Agenda anticapitalista

Los sindicatos: una herramienta de lucha colectiva

04/07/2011

Tamara Ruiz nos habla del papel que juegan los sindicatos en la defensa de los derechos de los trabajadores y la necesidad de combatir el sectarismo y promover la unidad sindical para luchar contra los recortes sociales.

Las direcciones sindicales de CCOO y UGT ya firmaron acuerdos perjudiciales para la clase trabajadora con el gobierno de Zapatero. Primero pactaron la Reforma Laboral y después la Reforma de las Pensiones, con el retraso de la edad de jubilación. Por si eso fuera poco, en estos momentos se mantienen expectantes frente al nefasto decreto del Gobierno sobre los convenios colectivos –que no hará más que agravar la situación de la clase trabajadora– insistiendo en la negociación con la patronal en vez de impulsar movilizaciones.

Que las cúpulas sindicales de estos sindicatos negocien con el Gobierno y la patronal medidas que suponen un retroceso en los derechos de los trabajadores a quienes supuestamente representan ya no sorprende a nadie, es algo a lo que nos tienen bastante acostumbrados en estos últimos años.

Las razones por las que las cúpulas sindicales se comprometen en la firma de acuerdos perjudiciales para los trabajadores son muchas y complejas, pero la principal razón es la naturaleza de la burocracia sindical, y su papel como mediadores entre los jefes y los trabajadores.

El Estado y la burocracia

Es bastante común escuchar que los sindicatos mayoritarios están vendidos, y en parte es comprensible que muchas personas piensen así. Pero también lo es que en numerosas ocasiones son un instrumento de lucha válido en los conflictos de algunas empresas. Igualmente, en ocasiones puntuales, la movilización de sus bases se produce de forma general, como ocurrió durante la última convocatoria de Huelga General. Sin embargo, lo que caracteriza a la dirección de los grandes sindicatos es su disponibilidad para llegar a acuerdos con el Gobierno y los jefes.

Esta tendencia de los dirigentes sindicales de los sindicatos mayoritarios a pactar no es algo nuevo, pero tampoco es algo que sólo ocurra en el Estado español. De hecho, la burocracia sindical está omnipresente en todos los países con un grado de industrialización medio o alto. En EEUU y algunos países del norte de Europa, por ejemplo, puede decirse que la burocracia sindical es incluso más grande que aquí. Pero, ¿esto ha sido siempre así?

Lo cierto es que en su origen las Comisiones Obreras tenían una estructura mucho más democrática y asamblearia de la que tienen ahora CCOO y UGT, y estuvieron muy implicadas no sólo en las numerosas huelgas que tuvieron lugar durante los últimos años de la dictadura sino también como impulsoras de gran parte de la resistencia política que se generó contra el régimen franquista –a través de demandas no sólo laborales sino también políticas.

Fue precisamente la Transición pactada, que fue aceptada por el PCE –que por aquel entonces ya tenía una gran influencia sobre la clase trabajadora a través de las CCOO–, y la consolidación de un nuevo modelo de sindicato lo que ha dado lugar a la situación que tenemos actualmente. A cambio de este modelo de transición “democrática”, el nuevo Gobierno aseguró la financiación de los sindicatos por parte del estado y un sistema de elecciones sindicales que permitiría que todos los trabajadores pudiesen votar en las elecciones de su centro de trabajo, independientemente de que estuvieran o no afiliados a un sindicato. Esto supuso que a partir de entonces una parte importante de los ingresos de los sindicatos comenzara a provenir de la financiación del estado –en función del número de delegados que tuvieran–, dejando de depender únicamente de las cuotas de los afiliados y afiliadas.

Esto ha llevado a que se les concediera cada vez una mayor importancia a la elección de representantes sindicales, al mismo tiempo que muchos trabajadores dejaron de ver la importancia de afiliarse a un sindicato.

¿Siguen siendo necesarios los sindicatos?

La función de los sindicatos es defender los intereses de la clase trabajadora, siendo la principal herramienta que ésta tiene para conseguir mejorar sus condiciones de trabajo. Es un hecho que en las empresas en las que hay representación sindical los trabajadores suelen tener mejores condiciones de trabajo, salarios más altos, etc.

Pero teniendo en cuenta el papel que están teniendo las grandes centrales sindicales hoy día, negociando con la patronal y el Gobierno reformas antisociales que suponen un auténtico retroceso en los derechos sociales y laborales de los y las trabajadoras, y que están provocando que las consecuencias de la crisis recaigan especialmente sobre los sectores más desfavorecidos –en especial la juventud, las personas inmigrantes y las mujeres– una podría pensar que los sindicatos ya no nos representan e incluso que ya no son necesarios, y que es mejor prescindir de ellos y buscar otra forma de organizarnos.

Si bien es cierto que a menudo ocurre que en los países avanzados la burocracia sindical se convierte en un obstáculo para el desarrollo de la lucha de clases, controlando e incluso frenando las luchas que en ocasiones se dan en algunas empresas y negociando con la patronal a espaldas de los trabajadores, también lo es que el balance de fuerzas puede cambiar en momentos de mayor agitación social pudiendo llegar a convertirse en poderosas herramientas de lucha colectiva de los trabajadores.

Esto se ha podido ver en algunas de las revoluciones que está habiendo en los países árabes, donde los sindicatos han jugado un papel importante en el desencadenamiento de las revoluciones en Túnez y Egipto. A diferencia de lo que se ha intentado transmitir a través de los medios de comunicación acerca de la espontaneidad de las protestas y de que éstas surgieron fundamentalmente a través de los mensajes que se difundieron en las redes sociales, como Facebook o Twitter, lo cierto es que estas movilizaciones no han sido hechos aislados, sino que vienen precedidas de años de intensa lucha sindical por parte de los y las trabajadoras de ambos países.

Tanto en Túnez como en Egipto la clase trabajadora organizada ha protagonizado numerosas protestas y huelgas de masas en los últimos años, lo que en parte ha servido para que muchos de esos trabajadores adquirieran más confianza pudiendo llegar a desafiar a los regímenes totalitarios de ambos países.

En Túnez, sectores de base del sindicato del régimen UGTT han liderado gran parte del movimiento que desembocó en la caída de la dictadura. En Egipto los y las trabajadoras han protagonizado en los últimos años la mayor ola de huelgas desde 1946. De hecho, durante los últimos tres años ha habido huelgas todos los días en alguna fábrica de El Cairo o de su provincia. Fue también a través de una huelga de masas y no sólo de manifestaciones multitudinarias como los trabajadores consiguieron ejercer la suficiente presión sobre Mubarak como para derrocarlo.

Este es un ejemplo del papel crucial que siguen teniendo hoy en día los sindicatos, no sólo como la herramienta fundamental de la clase trabajadora para luchar por mejoras laborales, sino también por su importancia en la lucha de clases cuando en el proceso de lucha consiguen conectar las demandas económicas con las políticas, y la clase trabajadora comienza a plantearse que debe ir más allá en sus reivindicaciones laborales.

Pero las revolucionarias no podemos esperar a que se den estas circunstancias para empezar a trabajar en los sindicatos. Debemos hacer un trabajo de base en los mismos intentando llegar a otras trabajadoras no organizadas, impulsando las luchas que se den, y combatiendo la influencia de la burocracia sindical, empezando desde ahora.

El sindicalismo alternativo

Frente a esta burocracia sindical y el inmovilismo de los sindicatos mayoritarios, gran parte de la izquierda sindical ha optado por la construcción de sindicatos alternativos, que han ido surgiendo con la vocación de reconstruir un modelo de sindicalismo diferente y alternativo al de CCOO y UGT, de base y combativo.

Este sindicalismo alternativo está representado fundamentalmente por la CGT y por co.bas a nivel estatal y por algunos sindicatos de ámbito nacional como el SAT en Andalucía, la CIG gallega, LAB en Euskal Herria o la IAC en Catalunya, entre otros.

Estos sindicatos alternativos han ido creciendo en las últimas décadas, en parte debido a las escisiones que se han dado en otros sindicatos de clase –como es el caso de co.bas, que se formó tras una expulsión de trabajadores de CCOO de Telefónica–, y en parte, cada vez más, debido a la incorporación de afiliados de base descontentos con la estrategia pactista y desmovilizadora de la cúpula sindical de su sindicato.

A pesar de que estos sindicatos en muchos casos se están convirtiendo en un referente en la lucha sindical en algunos centros de trabajo, aún tienen algunos desafíos a los que hacer frente.

Uno de los principales retos a los que se tiene que enfrentar ahora el sindicalismo alternativo es el de superar el sectarismo que le suele acompañar, y el ser capaces de conectar con las bases de los sindicatos mayoritarios. Porque, si bien es cierto que en muchos casos la cúpula de estos sindicatos ven la negociación con el Gobierno y la patronal como un fin en sí mismo, también lo es que sigue habiendo una capa importante de trabajadores y trabajadoras combativas entre sus bases, como se pudo comprobar en los piquetes y las barricadas que protagonizaron muchos de estos trabajadores el día de la Huelga General del 29-S. Y como también han puesto de manifiesto delegados y afiliados de base de CCOO en un comunicado que hicieron público, mostrando su rechazo al pacto social que han firmado sus dirigentes con Gobierno y patronal.

Sin embargo, esta distinción entre la cúpula conservadora y las bases combativas de los sindicatos mayoritarios no es compartida por sectores de la izquierda sindical pertenecientes a los sindicatos alternativos. Aunque las alianzas en la lucha son frecuentes en el marco de las empresas, frecuentemente la posición general de estos sectores es la de no hacer ninguna distinción entre las bases de los mismos y la burocracia sindical.

Vencer este sectarismo es importante por dos razones: para poder llegar a aquellos militantes de base que desencantados con la actividad de la burocracia pueden en un momento dado romper con estas estructuras y ganarlos al sindicalismo combativo, pero también para empujar a estas bases a que presionen a sus dirigentes sindicales hacia la movilización y la lucha, en lugar de hacia los pactos.

Esto es especialmente importante además porque a pesar del crecimiento que han tenido los sindicatos alternativos desde los años 80, aun no tienen la capacidad suficiente como para poder convocar con éxito una Huelga General por sí mismos – a excepción de ELA y LAB en Euskal Herria–, que sería fundamental para poder frenar las medidas antisociales de Zapatero.

El papel de la burocracia sindical

A pesar de lo que mucha gente de izquierdas pueda pensar, la burocracia sindical no representa a una clase social en sí misma, aunque sí ocupa una posición social intermedia entre la clase trabajadora y la clase capitalista.

El papel principal de esta burocracia es hacer de mediador entre los empresarios y los trabajadores, siendo este papel el que refuerza su posición dentro de los sindicatos, aislándole de aquellos a quienes representan. A diferencia de la masa de trabajadores los dirigentes sindicales no sufren inseguridad laboral, bajos salarios, amenaza de despidos, etc. E incluso aunque no lleguen a cobrar más que otros miembros del sindicato, sus ingresos ya no dependen de las subidas y bajadas de la producción capitalista como sí lo hacen en el caso de los trabajadores, lo que les sitúa en una posición diferente.

Por otro lado, aunque gocen de una serie de privilegios, tampoco ocupan la misma posición que los empresarios ya que aunque al igual que ellos pueden llegar a emplear a muchas personas en la estructura del sindicato, la posición económica y social que ocupan los burócratas no depende de ello. Por lo tanto, no representan una clase social en sí misma aunque forman un estrato social distinto, de naturaleza básicamente conservadora.

Para estos burócratas la negociación se convierte en el verdadero objetivo del sindicalismo, de forma que la lucha aparece como una interrupción del proceso de negociación, como una molestia y una inconveniencia, que buscan controlar e incluso frenar en algunos casos con el fin de preservar la organización sindical que es la principal fuente de sus ingresos, y que puede verse amenazada si los trabajadores llegan demasiado lejos en su lucha.

En cualquier caso, y a pesar de este carácter conservador de la burocracia, las cúpulas sindicales deben esforzarse por mantener un equilibrio entre su estrategia negociadora y la movilización, ya que si van demasiado lejos en las concesiones que hacen a la patronal y al Gobierno pueden perder totalmente la credibilidad entre sus bases, lo que podría conducir a cuestionamientos de su liderazgo, o a la apatía y la desintegración de la organización, con la huída de miembros a otros sindicatos, lo que en cualquier caso tendría consecuencias fatales para su supervivencia. Deben mantener a toda costa la organización sindical de la que forma parte, que es su principal fuente de ingresos y de la que depende también su estatus social.

Esto significa que en ocasiones la burocracia se ve forzada a movilizar si se ve muy presionada por las bases, como se pudo ver en la convocatoria de la Huelga General del 29-S. A pesar de la batería de recortes de gasto público, privatizaciones y de otra serie de medidas antisociales que estaba aprobando el Gobierno, Toxo y Méndez declararon que se habían visto obligados a convocar esta huelga en contra de su voluntad. Como si todas estas reformas no estuvieran significando un ataque lo suficientemente fuerte hacia la clase trabajadora. En realidad se vieron forzados a convocarla para no perder la credibilidad entre sus bases, y no tardaron en volver a las negociaciones y al “pacto social” con el que se sienten más cómodos.

Formulario de suscripción

Rellena este formulario si quieres suscribirte a alguna de nuestras publicaciones.

Periódico En Lucha y revista La Hiedra - 25€ / año
Periódico En Lucha - 15€ / año
Revista La Hiedra - 12€ / año

×