Agenda anticapitalista

Obama frente a Romney: el lobo sin apenas piel de cordero

13/11/2012

Pau Alarcón (@Pau_latina_ment)El presidente demócrata representa también los intereses del 1%. Obama echó al odiado Bush de la presidencia en 2008 subido en un tsunami de esperanza que el partido Demócrata no generaba desde el New Deal tras la Primera Guerra Mundial. La población negra y latina, la gente joven y de izquierdas volcó en las urnas su deseo de cambio. Dos meses después, una encuesta mostraba una aprobación del 80%. Pero la desilusión llegó pronto y 10 millones de sus votantes se abstuvieron en las elecciones legislativas de 2010.

El desencanto con Obama se debe a falsas promesas, recortes masivos en seguridad social y sistema sanitario, ataques a las condiciones laborales, etc. Pese a la supuesta “recuperación”, el desempleo es del 8% y el ingreso familiar se ha reducido cada año –incluso peor que en la recesión. La razón es la acumulación de capital: el 1% literal de la población más rica ha pasado de acaparar el 65% del incremento de la riqueza entre 2002-2007 al 93% en 2010.

En política exterior, Obama ha continuado la sangrienta estrategia de la Guerra contra el Terror, incluso superando a Bush en atrocidades –como ya hicieran los demócratas en la Guerra de Vietnam. La supuesta ruptura, encarnada en la promesa de cerrar Guantánamo, escondía una estrategia imperialista que ha continuado las guerras de Irak y Afganistán, extendiendo el conflicto a Pakistán, Yemen, Somalia y resucitando la idea de la “guerra humanitaria” en Libia.

Hay algunas diferencias entre ambos partidos, como el aborto, el matrimonio gay o el racismo. Obama propone subir un 2% los impuestos a los ricos, mientras Romney planea perdonarles 5 billones de dólares. El primero aspira a extender la cobertura sanitaria, el segundo a excluir a 27 millones de personas más. Sin embargo, en el caso de Obama se trata de promesas, que ya tuvo oportunidad de realizar en su anterior mandato.

El partido Demócrata, a diferencia de otras formaciones socialdemócratas como las europeas, carece de una estructura de partido conectada a una base de afiliación popular y de gente trabajadora. Se trata más bien de un conglomerado de políticos profesionales en torno a una enorme maquinaria electoral y de gobierno.

Los dos partidos, que se han desplazado hacia la derecha en los últimos años, comparten una misma agenda neoliberal: aplastar derechos laborales para mejorar la competitividad empresarial en la economía global. Su medicina ante la crisis es idéntica: austeridad y recortes. El debate se limita a la dosis, sin demasiadas diferencias.

Se trata de dos candidatos del 1%, como evidencia el origen de sus financiaciones: tres cuartas partes de las donaciones para las campañas tanto de Obama como de Romney provenían de grandes corporaciones como Goldman Sachs o JP Morgan.

La alternativa al neoliberalismo y los recortes está en las luchas, como mostró la victoria de la huelga de nueve días del profesorado de Chicago contra la austeridad y el gobierno demócrata.

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