Agenda anticapitalista

Les banlieues: racismo y exclusión

04/02/2015

David Karvala

La exclusión y pobreza desembocó en los disturbios de 2005 en les banlieues.

La exclusión y pobreza desembocó en los disturbios de 2005 en les banlieues.

París | No basta con condenar los atentados de París, hay que analizar sus raíces en la pobreza y marginación de las banlieues

Los atentados contra la revista Charlie Hebdo y un supermercado judío fueron terribles, pero esto no quita la necesidad de analizarlos. Ante los disturbios en las banlieues en 2005, el entonces ministro del interior, Nicolas Sarkozy, declaró que “entender la violencia ya es excusarla”. Pero para cambiar las cosas, hay que entenderlas.

Una clave para entender las matanzas de París son las matanzas mucho mayores en Palestina, Afganistán, Irak, Siria, Pakistán… cometidas por varios de los dirigentes que se manifestaron en París el pasado 11 de enero.

Aquí se hablará de otra: las condiciones sociales en las banlieues, las zonas periféricas de las grandes ciudades francesas, donde viven millones de personas pobres, muchas de ellas de origen inmigrante.

Qué son las banlieues

En teoría, banlieue significa simplemente “suburbio” pero cuando se habla de problemas sociales, se refiere a las barriadas de hasta 3.000 o 4.000 pisos, construidas en los años 60 y 70. Su fecha de caducidad pasó hace tiempo, pero no llegan las inversiones necesarias para renovarlas.

El paro en las banlieues supera con creces la tasa nacional; y aún más entre la gente joven. La marginación de las banlieues es social —faltan muchos servicios básicos— e incluso física: a veces ni llega el transporte público. Hay jóvenes de las banlieues que nunca en su vida han visitado el centro de “su” ciudad.
Según Ainhoa, que fue profesora en una banlieue: “la educación en Francia está efectivamente segregada, con centros ‘públicos’ de élite en barrios burgueses y colegios ‘basura’ en barrios pauperizados. Esta segregación se reproduce dentro de los propios centros, con clases de alumnos ‘buenos’ y clases en las que se retiene, bajo una tutela casi carcelaria, a aquellos a quienes se tilda de chusma (‘racaille’ en francés)… la situación se está convirtiendo en un polvorín.”
Cuando la policía se presenta en estas zonas, no es para proteger a sus habitantes sino, usualmente, para hostigar a gente joven en la calle.

Racismo republicano

A diferencia de la segregación “racial” típica de EEUU, en las banlieues convive gente diversa de la clase trabajadora pobre: autóctona, de origen magrebí, subsahariana, del sud de Europa.

Aún así, el racismo está muy presente: en las actuaciones policiales; en la educación; en el empleo… Según diferentes estudios, 4 de cada 5 empresas discriminan a los candidatos negros o árabes y “alguien llamado Mohamed, Ali o Kamel tiene cuatro veces más probabilidades de estar en paro que alguien llamado Philippe o Alain.”

Como denuncia el sociólogo de origen argelino, Saïd Bouamama: “El sentimiento de injusticia es aún más insoportable para los jóvenes que han nacido y crecido en Francia. No se consideran extranjeros: sienten, y con razón, incluso más que sus padres, las discriminaciones que sufren como una injusticia fundamental, brutal e injustificable.”

La “república laica francesa” de hecho no promueve el laicismo —la igualdad de derechos, sin importar la religión— sino que ataca a la población musulmana. La prohibición del hiyab implica que muchas madres musulmanas no puedan llevar a sus hijos y/o hijas a la escuela. Hace 8 años, Sarkozy inició una campaña para reforzar la “identidad nacional” —que incluía las iglesias pero no las mezquitas— y celebrar la “grandeza colonial” de Francia. Esto es un reflejo más de cómo se permite al Front National fijar la agenda política.

Respuestas

Son estas condiciones sociales —y no el Islam— las que han impulsado a mil jóvenes de Francia a sumarse a las milicias islamistas en Siria. Entender no es justificar: los atentados no son justificables. Pero no olvidemos que los llevaron a cabo un puñado de personas —nacidas y escolarizadas en Francia— de entre l0s millones de personas musulmanas que viven en ese país. En cambio, es el Estado francés como tal el que bombardea e invade Oriente Medio.

La represión y la islamofobia impulsadas por la derecha —y gran parte de la izquierda— no ofrecen ninguna solución. Tampoco lo hace la visión cerrada y retrógrada del islam promovida por una pequeña minoría, nada representativa, de “jihadistas”. Hace falta una izquierda que sepa arraigarse en las banlieues, codo con codo con su diversa población, para combatir la pobreza, la falta de infraestructuras y también las diferentes opresiones.

Alternativas políticas

Los millones de personas trabajadoras de estas mestizas banlieues deberían ser el entorno perfecto para las ideas anticapitalistas, pero tristemente la izquierda francesa les ofrece muy poco.

El partido comunista apoya el nacionalismo francés, desde las prohibiciones del velo hasta la celebración del pasado colonial. Tras los atentados, llamaron a “la defensa de los valores republicanos” y aceptaron la “unidad nacional” con los mismos que bombardean Oriente Medio y oprimen a las banlieues.

El Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) rechazó esa “unidad”, pero tampoco ofrece mucho a las banlieues. Ante los disturbios de 2005, el antecesor del NPA, la LCR, criticó las condiciones sociales en las banlieues, pero sin tratar los retos específicos del racismo y la islamofobia. Más bien, la LCR defendió políticas islamófobas como la prohibición del velo. Cuando en 2009 la LCR se fusionó con otros sectores de la izquierda anticapitalista y de los movimientos sociales, en el NPA, éste intentó implantarse en las banlieues. Pero cuando el NPA en una región escogió como candidata electoral a Ilham Moussaid —una activista anticapitalista con hiyab— el rechazo dentro del partido hizo que Ilham y su entorno dejaran la organización.

Hoy, el NPA se declara contrario a la islamofobia, pero la verdad es que no hace grandes esfuerzos para conectar con las banlieues ni con la gente musulmana.
Este fracaso de la izquierda deja un vacío a otras opciones. Una es el callejón sin salida de Al Qaeda o ISIS. Otra es el “cómico” negro Dieudonné; disfruta de cierta popularidad, que seguramente aumentará debido a su reciente (e injustificada) detención, pero dado su antisemitismo y su colaboración con fascistas no tiene nada que ofrecer.

Sin embargo, hay otros movimientos muy interesantes, creados por gente de origen inmigrante, como Indígenas de la República, que califica al Estado francés de poder colonial en las banlieues. Ante su creación, la izquierda criticó sus teorías y lo acusó de “comunitarismo”. Alguna de sus críticas puede ser correcta pero omitieron lo más importante: la izquierda radical debe, antes que nada, solidarizarse con cualquier movimiento contra el racismo y la islamofobia.
Hasta que no aprenda esta lección, la izquierda tendrá poco que ofrecer a los millones de trabajadores/as que viven en las banlieues.

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