Agenda anticapitalista

Nuestra historia | Cómo se ganó la Revolución Rusa

04/07/2011

Por Daisy Farnham. El movimiento 15-M ha planteado de nuevo la posibilidad de cambiar radicalmente la sociedad. Pero, ¿cómo se puede construir una nueva sociedad más allá del capitalismo? ¿Tomamos el control del estado capitalista, presionamos para conseguir cambios dentro del sistema, o construimos otra estructura?

La historia nos ofrece numerosas experiencias revolucionarias de las que podemos sacar lecciones hoy. Una de ellas, a menudo escondida por el dañino legado del estalinismo, es la Revolución Rusa de 1917, cuando las y los trabajadores se levantaron y se organizaron para crear la sociedad más democrática que ha existido en la historia.

Como el 15-M hoy, el levantamiento de centenares de miles de personas en Rusia en febrero de 1917 sorprendió a todo el mundo. Ante la pobreza, la Primera Guerra Mundial y la tiranía del Zar Nicolás II, una protesta de mujeres contra el racionamiento impulsó una explosión de huelgas, manifestaciones y deserciones del ejército. En 48 horas el régimen del Zar se derrumbó.

Al calor de las movilizaciones, las y los trabajadores volvieron a crear las mismas organizaciones democráticas que surgieron durante las huelgas de masas del “ensayo general” de la Revolución de 1905; los soviets —palabra rusa para consejo. Cada centro de trabajo tenía una asamblea donde todo el mundo debatía y tomaba decisiones. Elegían trabajadoras y delegadas que eran directamente responsables ante todo el mundo, a la vez que podían ser reemplazadas inmediatamente si no cumplían las expectativas de la asamblea.

Inicialmente, los soviets cumplían un papel puramente económico; defendían los sueldos y las condiciones de trabajo, pero fueron asumiendo un papel político clave. Empezaron a exigir y conseguir control sobre los contratos y los despidos en cada fábrica y acabaron estableciendo una red de coordinación de base para gestionar la producción y la distribución.

Fundamentalmente, los soviets no actuaban separados de la gente, sino que eran órganos de activistas arraigados en la clase trabajadora. La propia gente realizó todos los cambios de la sociedad; se establecieron guarderías, lavanderías, milicias de trabajadores en vez de policía, etc. A su vez, los comités campesinos reclamaron y colectivizaron la tierra y también se formaron soviets de soldados.

Tomando el poder

Aunque en la práctica los soviets gestionaron y coordinaron el funcionamiento de la sociedad entera, el Gobierno provisional burgués que había reemplazado al régimen zarista seguía teniendo el poder formal. Había una situación insostenible de doble poder. La pequeña clase dirigente defendía una democracia representativa para proteger sus privilegios y la desigualdad, mientras que la clase trabajadora defendía una democracia directa desde abajo, la igualdad y la producción para cubrir las necesidades sociales.

Ante esta situación es imprescindible que se tome el poder y se acabe con el estado capitalista. Si no se termina con el viejo estado y se reemplaza por otro nuevo y diferente para defender los intereses de la mayoría, el antiguo régimen va recuperando fuerzas e influencia para restablecer el viejo sistema de explotación, la desigualdad y la opresión.

La historia nos enseña que tanto cuando se ignora como cuando se colabora con el estado, se asegura el fin sangriento de la revolución. Como sucedió en la Revolución Española de 1936, el estado, aunque se vio despojado de su poder material, usó todos los medios disponibles para minar la conciencia revolucionaria de la gente y recuperar su control.

En cambio en octubre de 1917, las masas rusas, empujadas en gran parte por el Partido bolchevique, un partido revolucionario y realmente democrático, realizaron una insurrección popular —y por tanto con muy pocas muertes— que destrozó el caparazón del gobierno burgués. Se centralizaron los soviets en un comité ejecutivo de representantes para así poder coordinar e impulsar todos los cambios que la propia gente realizaba en la práctica. Fue un verdadero “estado” de los y las trabajadoras.

El éxito de la Revolución Rusa dependía de la extensión de la revolución a través de Europa y el mundo, una posibilidad real en el contexto de levantamientos, motines y huelgas de masas que conmocionaron el mundo en aquella época. Pero las otras revoluciones no tuvieron éxito y 14 países imperialistas invadieron Rusia. El sistema burocrático que se fue formando bajo Stalin, debido a este aislamiento, suele manchar la impresionante historia del logro de una sociedad socialista, aunque ésta fuera temporal.

Sin embargo, la Revolución Rusa creó una sociedad igualitaria y realmente democrática que en unos meses extendió los derechos sociales más que ningún país capitalista durante dos siglos. Para no repetir los errores de numerosos movimientos revolucionarios fallidos del pasado, hay que recordar la importancia de derrumbar el aparato del estado capitalista para así poder construir una nueva sociedad verdaderamente democrática y libre de explotación y opresión.

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