Agenda anticapitalista

La isla mínima: crímenes en Transición

01/12/2014

Luis Zhu

Las luchas sociales de la Andalucía de la Transición está presentes en el escenario de este film.

Las luchas sociales de la Andalucía de la Transición está presentes en el escenario de este film.

Cine | La última película del sevillano Alberto Rodríguez representa la mejor tradición del noir.

Ya hace algunos años que el género negro, aquel que utiliza un caso criminal para desarrollar un retrato crítico de la sociedad, está en ascenso tanto en la literatura como en la ficción televisiva y cinematográfica. Quizás tenga algo que ver con la crisis económica, política y ética que vivimos, de forma similar a lo que ocurrió durante el nacimiento y despegue del “noir” con la crisis de los años 30 en EEUU.

En este sentido, La isla mínima es un thriller que nos traslada de forma magistral a la Andalucía rural de la Transición. La película de Alberto Rodríguez combina a la perfección escenario, personajes y tiempo histórico en una trama trenzada con gran tensión y muy bien resuelta.

Dos policías madrileños con caracteres en apariencia antagónicos son enviados a principios de los 80 a un pueblo del Guadalquivir para investigar la desaparición de dos muchachas. En sus pesquisas pronto saldrán a flote todo un entramado de crímenes brutales, violencia contra las mujeres, explotación laboral, caciquismo y miseria.

Lo primero que llama la atención en La isla mínima es la fotografía, en la que destaca la intensidad de las luces y los colores de las marismas del Guadalquivir y un cierto aire de irrealidad, pero también la profundidad de las miradas de sus habitantes que nos mete de lleno en la piel de los protagonistas. Fue precisamente en una exposición fotográfica de Atín Aya sobre las marismas a principios de los 90 donde Rodríguez obtuvo la primera inspiración para su obra. Aya fue un fotógrafo que retrató las poblaciones andaluzas machacadas por el latifundio y olvidadas por la modernidad democrática.

Thriller con memoria

La segunda fuente de la que bebe La isla mínima es de la historia no oficial de la Transición. Como su propio director reconoce, la trama criminal de la cinta no alcanzó todo su sentido hasta que se toparon con el documental Despues de…, obra de los hermanos Cecilia y José Bartolomé, en la que narra la realidad de los años 1979-80 a través del testimonio directo de una población movilizada y esperanzada, y posteriormente desencantada por unos cambios, ya entonces, insuficientes.

En este contexto, se mueven los dos personajes principales, interpretados de forma notable por Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez, cuyos recorridos durante la película retratan de forma muy lograda el espíritu de la Transición. En conjunto, La isla mínima es una película de género ejemplar, llena de memoria histórica y compromiso, cinematográfico y social, y nada de retórica. Cualquier persona disfrutará de esta obra que interesa desde el primer momento y que te mantiene pegado a la butaca hasta el último fotograma.

Mención aparte merece la sensibilidad a la hora de explicar la violencia, brutal, contra las mujeres y el subdesarrollo histórico, y deliberado, de Andalucía. Problemas que todavía hoy continúan vigentes. No en vano, la pregunta con la que se cierra la película inaugura una época, la del pacto del 78, que todavía perdura, aunque cada vez más cuestionada.

O como Alberto Rodríguez dice: “La isla mínima se pregunta si nos vale un pacto que hicimos hace 40 años impulsado por unos militares que nos dijeron hasta aquí y punto”.

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