Agenda anticapitalista

La república catalana de Companys ¿Qué pasó?

08/10/2014

Albert Portillo

Lluís Companys durante la proclamación de la República Catalana el 6 de octubre de 1934.

Lluís Companys durante la proclamación de la República Catalana el 6 de octubre de 1934.

Historia | Hace 80 años las luchas de las clases populares lograron la declaración de un estado catalán

En 1934 desde el balcón del palacio de la Generalitat proclamó Lluís Companys el Estado catalán dentro de la República Federal Española. El presidente imitó el gesto de Francesc Macià cuando el 14 de abril de 1931 proclamó la “República Catalana dentro de una Federación de Repúblicas Ibéricas” al saber los resultados de las elecciones municipales. El discurso que pronunció Companys el 6 de octubre de 1934, sin embargo, se enmarcaba en un contexto totalmente diferente.

En 1931 con la caída de la dictadura de Primo de Rivera y con la celebración de unas elecciones municipales referendarias había iniciado un verdadero proceso destituyente del viejo régimen y constituyente de un nuevo orden. Fue significativo por dos hechos. Por un lado, la elevada combatividad de la clase obrera, que con la huelga general de 1930 había anunciado el fin del régimen, y por otro, la unidad de la izquierda en el pacto de San Sebastián para constituir una “República democrática de trabajadores de toda clase”. Lo que esto significó en la práctica fue el inicio de un periodo de reformas sociales y democráticas excesivamente moderadas, y aun así torpedeada por la derecha política y social de terratenientes, empresarios y jueces.

Rupturas

El hecho nacional jugó un papel de primer orden en los movimientos de ruptura, tanto en 1931 como en 1934. El no saber ver la ruptura nacional como un medio de ruptura social por parte de sectores importantes de la izquierda obrera y revolucionaria dejó el movimiento nacional en Catalunya en manos de la interclasista y moderada ERC, que contaba con el apoyo de los grupúsculos fascistizantes y anti sindicalistas de Estat Català.

La proclamación de Macià de la República catalana llevó a unas negociaciones con el gobierno republicano-socialista que se tradujo en la elaboración del primer Estatuto de Autonomía de Catalunya, el cual fue aprobado por referéndum con una grandísima mayoría el 2 de agosto de 1931. Esta autonomía otorgaba competencias en el ámbito de la policía, sanidad y legislación social y laboral. Así, inmediatamente se crearon los cuerpos de los mossos d’esquadra (para reprimir a los sectores más combativos de la clase trabajadora) y ERC inicia la redacción de la Ley de Cultivos.

Esta ley, hecha para satisfacer las reivindicaciones de los campesinos rabassaires, pone al descubierto los intereses de clase de los propietarios catalanes y de la Liga Regionalista. Los propietarios agrícolas organizados en el Instituto Catalán de San Isidro y la Liga Regionalista presentaron un recurso de inconstitucionalidad con esta ley, con el apoyo de la reaccionaria Confederación de Derechas Autónomas (CEDA). Este recurso de inconstitucionalidad cuestionaba la autonomía de Catalunya, cosa que interesaba a la Liga porque la autonomía de Catalunya, aunque levemente, lesionaba sus intereses monetarios.

Cuando en octubre de 1934 entran tres ministros de la CEDA en el corrupto gobierno de Lerroux, el PSOE declara la huelga general en todo el estado.

Insurrección

Pero sólo en Asturias y en Catalunya toma la huelga un carácter insurreccional y revolucionario. Gracias principalmente a las Alianzas Obreras, plataformas unitarias de organizaciones obreras y sindicales, promovidas por la izquierda revolucionaria de entonces, el Bloque Obrero y Campesino y la Izquierda Comunista. En este contexto, el conflicto competencial entre el gobierno republicano de izquierdas de Catalunya y el gobierno reaccionario del Estado español toma un cariz muy rupturista. Además, estuvo motivada por una ley social impugnada rabiosamente por la derecha catalana. La izquierda española y catalana presentan Catalunya como el último baluarte de la República del 31.

El 5 de octubre, gracias a la unidad de la CNT y la UGT, el movimiento obrero catalán toma la iniciativa. Las Alianzas Obreras constituidas por los socialistas de la USC y del PSOE, los comunistas revolucionarios del BOC y de Izquierda Comunista junto a los Sindicatos de Oposición y la Unión de Rabassaires convocan la huelga general y toman las calles. En muchas ciudades y pueblos catalanes los piquetes toman los ayuntamientos y bajo el impulso del BOC, o bien en coalición con otras fuerzas de la República catalana, proclaman la República Socialista.

Esto da lugar a un enorme movimiento por la base que arrastra a la huelga y a la acción a la principal fuerza obrera, la CNT, que se había mantenido fuera del movimiento. Maurín, líder del BOC lo explica con estas palabras: “La huelga corre y lo devora todo. Es irresistible… De hora en hora, la Generalidad viene decrecer sus Fuerzas y aumentar las de la Alianza Obrera”.

ERC, temerosa de ser desplazada por el movimiento obrero, hace constantes llamadas al orden por boca de Lluís Companys y el gobierno de ERC se mantiene pasivo durante la huelga. El 6 de octubre, pero, ante la presión desde abajo y ante el hecho de que muchos ayuntamientos han sido ya tomados por comités revolucionarios e instan a la proclamación de la república, Companys pronuncia su discurso proclamando la República Catalana. Eso sí, después de no sólo no haber entregado las armas en las Alianzas Obreras, sino de desmovilizar el movimiento obrero usando los guardias de asalto y las fascistas milicias del Estado Catalán para asesinar revolucionarios del BOC y anarquistas de la CNT.

Así pues, cuando las fuerzas militares de la reacción reprimen el movimiento en Catalunya se encuentran con una exigua y simbólica defensa institucional en el palacio de la Generalitat donde yacía resguardado Companys y sus protegidos por 100 mossos d’esquadra.

La represión fue terriblemente extensa con cerca de 4.000 presos en Catalunya y 30.000 en el resto del Estado español, sobre todo con motivo de la Comuna de Asturias. La lección que extrajo el partido revolucionario POUM, fundado al año siguiente, fue que no se puede dejar la lucha por los derechos democráticos y nacionales en manos de la burguesía.

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