Agenda anticapitalista

La independencia y el proceso constituyente popular

01/12/2014

David Caño

Si se quiere cambiar todo, hay que evitar que el eje nacional divida la izquierda rupturista catalana.

Si se quiere cambiar todo, hay que evitar que el eje nacional divida la izquierda rupturista catalana.

Alternativas | Un triunfo independentista en Catalunya rompería el régimen del 78

Son múltiples y diversas las formas que la protesta y el malestar han tomado en este último ciclo político que podríamos denominar de “las crisis”. Desde la ocupación de las plazas a las Marchas por la Dignidad. Desde las movilizaciones multitudinarias del “Juntes Podem” hasta los desahucios parados de la PAH. Desde las huelgas generales y la lucha contra los presupuestos antisociales hasta la entrada de la CUP en el Parlament y el desafío democrático de este último 9N. La lucha contra el austericidio y por una vida digna se han mezclado con la rebelión democrática, poniendo en valor las experiencias del municipalismo de ruptura, y asumiendo la desobediencia contra las prohibiciones del TC y el gobierno español.

Es perverso, pues, el argumento de los que quieren reducir las luchas de estos años en Catalunya en una esquemática, casi ridícula, afirmación: el “proceso independentista” es patrimonio del centroderecha y las “movilizaciones sociales” son de la izquierda. Como si se pudiera etiquetar la gente que ha sufrido los recortes, que lucha por los servicios públicos y por el derecho a la vivienda o que vive en la precariedad permanente como no independentista y todo el mundo que fue a votar el 9N como comodones o masa alienada.

Hasta el 9N, el “derecho a decidir” era el punto de encuentro entre los independentistas de izquierdas y los que no lo eran, pero superada esta fecha, y ante la imposibilidad de realizar un referéndum vinculante, es necesario un paso más.

El proceso de ruptura más avanzado y donde hay una posibilidad más factible de iniciar un proceso constituyente es en Catalunya. No está garantizado, sin embargo, que en caso de realizarse un proceso constituyente este fuera popular y hecho desde abajo. Por ello, es necesario que el nuevo consenso se establezca en torno a la independencia entendida en clave de ruptura constituyente, para garantizar un proceso constituyente popular y evitar que el gobierno esquerrovergent (alianza de CiU i ERC causante de las políticas antisociales de estos últimos dos años) pilote sin oposición. Debemos disputarles la hegemonía.

Este planteamiento, parece más realista que la defensa de una reforma constitucional, sobre todo si tenemos en cuenta que un tercio del Congreso de Diputados puede impedir cualquier cambio sustancial de la constitución y mantener el status quo.

En cambio, apostar por la ruptura constituyente catalana es del todo complementario, con el resto de rupturas/procesos constituyentes que pueden llevarse a cabo dentro del Estado español. En vez de uniformizar, hay que respetar las diversas soberanías estableciendo una relación de igualdad y no de subalternidad. Es más, la ruptura constituyente catalana podría ser una contribución determinante para acelerar la descomposición del estado-nación actual levantado sobre los valores de la economía de mercado, la monarquía y la unidad de España.

Por el contrario, una izquierda rupturista catalana dividida y partida en dos por el eje nacional sólo favorece la esquerrovergència (CDC + ERC) al mismo tiempo que desmovilizará, creará frustración y sobre todo no conseguirá mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población.

Hace varios años salimos a gritar que ya no creíamos en la representación sino que era en la afirmación del nosotros/as que recuperábamos la política y la liberábamos. Crear movimiento es creer en este nosotros/as, en la potencia de los pueblos y de los barrios, de la gente que se ha rebelado contra las crisis y las políticas injustas de la miseria, la que está cansada de que la traten como una mercancía que consume. Tenemos una oportunidad para forzar un proceso constituyente popular que permita cambiar las condiciones de vida de la gente, ahuyente a los corruptos y mafiosos y raje el régimen del 78, por lo que la independencia es esta ventana de oportunidad y negarse es dar la espalda a nuestra gente y, de rebote, regalar la victoria a aquellos que decimos querer combatir -los de aquí y los de allá.

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