Agenda anticapitalista

Votar por la ruptura democrática

02/11/2014

Diego Garrido

Los últimos acontecimientos han demostrado de nuevo que la desobediencia es el único camino hacia la independencia.

Los últimos acontecimientos han demostrado de nuevo que la desobediencia es el único camino hacia la independència.

9N | Las maniobras de Artur Mas para cambiar la consulta buscan solo su propia supervivencia

La tarde del lunes 13 de octubre saltaba la noticia por boca de Joan Herrera a su salida de la reunión de los partidos pro-consulta en el Palau de Pedralbes. La consulta tal y como se había convocado por decreto del Presidente, de acuerdo con la Ley de Consultas no Refrendarias aprobada por el Parlamento de Cataluña, no se haría, y la unidad de los partidos había quedado resquebrajada. Se cumplía lo que se venía previendo desde sectores diversos: por un lado, del Gobierno del Estado español, que tardó poco en jactarse de la “victoria” de su estrategia imperturbable de veto; por otro, los partidos y organizaciones catalanas en contra de la consulta, las cuales han basado sus posicionamientos en el discurso del miedo.

Asimismo, colectivos, partidos y medios de la izquierda transformadora a favor del derecho a decidir como éste, también hacíamos un análisis por el que se daría este paso atrás. Lo hemos dicho en muchas ocasiones: CiU forma parte del régimen, es un partido de orden que en ningún caso está dispuesto a desobedecer la legalidad.

Y más allá de eso, CiU no tienen interés en una ruptura para ir hacia la independencia si ésta conlleva una situación de confrontación con el Estado donde la movilización popular pueda ser la protagonista.

Sin embargo Artur Mas tiene un interés vehemente en el proceso soberanista como escenario político: mostrarse como figura imprescindible de este proceso avalando así el resto de su gestión recortadora, nada amiga del pueblo catalán que tanto defiende en el discurso nacional. El movimiento posterior a la suspensión de la consulta muestra un paso más en este tacticismo para alargar su legislatura, aplazando la ejecución del mandato que el pueblo catalán emitió en las últimas elecciones autonómicas, que no era otro que decidir directamente sobre la independencia de Catalunya.

Nuevo 9N

Así pues, el martes 14 de octubre recibimos el anuncio de un nuevo giro en el proceso, que convierte el 9 de noviembre en una jornada de participación donde se podrá votar pero sin aclarar en qué términos ni con qué garantías. Pasamos del estruendo de la noche anterior, en la que las redes sociales hervían de críticas al Presidente desde todos los frentes, a una cierta tranquilidad emitida por los medios de comunicación públicos de Cataluña y otros, como el Grupo Godó, porque “al fin y al cabo se votaría”. La discusión se desplazó rápidamente a cuáles serían las condiciones y garantías democráticas de este nuevo 9N, y al escenario de posibles elecciones “con carácter plebiscitario” que abrió Mas. Queda patente que esto es lo máximo a donde se llegará con este gobierno de la Generalitat, y que unas elecciones serán la única salida, aunque Mas las intente sesgar hacia sus intereses partidistas con “listas unitarias”, de momento nada claras.

Para los que defendemos que todo lo que no sea un referéndum que emita un mandato claro supone un fraude democrático, y que sabemos que sólo desobedeciendo la legalidad española se podrá celebrar, ha sido un duro golpe. Con el nuevo 9N han desactivado la posibilidad de organizar la desobediencia para esta jornada, ya que la movilización popular se enfocará a la participación en la propuesta institucional, para demostrar una vez más la voluntad masiva de la gente de decidir sobre su futuro. Puede ser un paso más, pero da la sensación de que a cada paso que se da como pueblo hay una cinta bajo los pies que se desliza hacia atrás, manteniéndolo en el mismo lugar. En algún momento habrá que romper el statu quo, y ese es el clamor que tiene que hacerse oír el 9 de noviembre.

En esta coyuntura, las reacciones del resto de partidos han sido oscilantes. ERC, como socio parlamentario de CiU que condicionó este apoyo a la consulta, es quien tiene más en juego. Su guión ha sido el de mostrarse indignada con el paso atrás de Mas y presentarse como la defensora más radical de la independencia, con propuestas un tanto surrealistas como la declaración unilateral inmediata, o volver a convocar la consulta tal como estaba planteada “hasta agotar todos los límites legales”. Pero se ha acabado encauzando dando apoyo crítico al nuevo 9N, manteniendo la idea de la declaración unilateral de independencia después de unas elecciones, que, al contrario que CiU, tiene interés en que sean lo antes posible. Sobre la candidatura unitaria aún no entra a valorar.

Por otro lado tenemos a Unió Democrática de Catalunya, que se ha sentido maltratada con la propuesta electoral que Mas ha lanzado sin consultarle, lo que muestra la cada vez mayor debilidad de la coalición. ICV-EUiA declaró en un primer momento que no apoyaría al nuevo 9N por no ofrecer garantías democráticas, y que haría una campaña de firmas para denunciar ante Europa el veto a la consulta por parte de España. En última instancia, ha cambiado su posición para movilizar de cara a la jornada de participación, manteniendo la recogida de firmas. Esto puede explicarse en parte por la amenaza de prohibición también de este nuevo 9N por parte del Estado español, que ha vuelto a revivir la figura del enemigo común contra el que los partidos pro-consulta cierran filas. El PSC y el PP siguen en sus posiciones monolíticas: consulta pactada con el Estado (aunque el Estado no quiera pactar) e ilegalización (aunque no haya una ley que ilegalizar), respectivamente. Y la ANC por su lado apoya el nuevo 9N y presiona por la convocatoria cuanto antes de las elecciones.

La via desobediente

La CUP-AE también tuvo una reacción muy crítica al paso atrás del Presidente, convocando una asamblea en la plaza Sant Jaume la misma noche del día 13 para explicar a todo el que quisiera la situación y plantear próximos movimientos. Dentro de sus posibilidades con 3 diputadas en el Parlamento, ha jugado bien sus cartas: se desmarcaron en el momento oportuno del camino marcado por la institución, y al ver la irreversibilidad del nuevo escenario, plantearon 11 puntos al Presidente a los cuales condicionaban su apoyo al nuevo 9N. Estos puntos buscan dar la mayor credibilidad y garantía posible, dentro de las limitaciones, al proceso participativo, y sirvieron para reunir de nuevo a los partidos a favor de la consulta en torno al nuevo 9N. El punto discordante fue, obviamente, pedir que no se acatara una nueva prohibición por parte del Estado, y que no quedara en manos del Gobierno de la Generalitat unilateralmente tomar estas decisiones, las cuales, según el comunicado de la CUP “quedan ahora supeditadas al debate previo y compartido en la búsqueda de alternativas para seguir garantizando el 9-N. En todo caso, la CUP continúa insistiendo en que la única vía es la desobediencia. “

¿Y después del 9 de noviembre? Las elecciones no son el escenario deseable porque como ya hemos dicho, suponen un fraude democrático, manipulando el proceso para que en vez de votar sobre la independencia, sigamos dando la llave de la negociación a los mismos. Pero para que este fraude no se cumpla, debemos prepararnos ya. En este sentido se presentó el 20 de octubre la “Crida Constituent”, que cuenta ya con más de 1.500 adhesiones, entre ellas las de Lluís Llach o Sergi López, para crear una candidatura unitaria, no en clave patriótica dominada por la oligarquía, sino en clave de ruptura constituyente desde abajo. Porque la independencia no se pide, se ejerce, y cuando las instituciones chocan con sus propios muros, sólo el pueblo organizado desde la base puede tumbarlos y construir un nuevo país. Del pueblo y para el pueblo.

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