Agenda anticapitalista

Riot Girrrl: sacudiendo el punk con feminismo

02/12/2013

Itziar Cedar

08_the-punk-singerThe Punk Singer es el título del nuevo documental dirigido por Sini Anderson, en el que se relata la historia de la cantante feminista Kathleen Hanna y su repercusión en el movimiento Riot Grrrl a principios de los 90. La película incorpora en la banda sonora el propio grupo de la artista: Bikini Kill, con unas letras muy críticas y politizadas. El film nos muestra una variada compilación de sus conciertos y algunas entrevistas y acciones vinculadas al movimiento Riot Grrrl, un movimiento que mezclaba punk y feminismo.

Hanna es considerada como una de las precursoras de este movimiento. En 1991 comenzó a escribir en una revista, que después dio nombre al movimiento, Riot Grrrl en la que se hacía un llamamiento al activismo feminista y su involucración en la escena punk. En una de las entrevistas en el año 2000, Hannah afirmaba: “Siempre había querido empezar una revista con contenido potente y reivindicativo, y quería ver si las otras chicas punks que estaba conociendo en Washington estarían interesadas en la revista”. Hanna se dio cuenta de que con una revista no era suficiente: “La gente sólo quería aprender a tocar un instrumento, ir de conciertos y escribir fanzines. Y así fue. Esto tuvo cierto eco en la prensa y chicas de otros lugares adoptaron una actitud de ‘yo quiero hacer eso’, quiero empezar a hacer una de estas cosas”.

A partir de ahí el movimiento se fue desarrollando y permitió que las mujeres pudieran crear su propio espacio dentro de la escena punk, la cual estaba (y sigue estando) dominada por los hombres. Las mujeres podían llegar a la parte de delante de la multitud para unirse al pogo, pero tenían que esforzarse diez veces más. Incluso en algunos conciertos se habían dado casos de mujeres abusadas sexualmente, aprovechando los ambientes poco luminosos y llenos de gente.

Machismo punk

Los grupos del movimiento Riot Grrrl comenzaron a utilizar sus conciertos para cambiar esta dinámica sexista y empezar a crear ambientes de concierto donde las mujeres pudieran disfrutar de la música y sentirse seguras. Esta rotura con la convención del machismo punk no fue bien recibido por muchos de los seguidores masculinos que criticaban la presencia de los grupos de este movimiento dentro del punk. “Durante años me ha sorprendido mucho esto” dice Hanna, “no sé porque los llamados punk-rockers se sienten tan amenazados por una pequeña sacudida en la aburrida dinámica del ambiente estándar que se da en los conciertos. ¿Qué gracia tiene que todos los conciertos sean iguales, 50 chicos hardcores sudados y chocando entre ellos, saltando sobre las cabezas de los demás?”.

El movimiento Riot Grrrl tenía como objetivo principal incorporar a las mujeres que no querían seguir unos estereotipos y unas convenciones sociales esquematizadas, y poder disfrutar de un nuevo estilo de vida, donde podían ser libres y reivindicar sus derechos como mujeres a través de la música punk.

Pablo García Márquez, autor del blog Cine Maldito, define a Hanna como “una tía que no se quedó anclada en los 90 y siguió evolucionando sin traicionar su música, yendo en la mayoría de los casos por su cuenta”. Sin duda, Hanna y el movimiento Riot Grrrl se convirtió en uno de los faros más potentes del movimiento feminista dentro de la música.

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