Agenda anticapitalista

La otra cara de la UE: guerras dictadores y CIEs

31/01/2014

Diego Mendoza

Movilización por el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros.

Movilización por el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros. / Fotopatio

Derechos humanos | Bruselas no es más humanitaria que Washington.

Incluso hoy para mucha gente la UE sigue representando valores progresistas dentro del llamado primer mundo. Nos han hecho creer que vivimos en la Europa del multiculturalismo, la hermandad y la cooperación. Pero, ¿hasta qué punto esto es así?

Podríamos hablar de numerosos casos donde los estados europeos atacan los derechos de minorías y colectivos oprimidos. Pero donde mejor hemos podido ver los dientes de la fiera ha estado en las guerras de Afganistán y de Irak o las “intervenciones humanitarias” en Siria o Libia entre otros ejemplos, donde las bombas que mataban personas inocentes no eran más progresistas por ir pintadas de azul con un círculo estrellado.

Pero hay que ir más allá y ver que el statu quo del imperialismo en el Norte de África y en Oriente Medio no sería posible sin Europa. Los tratados comerciales y las inversiones europeas en esta región han sido el garante de que los dictadores mantuvieran la legitimidad suficiente incluso en momentos en que sus pueblos se levantaban. Tanto es así que parte del material utilizado para reprimir las revueltas provenía de exportaciones del Estado español, entre otros.

La cara más dramática y cruda de la UE la vemos en sus fronteras. El control migratorio de personas sin papeles permite a la UE importar mano de obra barata en momentos de bonanza, control que no sería posible sin el pacto con estos regímenes para perseguir las embarcaciones en origen, por ejemplo.

La violación de los derechos humanos de estas personas es descarada y no sólo por las torturas y violencia que reciben en los lugares de deportación, sino también dentro de las fronteras europeas en las numerosas prisiones ilegales (los llamados CIEs), los proceso de deportación sin garantías y las negativas al derecho de asilo a personas perseguidas. Según Amnistía Internacional tan sólo en 2011 como mínimo 1.500 personas perdieron la vida intentando cruzar el Mediterráneo, en algunas ocasiones habiendo pedido auxilio a patrulleras europeas cercanas. Y es que los virtuosos discursos de democracia, fraternidad y respecto de los derechos humanos quedan en nada frente a los intereses de las élites europeas.

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