Agenda anticapitalista

Qué piensa En lucha | Atacar el eslabón más débil

02/03/2013

La situación actual del Estado español es compleja. En el plano político el capital está en fase reaccionaria. Es decir. actualmente el liberalismo no puede seguir creando riqueza en el Estado español. Esta tendencia económica provoca una reacción en cadena en el plano político; la alianza entre diferentes clases sociales, que fundó el pacto social de la Transición, carece ya de las contrapartidas que ofrecía la oligarquía económica y política a las clases populares. Ya no nos dan ni las migajas.

Tanto es así que nos encontramos en una situación de impás político donde dos proyectos sociales compiten para hacer prevalecer sus intereses. El primer proyecto, con programa y protagonistas claros, tiene por objetivo limar hasta la miseria la pobre democracia española, el raquítico estado del bienestar y los modestos derechos sociales y laborales. El segundo proyecto, que no tiene todavía planes estratégicos ni objetivos bastante definidos, defiende los intereses de las amplías mayorías del Estado español. Es un campo en expansión y que madura a gran velocidad, pero su fuerza no ha pasado todavía —con honrosas excepciones como la PAH— de una fase de rechazo y protesta a la consecución de victorias concretas y materiales, ya sean de tipo político o económico. Lo único que comparten los dos proyectos es la necesidad de superar el régimen constitucional actual, un pacto social que la clase dirigente ya sentenció de muerte con la reforma constitucional.

Está claro, pues, que en esta pugna entre el capital y las personas, en la fase actual de la lucha de clases, la Troica, el gran capital y el PP son los claros ganadores. Una fase de desvergüenza neoliberal en la cual la correspondencia y complicidad entre la patronal y el gobierno del PP se ha olvidado totalmente de los frenos, ya muy desgastados, que ejercía el supuesto pacto social con sindicatos y agentes sociales. La Troica europea ha celebrado y rubricado recientemente estas conquistas.

Contra esta dinámica, las movilizaciones del 2013, en especial las del 23F, representan una nueva fase en la lucha de las clases populares. La poderosa confluencia expresada en las mareas de algunos sectores laborales y el 15M, que cada vez explicita más su fuerza y condición de trabajadora, son una fuerza social creciente que ha madurado enormemente con experiencias como Rodea el Congreso o la lucha de los mineros. Un contexto donde podemos afirmar muy satisfactoriamente que el liderazgo y la dinamización de muchos conflictos recae de forma creciente en las mujeres, que luchan no sólo contra la precarización de sus condiciones de vida, sino también en contra de actitudes machistas todavía demasiado presentes dentro de los movimientos sociales y sindicales.

El proyecto en construcción de las clases populares choca frontalmente con la sorprendente inercia y resistencia de un PP enrocado en su mayoría absoluta, pero con serias dificultades para presentarse como un gobierno serio que respeta la voluntad popular. Por este motivo las mareas necesitan un objetivo político claro que enfoque las fuerzas hacia el eslabón más débil y ayude a articular la rabia y la desesperación social; unamos las luchas para tumbar el gobierno.

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