Agenda anticapitalista

Mayo del 68: Cuando lo imposible se hizo real

01/05/2014

Itziar Cedar

La protestas comenzaron por las malas condiciones del alumnado.

La protestas comenzaron por las malas condiciones del alumnado.

Rebelión | El movimiento estudiantil hizo estallar un proceso revolucionario.

Los hechos de mayo de 1968 tienen sus raíces en una época donde surgieron las primeras protestas contra la guerra de Vietnam a nivel internacional, acompañadas de un crecimiento de conciencia antimperialista que permitió politizar un gran número de estudiantes en todo el mundo. En Francia, a finales de los 50 se creó un sindicato de estudiantes de clase que tuvo continuidad hasta principios de los 60, impulsado por un sentimiento de oposición a la represión de Argelia por parte de las tropas francesas. En ese momento, el 50% de las estudiantes se identificaba con el sindicato estudiantil nacional (UNEF) que estaba liderando la lucha contra la guerra. No obstante, en 1962 cuando la guerra se terminó, el nivel de implicación estudiantil que se había alcanzado decayó. El número de estudiantes del sindicato bajó en picado y la UNEF perdió fuerza
–aunque no por mucho tiempo.

Todo volvió a empezar en un pequeño campus en las afueras de París llamado Nanterre, que se había construido recientemente para acoger al gran número de estudiantes que ingresaban en la universidad. Las protestas comenzaron inicialmente por las malas condiciones en que se encontraba el alumnado. Se sobrepasaba el límite de capacidad, se imponían restricciones autoritarias, no habían accesos a las actividades culturales de la ciudad, etc. Y así se desencadenaron una serie de protestas que fueron tomando más fuerza a medida que la situación empeoraba, pero participaba sólo una minoría.

Salta la chispa

No fue hasta la ocupación de la universidad que el alumnado no politizado comenzó a tomar posición, cuando la represión de la policía despertó el sentimiento de solidaridad en el campus. Entonces, la UNEF convocó una huelga junto con el sindicato de profesores “progresistas” (SNE Sup) para los días 6 y 7 de mayo, que recibió el apoyo y la participación de miles de estudiantes en toda Francia, donde también se sumaron profesorado y alumnado de secundaria. Evidentemente, la policía también estuvo presente reprimiendo e intentando frenar la movilización. Estas protestas tuvieron una gran importancia para, entre otras cosas, la determinación que tuvo el alumnado en enfrentarse a la represión de las fuerzas policiales, lo que influyó a una gran parte de la clase trabajadora. Los días siguientes, las protestas y movilizaciones siguieron creciendo y elevando la participación, consiguiendo que un número considerable de personas trabajadoras se unieran. Hasta ahora habían tenido una visión negativa del movimiento estudiantil promovida por la burocracia del sector obrero, pero que quedó totalmente desmentida al ver la capacidad e iniciativa de organización que tenía el movimiento.

El miércoles 8 de mayo aparecieron por primera vez los líderes de los sindicatos de París y algunos políticos de izquierdas para controlar y reducir la movilización. Cuando la policía finalmente bloqueó el camino a las ocho de la tarde, los entusiastas delegados, para no ofender a sus nuevos aliados, ordenaron una tranquila dispersión. Esto provocó una desmoralización de parte de la gente movilizada, que creían que el movimiento había sufrido una derrota irreversible por culpa de la maquinaria sindical. Un antiguo líder de la UNEF dijo el día siguiente en una reunión: “Afortunadamente para nosotros, el gobierno no se retiró anoche, ya que en tal caso, nosotros también lo habríamos hecho. A pesar de la extraordinaria aptitud combativa, el movimiento ha mostrado su vulnerabilidad”.

La noche del viernes 10 de mayo, conocida como la “noche de las barricadas”, fue la noche en que las estudiantes que habían sido reprimidas por la policía los días previos decidieron mantenerse firmes y seguir luchando. A medianoche se encontraban en las barricadas que se habían construido en el Quartier Latin horas antes para protegerse de los ataques de la policía. Esa noche pasó a una velocidad supersónica, cuando reporteros de la radio comenzaron a emitir todo lo que estaba pasando y a alentar a la audiencia para que se uniera a la gente sublevada, lo que dio resultado y más gente se añadió. Un testigo que estuvo participando en las barricadas dijo: “Literalmente, cientos de personas estaban ayudando a construir las barricadas: estudiantes, mujeres, obreras, gente en pijama, etc. Se formaron cadenas humanas para transportar materiales. Aunque pasaba instantáneamente y en muy poco tiempo tuvimos unas barricadas de un metro de alto por todas las calles del barrio”. Y se dice que Ernest Mandel, trotskista belga, subió sobre una barricada y dijo: “¡Qué precioso! ¡Es la revolución!”, mientras veía cómo su propio coche se prendía en llamas.

Poder dual

El día 13 los sindicatos franceses liderados por el partido comunista convocaron una huelga general con el objetivo de controlar la situación. Se contó con la participación de un millón de personas y el alumnado volvió a ocupar la universidad. Paralelamente se crearon comités de acción, de estudiantes, de empresas y trabajadoras, involucrando a la gente para crear una fuerza unificada entre personas trabajadoras y estudiantes. Por este mismo motivo, la maquinaria sindical, inicialmente, no pudo monopolizar el movimiento que se vio plenamente organizado por el poder unitario de la gente. Fue la manifestación más grande que había visto en la ciudad desde la liberación de la ocupación nazi en 1944, y se creó lo que se llama “poder dual”, donde la clase trabajadora toma poder paralelamente al poder del gobierno.

Los hechos de mayo son un claro ejemplo de transformación social que se debe utilizar como referente, sin repetir los errores y aprovechando las oportunidades revolucionarias. Un referente que nos muestra que sí es posible una nueva forma de poder, construido en las barricadas, los comités de acción y en las ocupaciones de fábricas y universidades.

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