Agenda anticapitalista

Semana Santa: No sólo opio

31/03/2014

Rodrigo Alés

Semana Santa dones

Lamentablemente la visión de las religiones y sus manifestaciones, así como la manera de relacionarse con la gente religiosa, reviste entre gran parte de la izquierda tintes sectarios. Desde la islamofobia al análisis de la Semana Santa en Andalucía, se tacha a las personas creyentes como irracionales y retrógradas.

Al igual que con respecto al Islam o al Judaísmo, desde el marxismo no defendemos la religión católica. Por ejemplo, y como haría toda la izquierda, denunciamos las prácticas machistas que se dan en la Semana Santa, como el papel subalterno de las mujeres en las cofradías –donde en los puestos directivos brillan por su ausencia- o hechos tan graves como el acaecido en Rute, Córdoba, dónde una adolescente de 15 años no será dama de las Fiestas de la Virgen de la Cabeza porque a su cofradía no le parece bien que hubiera abortado.

Pero como pasa en otras religiones, existe otra cara de esta fiesta. Al igual que no es lo mismo el Opus Dei que la Teología de la Liberación, no es igual una cofradía, digamos del barrio de los Remedios de Sevilla que una de un pueblo jornalero del interior de Andalucía.

Y como la clase trabajadora está llena de contradicciones, muchas de las personas que llenan las calles para ver procesiones o vestirse de nazareno son las mismas personas que han acudido a las Marchas por la Dignidad en Madrid el pasado 22 de marzo o se han movilizado en el ciclo de protestas que abrió el 15 de mayo de 2011.

Por eso, la visión de gran parte de la izquierda no ayuda a la hora de tender puentes hacía la gente cofrade, en su gran mayoría de clase trabajadora. Es coincidente con la visión racista del pueblo andaluz como atrasado. Apelar a la prohibición de fenómenos como las procesiones o su ridiculización nos sitúa en el mismo punto muerto que el no respetar a las mujeres musulmanas que quieran llevar el hiyab. La experiencia francesa, donde hasta organizaciones de la izquierda radical han adoptado esa visión paternalista, sólo conduce a la división de los de abajo.

Eso no significa que la izquierda deba dejar de decir lo que piensa sobre la religión –siempre desde el respeto- y de plantear alternativas. Un ejemplo de cómo la izquierda puede proponer con éxito otras actividades en estas fechas, es la Semana por la Paz en Marinaleda, dónde conciertos, charlas y discusiones sobre otro mundo posible tienen lugar a pocos kilómetros de la clásica Semana Santa. Disputar la hegemonía también es posible en estas fiestas.

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