Agenda anticapitalista

¿Viviremos una revolución independentista?

03/07/2014

Albert Botran

Pancarta de la Assemblea Nacional Catalana en las Terres de l’Ebre / Carlos Castellano.

Pancarta de la Assemblea Nacional Catalana en las Terres de l’Ebre / Carlos Castellano.

Referéndum | Los retos del movimiento independentista, popular y de izquierdas.

A estas alturas de la película no es necesario insistir en el carácter potencialmente transformador de los procesos independentistas escocés y catalán. Se ha defendido desde muchas voces de la izquierda. Desde las páginas de este periódico o desde La Hiedra, desde la posición que sostiene la CUP o desde opiniones externas como las de Tariq Alí o Noam Chomsky.

En el caso catalán, tras los múltiples factores que han hecho crecer los posicionamientos rupturistas, reside una crítica a la estructura del poder político (y en cierto modo, económico) vigente a escala del Estado español. Hay muchos puntos de contacto entre la crítica independentista del poder español y el “no nos representan” o el rechazo a “la casta”. Si a esto le sumamos la masiva activación popular que se ha producido al calor de la reivindicación independentista, tenemos los ingredientes de una revolución política sobre la mesa. Una revolución que quiera profundizar en la participación democrática, que abra un proceso constituyente hacia una República Independiente y que establezca un mayor control popular sobre las instituciones (y, por tanto, sobre la clase dominante).

Sin embargo, no existe una herramienta que pueda articular el polo de izquierdas dentro del independentismo, y que pueda orientar este grueso de población movilizada hacia estos objetivos de transformación social. Al menos, una herramienta a la altura de las circunstancias que requiere el momento. Es desde este punto de vista que vivimos inmersos en la paradoja de estar en un proceso rupturista, dentro del cual desconfiamos que la dirección que quiere imprimirle CiU pueda ser la de encontrar, cuando sea mejor, un nuevo pacto con las élites del estado. Sería, de nuevo, lo de cambiar todo para que nada cambie.

Pero el deber de cualquier organización revolucionaria es no desaprovechar una coyuntura de crisis, contribuyendo a que sirva para avanzar en los objetivos populares. Por lo tanto, lo que nos queda por hacer es incidir al máximo en el proceso. No debemos perder de vista que el independentismo mayoritario, si bien ideológicamente puede estar influido por el liberalismo hegemónico, tiene una base popular indiscutible.

Triple reivindicación

En mi opinión, esto implica extender masivamente una triple reivindicación. En primer lugar, que el 9N se debe votar a toda costa sobre la independencia, sin tergiversar el contenido del referéndum introduciendo la votación de hipotéticas ofertas de reforma del estado. En segundo lugar, que la victoria del sí nos debe llevar hacia la proclamación de una República Independiente, huyendo de fórmulas mixtas (estado libre, estado asociado…) que servirían para mantener con más facilidad resortes de poder de la actual clase dirigente. Porque, en tercer lugar, lo que hay que poner en marcha es un proceso constituyente participativo y transformador. No una constitución negociada a puerta cerrada bajo las presiones de los poderes fácticos locales e internacionales.

Podríamos añadir que lo que tenemos que hacer desde el independentismo de izquierdas también es articular alianzas internacionales alternativas a las que plantea CiU. La apertura de un proceso democrático en el sur de Europa, en una de las sociedades castigadas por la troika y el austericidio, debería ser mirado con mucha más complicidad por la izquierda internacional. Pero esto dependerá de qué nos sepamos explicar.

En cualquier caso, desde la izquierda y la Unidad Popular debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que el actual movimiento de masas independentista, en su proceso de enfrentarse al estado, haga un salto cualitativo y tome la forma de una revolución política que cuestione los fundamentos sociales del estado capitalista español.

Albert Botran es Militante del MDT y la CUP

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