Agenda anticapitalista

La unión nos hará vencer

02/12/2013

Óscar Simon

06_organitzacióDespués de seis años de crisis económica global y de cinco años de ofensiva capitalista brutal la situación social y política empeora cada día.

Si observamos las cifras de pobreza, hambre, enfermedad, reducción de la esperanza de vida, paro, guerras, destrucción ambiental y el resurgir del fascismo en Europa podemos decir que el capitalismo, es decir el sistema de producción regido por el beneficio de unos pocos y sustentado por el sacrificio de la mayoría, se encamina hacia un horizonte de miseria y de dolor, con desigualdades sociales cada vez más grandes y con un serio peligro de convertir en inhabitables enormes zonas del planeta. Así pues la necesidad de cambiar de sistema es más imperiosa que nunca, cada vez más personas están de acuerdo y crece la politización y polarización social.

La mayoría de personas se politizan a través de procesos de lucha que les llevan a hacerse preguntas y entrar en contactos con nuevas ideas más allá de las promovidas por el sistema. Dos de las principales son el individualismo a ultranza y la inexistencia de alternativas al sistema actual. A través del 15M, las mareas, las PAHs y en otro sentido en Catalunya con el proceso de independencia, miles de personas se están politizando.

Sin embargo sería engañarse decir que estas personas son mayoritariamente anticapitalistas. Así pues las organizaciones revolucionarias deben participar en la lucha por las reformas, principalmente porque estas sirven para mejorar la vida de las personas y porque en las luchas se generan, no las únicas, pero sí las condiciones para el cuestionamiento de las ideas dominantes, y aquí encontramos el terreno más fértil para el crecimiento de las ideas revolucionarias.

¿Qué organización?

Cuando hablamos de organización nos referimos a una herramienta de combate, alejada tanto del modelo del PSOE como del modelo de IU.

En primer lugar, una organización revolucionaria aunque puede participar puntualmente en las elecciones, concibe éstas como un medio para extender las ideas revolucionarias, nunca como un fin.

Es importante participar y promover procesos de confluencia política dado que ayudan a ir articulando a la clase. Durante las elecciones y el momento de apertura política que estas representan es posible debatir con cientos de miles de personas.

Como En lucha lo que proponemos es una organización marcada por la democracia de base. Una democracia basada en la acción de las personas de la organización. Realizamos una asamblea anual donde marcamos las líneas generales y elegimos a las personas encargadas de coordinar ciertas tareas.

Estas personas son revocables en cualquier momento, pero más allá de aspectos formales En lucha funciona con núcleos locales, que siguiendo las líneas generales marcadas en la Asamblea actúan en su entorno. Así, la iniciativa de los nucleos locales e incluso de los individuos marca la política real de la organización.

Una organización pensada de esta manera, en la cual el colectivo deposita su confianza en todas y cada una de las personas que la forman para tomar decisiones que afectan al colectivo, permite actuar de manera eficiente y rápida.

Sin embargo, para funcionar así sin incurrir en contradicciones constantes es necesario construir una organización ideológicamente cohesionada.

Así, la discusión política constante, las actividades de formación (charlas, talleres, lecturas) y las publicaciones se encuentren en el núcleo mismo del colectivo.

La organización anticapitalista debe tener una característica especial: debe tener raíces en la clase trabajadora ya que es esta la que mueve el mundo, la que permite que el sistema funcione y, por tanto, la única que puede detenerlo y moldearlo hasta convertirlo en un lugar con justicia social para la mayoría de la humanidad.

Huelgas como la de la limpieza de Madrid, la de enseñanza en las Illes Balears o la huelga indefindia de Panrico, que se mantiene en el momento de escribir este artículo, están demostrando ser capaces de frenar en gran medida los planes de los poderosos.

Además, la gestión colectiva de la economía es sólo posible si aquellas personas que producen controlan la riqueza, como demuestra de manera incipiente el cooperativismo.

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