Agenda anticapitalista

¿Por qué debemos organizarnos?

23/05/2011

Por Diego Mendoza. Los movimientos sociales y los espacios de lucha no son constantes: tienen subidas y bajadas, o incluso pueden desaparecer. Incluso las luchas de larga duración tienen subidas, bajadas y crisis en medio. Ésta es una limitación importante para poder articular una respuesta sólida. Las organizaciones revolucionarías pueden jugar un papel clave a la hora de mantener viva esta llama y dar continuidad a las luchas y a la gente que participa.

Como activistas individuales tenemos una fuerza limitada a la hora de luchar contra el sistema. Las organizaciones multiplican nuestra fuerza y nuestra coordinación para hacer que la lucha sea más fuerte. El hecho de participar colectivamente nos permite estar en muchos frentes a la vez, incidiendo en su orientación y trabajando en su construcción y expansión. No sólo tenemos compañeros y compañeras detrás para reforzar un espacio o una lucha concreta cuando es necesario, sino que nos aporta a los y las activistas un cuerpo teórico, un análisis estratégico y un espacio de reflexión y debate que nos permite clarificar qué debemos hacer y hacia dónde ir.

Si bien es cierto que el estallido de las luchas se puede dar de forma espontánea —como ha pasado en buena parte con el movimiento de las acampadas—, la formación de un polo de oposición sólido, así como la continuidad de estos movimientos, está fuertemente condicionada por la participación de colectivos, ya sean sindicales o políticos. Lo hemos visto en Túnez y Egipto, donde las luchas obreras, junto con el trabajo conjunto de las fuerzas de oposición, han sido un elemento clave por el triunfo de las revoluciones democráticas. La implicación de organizaciones revolucionarias en estos proceso —como la de la organización germana de En Lucha en Egipto, los Socialistas Revolucionarios— ha sido importante a la hora de animar la gente a luchar. También lo será a la hora de mantener vivos los espacios de autoorganización de base creados durante la revolución y hacer ganar confianza a la gente que ha participado. Así se pueden llevar más allá las luchas, contrarrestar la influencia y superar las contradicciones de los grupos reformistas.

Actualmente, cuando nos encontramos en medio de una revuelta, podría parecer que la participación en el movimiento es suficiente. Aun así, en todos los procesos de lucha hay muchas situaciones contradictorias. El movimiento evoluciona de forma fragmentada, con orientaciones diferentes a cada lugar. En algunos lugares hay propuestas que están ayudando a impulsar la lucha y en otros que las acampadas se estanquen. La existencia de organizaciones revolucionarias trabajando dentro del movimiento permite, por un lado, ayudar a hacer confluir las dinámicas de los diferentes lugares, potenciando fechas y propuestas de movilización que vayan a una y vertebren el movimiento. Por otra, puede generalizar las propuestas más avanzadas de cada lugar, ayudando al resto a quemar etapas.

También encontramos que la influencia de las ideas de la clase dirigente es muy grande. Muchas de las personas que empiezan a luchar ahora pueden compartir parte de las ideas anticapitalistas y parte de las ideas de la izquierda institucional. La organización revolucionaria ayuda a reforzar el polo anticapitalista dentro del movimiento y acelerar los debates y los procesos de aumento de la conciencia que se dan durante las luchas.

Nos enfrentamos a un enemigo, el capitalismo, muy centralizado. Sólo si tenemos un corazón de activistas anticapitalistas muy organizados podremos pasar de la revuelta a la revolución.

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