fue una respuesta a los ataques racistas de los gobiernos de estos países contra sus ciudadanos judíos. Estos ataques se tradujeron desde acciones antisemitas individualizadas, hasta los grandes “pogromos” (matanzas de judíos) de los años 30.

Ante la oleada creciente de antisemitismo en la Europa del este de los años 30, el pueblo judío reaccionó desde dos posiciones muy distintas. Theodor Herzl, el fundador de sionismo, decía en París en 1895:

“En París… conseguí una actitud más abierta hacia el antisemitismo, el cual empecé a entender y perdonar históricamente. Sobre todo, reconocí la futilidad de intentar combatir el antisemitismo.”

El movimiento sionista partía del hecho de considerar que el antisemitismo es inherente a los gentiles (no judíos) y por ello nunca iba a desaparecer. La solución que dan los sionistas se halla en la separación total y absoluta de judíos y no judíos, y por ello es necesaria la existencia de un Estado judío para los judíos. No hace falta decir que algo une al antisemitismo y al sionismo: cuantos más ataques racistas, más se justifican los sionistas en la teoría de la separación.

La ideología de los sionistas, y su secuestro de las “tradiciones judías”, fue contrarrestada por la postura de otros judíos del este de Europa hacia el antisemitismo. La alternativa de estos judíos al sionismo era entender que el antisemitismo es un producto del sistema capitalista, el cual lo utiliza como a cualquier otra forma de racismo, para dividir a la clase trabajadora. Para luchar contra el racismo y el antisemitismo, hay que luchar por el socialismo dentro de la clase trabajadora.

Los movimientos revolucionarios tuvieron muchos judíos en sus filas: Marx, Trotski, Rosa Luxemburg, Mártov, Rádek fueron judíos revolucionarios que no aceptaron las ideas de la inevitabilidad del antisemitismo.

Para sobrevivir, el sionismo siempre ha tenido que aliarse con los poderes imperialistas dominantes en cada momento histórico. Al terminar la I Guerra Mundial eran los británicos quienes controlaban Oriente Medio. Luego, con el reparto del mundo tras la II Guerra Mundial, EEUU emergió como el “poder patrón” en el mundo occidental. Toda la base de la existencia del Estado de Israel fue: ser el perro guardián de los intereses económicos y estratégicos de los grandes poderes.

Un conflicto con raíces imperialistas

Entre 1917 y 1948 los sionistas siguieron con su objetivo de establecer en Palestina su propio Estado. Para ello empezaron a comprar tierras a los terratenientes feudales palestinos, con lo que el campesinado árabe fue reemplazado por colonos sionistas. En las ciudades palestinas, crearon su propio sindicato, Histradut, que en hebreo significa: sólo para judíos. Con esto queda claro que los sionistas no tenían una visión ni socialista ni internacionalista.

Sólo les interesaba la creación de un Estado capitalista con todas las contradicciones que ello conlleva, con una peculiaridad: los árabes de Palestina pasaron a ser ciudadanos no de segunda clase, sino de tercera.

Los intereses de Gran Bretaña en la región quedan al descubierto en las palabras de Winston Churchill, Ministro británico: “Un Estado judío bajo la protección de la corona británica, que podría contar con tres o cuatro millones de judíos…, sería desde cualquier punto de vista beneficioso, y sobre todo estaría en total armonía con los verdaderos intereses del imperio británico.”

Sin embargo, ante esta situación, los árabes de Palestina no se mantuvieron pasivos. Hubo resistencia contra el colonialismo, tanto británico como sionista. En los años 30 hubo una oleada de manifestaciones, huelgas y luchas armadas, que incluyó una huelga general que duró meses. La huelga topó con una represión brutal por parte de los británicos, al final fue desconvocada por los dirigentes palestinos con el apoyo de los reyes árabes.

En 1936 los británicos usaron, por primera vez, contra los palestinos la llamada Policía Auxiliar, que estaba constituida por milicias sionistas armadas. Durante estos años, miles de palestinos fueron encarcelados por los británicos. A su vez los colonos sionistas se convirtieron en opresores brutales de los palestinos.

Como escribió Noam Chomsky, en su obra, El triángulo fatídico, “En 1936-9 los árabes palestinos realizaron un levantamiento nacionalista… David Ben-Gurión, eminentemente realista, reconoció su naturaleza. En la discusión interna, indicó que «en nuestra argumentación política en el exterior, minimizamos la oposición árabe contra nosotros» pero exhortó a que «no ignoremos la verdad entre nosotros mismos.» La verdad era que «políticamente somos los agresores y ellos se defienden… El país es suyo, porque ellos lo habitan, mientras que nosotros queremos venir aquí e implantarnos, y desde su punto de vista nosotros queremos arrebatarles su país, mientras aún estamos en el exterior»… La sublevación fue aplastada por los británicos, con considerable brutalidad.”

A finales de los años 30, los sionistas, a pesar de ser una minoría dentro del territorio palestino, tenían claros sus objetivos. R. Weitz, jefe del departamento de colonización judío, escribió en su diario en 1940: “Nosotros debemos tener claro que no hay sitio para los dos pueblos en este país. No lograremos nuestro objetivo, de ser un pueblo independiente, con la presencia de los árabes en este pequeño país. La única solución es una Palestina, o como mínimo el Oeste de Palestina, sin árabes, y no hay otra forma que traspasarlos desde aquí a los países vecinos, traspasarlos a todos. Ni un pueblo, ni una tribu debería quedarse… No hay otra salida.”

Durante la II Guerra Mundial, Gran Bretaña y Estados Unidos pusieron límites a la emigración de refugiados judíos procedentes de Europa, a sus países y a Palestina, con la intención de mantener pasiva a la población árabe y asegurarse con ello el suministro de petróleo durante el conflicto.

La proclamación del Estado de Israel

En 1948 se dio a los sionistas su oportunidad con la creación del Estado de Israel. En plena Guerra Fría, Estados Unidos, como nueva potencia occidental, se aseguraba así un aliado en Oriente Próximo, una zona muy importante por su potencial económico (grandes reservas de petróleo) y por su posición estratégica.

(Es importante reconocer que la política estadounidense no respondía al “electorado judío” en su país. Pocos años antes, cuando ya existían estos electores, EEUU permitió que los judíos muriesen en los campos de exterminio. Su respaldo a Israel reflejaba exclusivamente los intereses imperialistas estadounidenses en la región.)

Lo único que estorbaba a los sionistas era el millón largo de árabes que había en Palestina. Trágicamente, utilizaron métodos similares a sus antiguos opresores nazis para conseguir expulsarlos. Por ejemplo, en Deir Yassin, un pueblo árabe de Palestina, en abril de 1948 una milicia sionista dirigida por Menajem Begin (futuro primer ministro de Israel) entró en el poblado, matando a 300 o 400 de sus habitantes, entre los que se encontraban hombres, mujeres y niños.

El objeto de estas matanzas era aterrorizar a la población palestina. La práctica del terror, evidentemente, funcionó y semanas más tarde, más de medio millón de árabes huyeron de sus pueblos.

A partir de ahí Israel inició sus guerras expansionistas: la guerra de Suez en 1956, la guerra de los 6 días en 1967, la invasión de Líbano en 1982. Un largo calvario para los palestinos, que se tradujo en campos de refugiados bombardeados sistemáticamente por el ejército israelí, por ejemplo: el trágico bombardeo de los campos de Sabra y Chatila en 1992.

El destino de los palestinos que se quedaron en Israel no fue mucho mejor, fueron y son utilizados como mano de obra barata. Marginados en los territorios ocupados y acosados constantemente por los colonos.

La imagen que se nos presenta de Israel, es la de un Estado democrático, “un oasis en el desierto” frente a los estados árabes de la zona. La realidad es muy distinta: es una economía basada en una política armamentística que se ha gastado el 42% del PIB en defensa.

Israel, concebido como el lugar en el que los judíos podían sentirse seguros, es hoy el lugar más peligroso para ellos. El sueño de los Kibbutz ha resultado un fracaso puesto que siempre han dependido de los dólares americanos o de la explotación laboral de la población árabe como mano de obra barata.

El mito que defendían los sionistas de un Estado judío sin clases no existe, puesto que las posibilidades no son las mismas en Israel para un rico occidental que para un emigrante del Este de Europa o un emigrante de Etiopía.

En los años 60, los judíos negros formaron su propia organización de las panteras negras, en respuesta al racismo existente en el estado Israelí. Éstas son algunas de las contradicciones del Estado de Israel.


“Ben-Gurión evidentemente quería que tan pocos árabes como fuera posible permanecieran en el Estado judío. Esperaba verlos huir. Esto es lo que declaró a sus colegas y asistentes en reuniones en agosto, septiembre y octubre [1948]. Pero jamás se enunció una política [general] de expulsión y Ben-Gurión siempre se abstuvo de promulgar órdenes de expulsión claras o por escrito; prefirió que sus generales «comprendieran» lo que quería que se hiciera. Quería evitar quedar en la historia como el «gran expulsor», y no quería que el gobierno israelí estuviera implicado en una política moralmente dudosa… Pero aunque no hubo una «política de expulsión», las ofensivas de julio y octubre [de 1948] se caracterizaron por muchas más expulsiones e incluso brutalidad hacia civiles árabes que durante la primera mitad de la guerra…

Durante la mayor parte [de 1948], las ideas sobre cómo consolidar y eternizar el exilio palestino, comenzaron a cristalizar, y se percibió de inmediato que la destrucción de aldeas era un medio primario para lograr ese objetivo… [Incluso antes] el 10 de abril, unidades de la Haganá tomaron Abu Shusha… La aldea fue destruida esa misma noche… Khulda fue arrasada por apisonadoras judías el 20 de abril… Abu Zureiq fue completamente demolida… Al Mansi y An Naghnaghiya, en el sudeste, también fueron aplanadas… A mediados de 1949, la mayoría [de las 350 aldeas árabes despobladas] estaban completa o parcialmente en ruinas e inhabitable(s).”

Del historiador israelí, Benny Morris, El surgimiento del problema de los refugiados palestinos, 1947-1949.

Citado en Judíos por la Justicia en el Oriente Próximo, El Origen del Conflicto Palestino-Israelí. http://www.zmag.org/Spanish/0601orig.htm


La expansión de Israel

Mapa 1: Los asentamientos sionistas en 1947
Mapa 2: La división de Palestina propuesta por la ONU en 1947.
Mapa 3: La tierra ocupada por Israel en 1948.

El “proceso de paz” no trae justicia

El entonces presidente de EEUU, Bill Clinton, impulsó las últimas negociaciones, en Egipto, para reanudar el “proceso de paz” iniciándolas en Camp David. Los medios acogieron la reunión como una oportunidad real para conseguir la paz. Pero, de hecho, nunca iba a traer justicia para los palestinos.

A cambio del limitado control palestino de la franja de Gaza y Cisjordania, millones de palestinos, refugiados por todo el mundo, perderían toda posibilidad de volver a su tierra. Fue sólo otro arreglo manejado por EEUU, dando todas las ventajas y favoritismos a Israel. Los acuerdos de paz de Oslo, en 1993, fueron el resultado de la creciente lucha de los palestinos, llamada Intifada, o sea, levantamiento, en 1987.

Un tanque israelí aplastó varios coches donde viajaban árabes, matando a cuatro de ellos. El funeral se convirtió en una manifestación de 10.000 personas. Las tropas israelíes contestaron matando a un chico de 20 años en otra manifestación. Su funeral marcó el principio de las protestas masivas contra el poder de Israel en los Territorios Ocupados durante los dos últimos años.

La lucha forzó a Israel a tratar de llegar a un acuerdo con el líder palestino, Yasir Arafat, y la Organización de Liberación Palestina (OLP). Sin embargo, por cada concesión que hicieron los palestinos durante las conversaciones, los israelíes pedían cada vez más y más.

El acuerdo de Oslo significó la creación de la Nueva Autoridad Palestina, con Yasir Arafat a su cabeza. Pero, de hecho, esto significaba muy poco. Para los palestinos, significaba que iban a tener el control del 17,2% de Cisjordania. A la vez, Israel tendría pleno control de un tercio de la franja de Gaza y del 59% de Cisjordania.

El acuerdo de Oslo prometió un Estado independiente palestino para 1998. Aún no se ha implementado. Muchos palestinos están cansados de los compromisos que los gobiernos occidentales e Israel demandan a Yasir Arafat.

Una pesadilla diaria de pobreza y desesperanza

Los palestinos han sufrido desde que se creó el Estado de Israel una terrible pobreza y persecución. Alrededor de 1.200.000 palestinos expulsados de Israel, viven en campos de refugiados en Gaza y Cisjordania.

Los niños crecen y mueren en estos degradados campos de refugiados, sólo conocen una vida de pobreza y desesperanza. No hay un mínimo de higiene en las cabañas y tiendas que les dan cobijo.

Dependen completamente de la ayuda de las organizaciones que les suministran calzado y vestido.

Israel controla los movimientos de cada residente de los Territorios Ocupados que quiere salir o pasar por Israel. Han cortado el paso entre las ciudades palestinas y deniegan a los trabajadores árabes el derecho a entrar en Israel.

Los palestinos dependen de Israel para encontrar trabajo. Las empresas israelíes los han explotado como mano de obra barata durante generaciones.

La vida de los palestinos se ha visto deteriorada, aún más, desde que empezó el proceso de paz en 1993. El paro ha llegado, según un informe del año pasado de World Vision, al 40% en algunas zonas. Este informe menciona que los ingresos per cápita en Gaza y Cisjordania fueron el año pasado de 280.000 ptas., a diferencia de las 465.000 ptas. de 1987. En Israel los ingresos per cápita son de 3.200.000 ptas.

El último informe de Amnistía Internacional menciona que para las fuerzas israelíes la tortura está “oficialmente permitida y es sistemáticamente utilizada”. Las torturas incluyen: tiltul, donde sacuden violentamente al preso; shabeh, donde lo encadenan en posiciones retorcidas y lo someten a ruido fuerte y distorsionado; gambez, donde obligan al detenido a agacharse durante largos períodos; y lo privan del sueño.

Amnistía Internacional dice que “los miembros de las fuerzas de seguridad, que cometen ejecuciones extraoficiales o asesinan ilegal e invariablemente, disfrutan de una inmunidad total”. Esta opresión ha forzado a los palestinos a luchar una vez tras otra.

Resistencia en la Palestina ocupada

Tras un año del nuevo inicio de la Intifada, en Palestina la situación empeora. (Este capítulo es de un artículo que apareció por primer vez en En lucha, noviembre de 2001).

Mientras las organizaciones internacionales hacen oídos sordos a los gritos de horror y rabia de miles de personas que son asesinadas, desplazadas y maltratadas en Palestina por parte del Estado de Israel, EEUU bombardea y machaca Afganistán en su lucha contra el terrorismo islámico.

En Palestina las raíces del conflicto son más profundas de lo que parecen. Los medios de comunicación no ayudan a clarificar la cuestión, sino todo lo contrario. La tarea de los medios es presentar el conflicto como resultado del odio entre culturas y de formas de hacer distintas, nada más.

Las raíces del conflicto

La Intifada que ahora cumple un año, no es la primera. Anteriormente a esta, otro movimiento de masas conmovió Palestina en los años ochenta. En aquel entonces los planes del Estado de Israel se basaban en la destrucción de las infraestructuras económicas, sanitarias y educativas palestinas.

La rabia de los palestinos estalló cuando un camión militar, en 1987, atropelló a cuatro trabajadores palestinos en Gaza, y los mató.

La respuesta popular no se hizo esperar, y en pocas horas, las calles de Gaza y Cisjordania se llenaron de gente. Durante cinco días la población palestina, sin límite de edad, empezó a enfrentarse con piedras al ejército de Israel. La acción de la población palestina fue capaz de vertebrar una improvisada sociedad autosuficiente. Entre huelgas y protestas, el sistema educativo y sanitario, la repartición de alimentos, etc. reaparecieron en escena por poco tiempo.

La esencia del conflicto, es decir, la ocupación israelí de las tierras palestinas ha sido motivo de luchas durante décadas. Hoy la ocupación sigue vigente. Las consecuencias de ello son realmente fatales para el pueblo palestino.

En términos de infraestructuras, sólo el 2% de las localidades de Cisjordania tiene alcantarillado; sólo el 21% de los habitantes cuenta con un sistema de recogida de basuras; apenas el 44% de las localidades cisjordanas disponen de suministro permanente de fluido eléctrico, y un escaso 20% de los habitantes está conectado a la red telefónica.

En la medida en que la razón de ser del Estado de Israel era y es traer al “pueblo sin tierra” a la, según ellos, “tierra sin pueblo”, la expansión es indisoluble de su naturaleza misma. La Palestina histórica tiene una expansión de 27.242 km², Israel ocupa ya más de 22.000 km², es decir, más del 80% del territorio.

Como afirma Edward W. Said, escritor palestino, “el sionismo siempre quiso más tierra y menos árabes: desde Ben-Gurion a Sharon, pasando por Rabin, Shamir, Netanyahu, y Barak, hay una continuidad ideológica ininterrumpida en la cual el pueblo palestino es visto como una ausencia deseada por la cual se combate”.

El proyecto de la Gran Jerusalén, que consiste en expulsar a los árabes de esa zona, ha sido apoyado por el gobierno israelí. Entre 1996 y 1999 se sumaron a esa expansión 42 colonias más.

El 21 de junio de 1998 el gobierno israelí dio el aval formal al plan de la Gran Jerusalén mediante medidas que, entre otras, retiraba los permisos de residencia a los árabes que figuraban en el censo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) o que tenían vivienda en los territorios administrados por la ANP.

El alcalde palestino de la ciudad de Hebrón dejó clara cuál era la política de Israel cuando afirmó que “no quieren vivir a nuestro lado sino en nuestro lugar”.

Los procesos de paz

La situación que se vive hoy en Palestina está marcada, también, por los sucesivos acuerdos de paz y por la capitulación de Arafat al Estado de Israel. La firma, en septiembre de 1993, de los llamados Acuerdos de Oslo, significó un cambio de orientación en la estrategia palestina dirigida por Arafat, cuya primera decisión en aquel entonces fue reconocer al Estado de Israel y plantear, por lo tanto, la negociación en base a la existencia de dos estados.

En las declaraciones posteriores a la firma, la dignidad de los palestinos se resumió en una “autonomía” insuficiente, carente de recursos propios, construida a partir de guetos de miseria y vigilados por las fuerzas armadas israelíes. Arafat renunció a la autodeterminación y al reconocimiento de los derechos de los refugiados, es decir, del 55% de la población palestina.

Los resultados de los acuerdos se han traducido en la reducción de los palestinos a simple mano de obra barata y fácil de explotar, en la división y el expolio de las tierras palestinas, y en una política de apartheid, que concede mejores condiciones de vida a los colonos israelíes mientras que permite vivir a los palestinos en miserables agujeros.

Sin duda, la Intifada fue el producto de la asfixia y de la desesperación producida por la política israelí, pero también fue el rechazo a la capitulación y a la sumisión de Arafat, que legitimó indirectamente al sionismo y le condenó al hambre y a la ocupación al pueblo palestino.

Seguiremos luchando

“El servicio de Emergencias estaba completamente ocupado, tratando desesperadamente de salvar las vidas de niños con las cabezas y los miembros destrozados por balas y cohetes.

Mohammad fue disparado en su muslo. Dos de sus amigos que trataron de cargarlo hasta la ambulancia, también fueron abatidos. Musa entró en coma profundo cuando su mandíbula, su lengua y la parte derecha de su cara estalló por una bala.

El ejército israelí abre fuego en cada manifestación.

Nosotros no odiamos a los judíos, pero amamos nuestra tierra.

Continuaremos lanzando piedras a las fuerzas que nos ocupan y cuando las piedras se hayan acabado, entonces tiraremos ramas de olivos, y cuando éstas se hayan acabado, tiraremos nuestros platos y nuestros tenedores, y cuando se acaben, tiraremos nuestros cuerpos.”

Thameen Darby, estudiante de medicina. Nablus, octubre de 2000

Resistencia e integrismo

Desde la prensa internacional y, por desgracia, también desde algunos sectores de la izquierda, se habla del integrismo limitándolo a una simple reacción de fanatismo y venganza.

Esa visión pierde de vista el contexto y las razones bajo las cuales aparecen los grupos o movimientos integristas.

En Palestina, Hamas, una de las organizaciones integristas más fuertes, ha ido ganando apoyo durante estos últimos años por varias razones: por la propia situación de desesperación de los palestinos, por la aceptación por parte de Arafat del Estado de Israel, y por la falta de alternativas.

Las fuerzas tradicionalmente de izquierdas dentro de la OLP, como el FPLP y la FDLP, aunque han criticado duramente las posiciones que ha ido tomando la dirección de Arafat, no han planteado una alternativa clara.

Hamas, por el contrario, se ha presentado como una fuerza básicamente anti-Israel y ha roto con la inmovilidad de la OLP. Muchos jóvenes se apuntan a las filas de Hamas con la intención de luchar y acabar con la opresión ejercida por Israel.

Pero el proyecto defendido por Hamas, así como por otras organizaciones integristas, en el fondo va en contra de la Intifada y de la resistencia palestina. El proyecto de un Estado islámico es una falsa salida, ya que reproduce el aspecto religioso y autoritario del Estado de Israel.

La revolución iraní de 1979, que fue desviada hacia la implantación de la República islámica, es una muestra de lo que pueden significar los estados de naturaleza religiosa.

Hoy, después de 20 años, la izquierda y las mujeres, especialmente en Irán, sufren carencias básicas en lo que hace referencia a los derechos fundamentales.

La lucha de los palestinos

Durante tres generaciones, los palestinos han luchado dentro y fuera de Palestina por sus derechos como pueblo. Ha sido una lucha valiente y sin tregua, pero una lucha muchas veces sin resultados positivos, porque han buscado apoyos en los otros gobiernos de los estados árabes.

Los palestinos han sido traicionados por Siria, Líbano y Jordania, cuando se han convertido en una amenaza a la estabilidad de estos mismos estados.

En 1977, 10.000 palestinos fueron asesinados en el llamado “septiembre negro” por el Rey Hussein, cuando este vio amenazada la estabilidad de su trono por el apoyo del pueblo jordano a los grupos guerrilleros palestinos, que tenían sus bases en Jordania.

En Líbano la influencia de los palestinos entre los trabajadores libaneses, significó la expulsión en masa de dirigentes palestinos y el principio, en 1982, de la guerra civil.

La mayoría de los palestinos se organizaron en torno a la OLP A la vez, en los años 80, nació en los campos de refugiados un movimiento popular de protesta contra la ocupación israelí.

La Intifada fue un movimiento que nació desde la base. Su efecto más importante fue provocar una crisis en la economía israelí, puesto que miles de trabajadores palestinos se negaron a acudir a sus puestos de trabajo.

La OLP no ignoró este movimiento, pero lo relegó a un segundo plano, puesto que consideraba más importante la lucha armada fuera del Estado de Israel. Una lucha armada que nunca podría lograr sus objetivos, puesto que estaban luchando contra uno de los Estados más armados del mundo.

Con la caída del muro de Berlín, la OLP perdió el apoyo en armas que le suministraban los países del Este. Arafat y la OLP quedaron en una posición muy débil frente al Estado de Israel. Se vieron obligados a reconocer el Estado de Israel y a acudir a unas negociaciones en las que nunca han podido negociar como iguales.

Esto ha llevado a unos acuerdos en los que los palestinos han conseguido muy poco: un pedazo de tierra seca sin los más mínimos servicios (agua corriente, luz…) y una dependencia económica total del Estado de Israel.

El desencanto provocado por el resultado de las negociaciones ha producido que surgieran, dentro de la OLP, divergencias. Este desencanto ha sido capitalizado en gran parte por los integristas de Hamas.

Estamos ante un movimiento palestino derrotado por un liderazgo oportunista y sólo nacionalista.

Pero, de hecho, existe una alternativa tanto a unos “acuerdos de paz” que significan muy poco para los palestinos, como a un liderazgo como el de la OLP o el de los integristas de Hamas.

La clase trabajadora árabe tiene una enorme tradición de lucha: en Egipto en 1977 una huelga general de 4 millones de trabajadores casi derrocó al gobierno de Sadat; en Irán, en 1979, fueron los trabajadores, no los integristas de Jomeini, los que derrocaron al régimen del Sha; la Intifada en los 80; etc.

La solución, aunque difícil, es la creación de un estado de los trabajadores laico, en Oriente Medio, sin discriminaciones hacia árabes o judíos.

En último término, una revolución de los trabajadores de Oriente Medio, que acabe con todos los regímenes corruptos de la zona y que ponga fin al lujo de una minoría a costa de la miseria de millones, es la única salida que puede traer la paz y la igualdad para la mayoría de la gente.

Apéndice 1: El sionismo y el Holocausto

El tema del Holocausto siempre sale cuando se habla de Israel. El sionismo lo utiliza para intentar justificar su actuación, y argumenta que cualquier crítica hacia Israel es automáticamente antisemita.

Por otra parte, muchos críticos del sionismo hacen comparaciones entre la represión israelí hacia los palestinos y la matanza llevada a cabo por los nazis. Sin embargo, es esencial no dejar que nuestra cólera hacia los crímenes contra la humanidad perpetrados por Ariel Sharon nos lleve a olvidar la magnitud del Holocausto nazi, ni mucho menos llegar a la barbaridad de pensar que la actuación israelí pueda justificar de alguna manera lo que hicieron los nazis. Un crimen contra la humanidad no justifica otro.

De todos modos, como demuestran los siguientes extractos de un trabajo de Judíos por la Justicia en el Oriente Próximo, El Origen del Conflicto Palestino-Israelí, la cuestión no es si el sionismo se puede justificar o no en base al Holocausto. Se trata de ver que, siendo el Holocausto un crimen terrible y, en número de víctimas, aún mayor que las atrocidades de Sharon, el sionismo no se dedicó a salvar a las víctimas, sino a sacar provecho para sus propios planes.

Nuevamente, la autoría del texto demuestra que ser antisionista no implica ser antisemita.

El texto proviene de Zmag: http://www.zmag.org/Spanish/0601orig.htm

El sionismo y el Holocausto

Por Judíos por la Justicia en el Oriente Próximo

«Las decisiones de la ONU de dividir Palestina y luego admitir al Estado de Israel fueron hechas, a un nivel, como una respuesta emocional a los horrores del Holocausto. En circunstancias normales hubieran prevalecido las incontestables reivindicaciones de la mayoría árabe. Esta reacción de culpabilidad de parte de los aliados occidentales era comprensible, pero eso no significa que los palestinos tuviesen que pagar por crímenes cometidos por otros: un ejemplo clásico de que no se subsana un error cometiendo otro.

El Holocausto es utilizado a menudo como el argumento definitivo a favor del sionismo, pero ¿se justifica esta conexión? Hay varios aspectos a considerar para dar una respuesta honrada a esta pregunta. Examinaremos primero la historia de lo que el movimiento sionista hizo en realidad para ayudar a salvar al judaísmo europeo de los nazis.

Shamir propone una alianza con los nazis

Aún en 1941, el grupo sionista Leji —uno de sus líderes, Yitzhak Shamir, llegó a ser más tarde primer ministro de Israel,— tomó contacto con los nazis, utilizando el nombre de su organización matriz, el Irgún (OMN.) [En la propuesta se afirmaba]: “El establecimiento del Estado histórico judío, ligado por un tratado con el Reich alemán, favorecería los intereses del fortalecimiento de una futura nación alemana con poder en el Oriente Próximo… La OMN en Palestina ofrece participar activamente en la guerra del lado alemán”…

Los nazis rechazaron esta proposición de alianza porque, según se informa, consideraban «insignificante» el poder militar del Leji.

¿No era el objetivo principal del sionismo salvar judíos del Holocausto?

En 1938 se realizó una conferencia de treinta y una naciones en Evian, Francia, sobre el reasentamiento de las víctimas del nazismo. La Organización Sionista Mundial rehusó participar, temiendo que el reasentamiento de judíos en otros estados reduciría la cantidad disponible para Palestina…

En la reunión (del Ejecutivo de la Agencia Judía el 26 de junio de 1938), se sintetizó lo que debían hacer los sionistas como “menoscabar lo más posible la Conferencia [de Evian] y llevarla a no tomar decisiones… Estamos particularmente preocupados de que podría llevar a organizaciones judías a recolectar grandes sumas de dinero para ayudar a los refugiados judíos, y que estas colectas interferirían con nuestros esfuerzos de recaudar donaciones”…

Ben-Gurión, fundador del Estado de Israel, declaró “Si supiera que sería posible salvar a todos los niños de Alemania transportándolos a Inglaterra, pero sólo la mitad, transportándolos a Palestina, escogería la segunda opción: porque está en nuestras manos no sólo el porvenir de esos niños, sino la propia realidad histórica del pueblo judío.”

El movimiento sionista… interfirió con otras organizaciones, judías y no judías y las obstaculizó, cada vez que imaginaba que su actividad, política o humanitaria, discrepaba de los objetivos sionistas o competía con ellos, incluso cuando ésta podría ser útil a los judíos, incluso si era asunto de vida o muerte… Beit Zvi documenta la indiferencia de la dirección sionista hacia el salvamento de judíos de la amenaza nazi, excepto en los casos en los que los judíos podían ser llevados a Palestina… [por ejemplo] la disposición del dictador de la República Dominicana, Rafael Trujillo, a absorber cien mil refugiados y el saboteo de esta idea por el movimiento sionista, así como de otras, como las proposiciones de asentar a los judíos en Alaska y en Filipinas.»

Apéndice 2: La hipocresía de EEUU

De Perspectivas de paz en el Oriente Próximo, por Noam Chomsky

http://www.zmag.org/Spanish/0701cho1.htm

“Veamos el caso de Israel-Palestina. Déjenme comenzar con el día de hoy. Volveré un poco a los antecedentes, pero contemplémoslo ahora. Así que miremos la lucha actual, lo que se llama la Intifada Al-Aqsa, y examinemos de cerca las reacciones de EEUU Esa es la parte que me preocupa más y la parte que debiera preocuparnos más.

Hay una posición oficial de EEUU, y fue reiterada justo ayer por el embajador de EEUU Martín Indyk. Dijo que no creemos que se deba recompensar la violencia. Lo de ayer fue una admonición severa a los palestinos, y hay muchas similares. Y es fácil evaluar la validez de esa pretensión. Así que evaluémosla de la manera obvia. La Intifada Al-Aqsa, la violencia que Indyk deplora, comenzó el 29 de septiembre. Es el día después de que Ariel Sharon, ahora primer ministro, fue a Haram Al-Sharif, el Monte del Templo, con unos mil soldados. Ocurrió más o menos sin incidentes, sorprendentemente. Pero al día siguiente, que era viernes, hubo una inmensa presencia del ejército cuando la gente abandonaba la mezquita después de las oraciones; hubo algunos lanzamientos de piedras y disparos inmediatos del ejército israelí y de la Patrulla Fronteriza, que resultó en la muerte de una media docena de palestinos y más de cien heridos. Eso fue el 29 de septiembre. El 1º de octubre, helicópteros militares israelíes, o para ser precisos, helicópteros militares estadounidenses con pilotos israelíes, escalaron fuertemente la violencia, matando a dos palestinos en Gaza. El 2 de octubre, helicópteros militares asesinaron a 10 personas en Gaza, hiriendo a 35. El 3 de octubre, los helicópteros atacaron edificios de departamentos y otros objetivos civiles. Y así continuó. A principios de noviembre, los helicópteros ya eran utilizados para asesinatos políticos taxativos.

¿Y cómo reaccionó EEUU? Bueno, la reacción estadounidense es interesante, y se trata de nosotros, recuerden, que podemos impedirlo, si queremos hacerlo. A mediados de septiembre, antes de que comenzaran los enfrentamientos, EEUU envió un nuevo embarque de helicópteros de ataque técnicamente avanzados a Israel. También a mediados de septiembre, hubo ejercicios conjuntos de los marines estadounidenses y de unidades de elite del ejército israelí: ejercicios de entrenamiento para la reconquista de los territorios ocupados. El papel de los marines era suministrar nuevo equipo avanzado que Israel no poseía y la capacitación en su uso y en las técnicas correspondientes. Fue a mediados de septiembre.

El 3 de octubre —el día en el que la prensa informó que helicópteros militares estaban atacando edificios de departamentos y asesinando a docenas de personas— el 3 de octubre, la prensa israelí anunció y luego la prensa internacional lo repitió, que EEUU e Israel habían llegado a un acuerdo —el acuerdo más grande en una década— para el envío de helicópteros militares estadounidenses a Israel. Al día siguiente las principales publicaciones militares informaron que ese acuerdo incluía nuevos helicópteros avanzados de ataque y repuestos para helicópteros antiguos, lo que aumentaría la capacidad para atacar objetivos civiles. Al respecto el ministerio de defensa israelí anunció que no podían producir helicópteros. No tienen la capacidad, de manera que los tienen que obtener de EEUU. El 19 de octubre, Amnistía Internacional publicó un informe apelando a Estados Unidos para que no enviara helicópteros a Israel bajo esas circunstancias, uno de una serie de informes de Amnistía Internacional.

Pasando al presente, el 19 de febrero, el Departamento de Defensa de este país —el Pentágono— anunció que Israel y Estados Unidos acababan de concluir otro acuerdo, un acuerdo por 500 mil millones de dólares, respecto a helicópteros avanzados de ataque Apache. Así llegamos al presente. Desde luego, menciono sólo algunos ejemplos.

Consideremos ahora cómo se maneja todo esto. Bien, en realidad le pedí a un amigo que preparara una base de datos al respecto. Resulta que todo esto no pasó desapercibido en la Prensa Libre. Hubo una opinión editorial en un periódico en Raleigh en Carolina del Norte. Hasta la fecha, es toda la cobertura de lo que acabo de describir. Es bastante impresionante, creo.

Ahora bien, no es que no sea conocido. Por supuesto que es conocido. No hay una oficina de noticias en el país que no esté perfectamente informada al respecto. Todo el que pueda leer los informes de Amnistía Internacional lo sabe. En realidad lo sabe todo el que quiera saberlo. Sin que venga al caso, se ha llamado específicamente la atención al respecto a los redactores de por lo menos uno de los mayores periódicos de EEUU.

Y seguramente no cabe la menor duda en ninguna oficina editorial o noticiosa de que es un tema de alto valor informativo. Pero evidentemente los que controlan la información no quieren saberlo o permitir que sus lectores lo sepan. Tienen buenas razones para no quererlo. Suministrar a la población informaciones sobre lo que se está haciendo en su nombre abriría ventanas que es mejor dejar cerradas si se quiere realizar un adoctrinamiento efectivo en el interior del país. Simplemente no funcionaría publicar esos informes lado a lado con la mención ocasional de que helicópteros estadounidenses atacan objetivos civiles o realizan asesinatos políticos taxativos, junto a los informes sobre severas admoniciones de EEUU a todas las partes de que se abstengan a usar violencia.

Es una ilustración, una de muchas, de cómo nos ajustamos al principio de que no creemos en recompensar la violencia. Y, de nuevo, presenta dos tareas a los ciudadanos honestos: la importante, haga algo al respecto. Y la segunda, trate de descubrir por qué se realizan semejantes políticas.

Ahora bien, sobre este punto, pienso que las razones fundamentales no son verdaderamente controvertidas. Hace tiempo que se comprende que la región del Golfo posee los mayores recursos de energía del mundo: es un recurso estratégico incomparable y una fuente de inmensa riqueza, y el que controle esa región no sólo tiene acceso a una riqueza enorme, sino que también tiene una influencia muy poderosa en los asuntos globales, porque el control de los recursos de energía es una palanca extremadamente poderosa en los asuntos del mundo. Son incomparables, mucho más que en cualquiera otra parte, por lo que se sabe, por lo menos los recursos fácilmente accesibles. Además, se espera que esa importancia crítica de los recursos de energía del Oriente Próximo siga continuando y que aumente en la práctica —tal vez aumente dramáticamente— en los años venideros.

La importancia del control sobre el petróleo fue comprendida por primera vez durante la Primera Guerra Mundial. En esa época, Gran Bretaña era la mayor potencia mundial y controlaba gran parte de esa región. Sin embargo Gran Bretaña no tuvo suficiente poderío militar después de la Primera Guerra para controlar la región mediante una ocupación militar directa. Había declinado hasta el punto en que ya no podía hacerlo. De manera que se orientó hacia otros medios. Uno fue el uso de poder aéreo, y también de los gases tóxicos, considerados la máxima atrocidad en esa época. Su partidario más entusiasta fue Winston Churchill, que apeló a utilizar gases tóxicos contra los kurdos y los afganos.

La utilización por los británicos de gases tóxicos ha sido ocultada durante muchos años. En 1980 se publicaron archivos al respecto, incluyendo el entusiasmo de Churchill. Cada vez que fui a Inglaterra y di una conferencia sobre cualquier tema, me aseguré de mencionarlo, y descubrí que los oídos de todos se taponaban. La información comenzó a filtrarse durante la Guerra del Golfo, pero los detalles sobre cómo los militares siguieron las directivas de Churchill seguían sellados. En 1992 el gobierno británico, bajo presión popular, instituyó una política de “gobierno abierto”, queriendo decir que en una sociedad libre y democrática la gente debiera tener acceso a informaciones sobre su propio gobierno. El primer acto realizado bajo la política de información abierta fue eliminar de la oficina de Archivos Públicos todos los documentos que tenían que ver con el uso de gas tóxico por Inglaterra contra los kurdos y los afganos y el papel de Churchill en ello. De manera que no vamos a saber mucho sobre el tema, gracias a la devoción a la libertad y a la democracia de la que nos enorgullecemos efusivamente.

Junto con el componente militar del control, también hubo arreglos políticos, que persisten de alguna manera. La Oficina Colonial británica durante la Primera Guerra Mundial propuso y luego implementó un plan para construir lo que apodaron una “fachada árabe”: estados débiles y acomodaticios que administrarían a las poblaciones locales, bajo control británico en última instancia, en caso de que se perdiera el control. En esa época Francia también se involucró —era un poder bastante importante— y también los Estados Unidos, aunque no eran un poder dirigente en los asuntos mundiales, eran suficientemente poderosos para participar en algo en la actividad. Los tres concluyeron el acuerdo de la Línea Roja en 1928 con el que se dividieron las reservas de petróleo del Medio Oriente entre las tres potencias. La que estaba visiblemente ausente era la gente de la región. Pero ésta estaba controlada por la fachada, con la fuerza bruta entre bastidores. Ése fue el arreglo básico.

En la época de la Segunda Guerra Mundial, EEUU se había convertido en la potencia mundial abrumadoramente dominante e iba a apoderarse sin mayores rodeos de los recursos de energía del Medio Oriente, sin duda alguna. Se removió a Francia sin miramientos. Y Gran Bretaña aceptó su papel de “socio comanditario” a regañadientes, en las compungidas palabras de un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores, su papel disminuyó gradualmente con el tiempo siguiendo las relaciones normales de poder. Mientras tanto Gran Bretaña se ha convertido en algo como el perro de presa de EEUU: un papel importante pero secundario en los asuntos mundiales. Debiera agregar que los Estados Unidos controlaban la mayor parte del petróleo del hemisferio occidental. América del Norte continuó siendo el mayor productor durante otros 25 años. Controlaba el petróleo del hemisferio occidental de manera particularmente efectiva, después que la administración Wilson expulsó a los británicos de Venezuela, que es el mayor productor.

EEUU se hizo cargo de la estructura establecida por los británicos, el principio básico permaneció. El principio básico es que Occidente (lo que quiere decir sobre todo Estados Unidos) debe controlar lo que allí sucede. Además la riqueza de la región debe fluir al Occidente. Eso significa en primer lugar a EEUU y Gran Bretaña: las corporaciones energéticas, los inversionistas, el tesoro estadounidense que ha dependido en mucho de los petrodólares reciclados, los exportadores, las compañías constructoras, etcétera. Ése es el punto esencial. Las ganancias tienen que fluir a Occidente y el poder tiene que permanecer en Occidente, sobre todo en Washington, en la medida de lo posible. Esos son los principios básicos.

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