Agenda anticapitalista

Precariedad | La juventud invisibilizada en marcha

01/05/2013

Aitor Bayón expone la precaria situación de la juventud del Estado español que ha llevado al colectivo Juventud Sin Futuro a impulsar la campaña “No nos vamos, nos echan”.

La juventud en el Estado español está invisibilizada. Como con tantos otros colectivos, se intenta camuflar la situación social que vive para no reflejar un drama social. En el manifiesto de constitución del colectivo Juventud Sin Futuro (JSF), allá por marzo de 2011, se reflejaba que la juventud en el Estado español tenía una tasa de paro del 40%; en las pancartas de su última convocatoria de manifestaciones, el 7 de abril de 2013, ya figura el 52%. Y ese dato no para de crecer.

Cuando hablamos de invisibilidad, nos referimos a problemas sociales que no salen a la luz. Personas adultas pero jóvenes que no pueden comenzar un proyecto de vida autónomo y propio. Lo único que se consigue es oscilar entre el trabajo precario –cuya tasa está en un 85%–, que da la posibilidad de conseguir la ilusión de esa autonomía, y el paro, que vuelve a situar a la persona joven en el lugar que la han asignado los poderes –es decir, la infancia permanente.

Esta es la situación que hace que las personas jóvenes estén optando por la emigración. Pero, como bien dicen: “Fuera puede que haya más trabajo, depende donde te vayas; pero la precariedad es la misma”. Como vemos, el problema no solo es el paro, sino las condiciones laborales que se están creando para esta generación. Estas condiciones son iguales en todas las zonas de la UE y sólo persiguen el aumento de beneficios por parte de las empresas.

En relación a la emigración, cabe señalar el discurso tramposo que se está realizando desde los medios de comunicación y el poder. En una sociedad convencida de que forma parte del primer mundo, asumir la condición de asalariado o asalariada emigrante por cuestiones económicas se hace muy duro. Por ello, desde las instituciones citadas se pone empeño en señalar que las personas jóvenes no emigran, sino que realizan un proceso de “movilidad externa”, como decía la ministra de Trabajo Fátima Báñez. Además, se suele distinguir entre las personas tituladas universitarias que emigran y las que no lo son, aunque ambas acaben realizando los mismos trabajos en el extranjero. Son igual de emigrantes que las personas que vinieron y vienen a nuestros barrios de otros lugares del mundo, y que lo hicieron huyendo de las mismas situaciones de desigualdad, creadas por las mismas políticas neoliberales impuestas en todo el planeta.

Cuando se señala esto, ponemos el énfasis en la unidad entre las personas trabajadoras, sean paradas o activas, tituladas universitarias o con estudios básicos, de aquí o de fuera, inmigrantes o emigrantes. Pues en las crisis económicas, el capitalismo pretende dividirnos y que el 99% se enfrente entre sí para que el 1% siga viviendo bien. Además, esta división es el caldo de cultivo del fascismo, como podemos ver en Grecia con Amanecer Dorado o en Catalunya con Plataforma per Catalunya, entre otros. Por tanto, la respuesta debe ser unitaria.

Desde JSF siguen teniendo claro que estos dos años, desde la primera manifestación que antecedió a la del 15M, en la que también participaron, han sido una “batalla larga”. Y señalan: “Queremos aportar nuestro grano de arena para que el cambio sea mejor, reivindicando el derecho a la vivienda, a la sanidad, a la educación, que se profundice en el concepto de la democracia. No estamos dispuestos a que nuestro dinero se vaya a rescatar bancos”.

Por ello han venido realizando una campaña en la red, “No nos vamos, nos echan”, para recoger el testimonio de jóvenes que han tenido que salir para encontrar algún trabajo. Recibieron más de 7.000 historias y esto les llevó a ver la necesidad de convocar una manifestación para mostrar el rechazo a la emigración forzosa, a la que se está viendo sometida la juventud. La convocatoria tuvo lugar en 33 lugares alrededor del mundo, en sitios tan dispares como Vietnam, Dublín, Montevideo o Madrid. A ellas acudió una juventud precaria harta de su situación. Aunque, como comprobamos en Madrid, no se consigue conectar todavía con el grueso de ese 52% u 85% de jóvenes que están en el paro y en la precariedad, respectivamente.

Las siguientes campañas de JSF, la difusión de la Oficina Precaria que crearon para generar apoyo mutuo entre la juventud y el reforzamiento de los grupos de base, intentando que lleguen a los barrios, deben ser el eje para la articulación de la juventud. Esa juventud que no acaba de asimilar que lo que le depara el futuro es una vida en la precariedad. Y que debe ser precisamente su generación, la que puede articular las respuestas a la actual situación para evitar ese futuro, y así sentar las bases de un futuro digno decidido desde abajo.

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