Agenda anticapitalista

Irlanda: El alzamiento de pascua de 1916

10/01/2014

Sam Robson

Historia | La rebelión liderada por James Connolly fue un preludio de la independencia irlandesa.

Milicianas del Cumann na mBan pisando la bandera británica.

Milicianas del Cumann na mBan pisando la bandera británica.

El 12 de mayo de 1916 sacaron a James Connolly de su celda en la prisión de Kilmainham en Dublín y le llevaron al patio. Como estaba demasiado herido para apoyarse, le ataron a una silla, y entonces le fusilaron por su papel en el Alzamiento de Pascua.

Cuando salió el 24 de abril con su milicia, el Ejército Ciudadano Irlandés (ICA, en sus siglas inglesas), hacia el centro de Dublín intentaba liberar Irlanda del dominio británico y levantar a la clase trabajadora europea contra sus gobiernos y la carnicería de la Primera Guerra Mundial. El plan, pactado con los republicanos radicales, los Voluntarios Irlandeses (IV, en sus siglas inglesas), era tomar el centro de Dublín al mismo tiempo que se iniciaría insurrecciones en otras ciudades.

Unos días antes, el barco alemán que les traía 20.000 rifles fue interceptado por la Armada Británica. Además, varios líderes moderados de los IV, a quienes el Consejo Militar había intentado ocultar el plan, se enteraron de éste y emitieron una contraorden. Aun así dejaron que siguiera adelante, en parte porque el gobierno ya tenía información suficiente para ejecutar a toda la gente implicada y no había marcha atrás.

Participaron alrededor de 1.300 personas, 152 de la ICA y unas 200 al Cumann na mBan, milicia de mujeres que tuvo un papel directo en el combate, algo destacable para la época. Frente a los bombardeos británicos, la insurgencia aguantó una semana. El centro de Dublín fue reducido a escombros, 318 civiles murieron y después las autoridades se vengaron deteniendo a 3.500 personas. Las esperanzas de salvar la vida a Connolly fueron apagadas, irónicamente, por el papel de los burgueses irlandeses, que clamaron sangre.

Críticas

No tardaron en llegar críticas a la actuación de Connolly. Se le acusó de abandonar el marxismo y convertirse en nacionalista por su alianza con la pequeña burguesía republicana. Lenin describió la insurrección como prematura, pero defendió el principio de trabajar con otras fuerzas: “Imaginar que la revolución social es posible sin revueltas en las colonias y por parte de secciones de la pequeña burguesía, con todos sus prejuicios, contra la opresión nacional, es repudiar la revolución social”.

Aun así, hay que preguntar cómo Connolly acabó renunciando a su independencia política y aceptó el modelo republicano y secretista de insurrección. Firmó la ambigua Proclamación de la República, pero no sacó propaganda propia, ni usó su posición de secretario general del Sindicato General Irlandés del Trabajo para movilizar a la clase trabajadora en general.

Un factor clave es la trayectoria sindical de Connolly. El sindicato tuvo una importancia primordial para Connolly y un papel unificador especial en Irlanda, dada la división religiosa. Connolly llevó a cabo un sindicalismo altamente combativo con la idea de que el sindicato podía ser el instrumento que permitía que la clase trabajadora conquistara el poder económico. Sin embargo, creía a la vez que el sindicato se limitaba a cuestiones económicas, mientras el partido trataría otras cuestiones, como la propaganda. Esta separación, y su experiencia negativa del sectarismo de ciertos partidos socialistas, hizo que relegara la construcción de un partido independiente a un segundo plano. En 1916 se encontró prácticamente sin organización política.
Por otro lado, el periodo entre 1912 y 1916 fue testigo de varias derrotas de la clase trabajadora, dejando a Connolly algo pesimista sobre la capacidad de lucha de su clase y desesperado por las traiciones de las burocracias sindicales.

Clase y nación

El horror de millones de trabajadores matándose en la Primera Guerra Mundial introdujo un sentido de urgencia a esta mezcla, y más todavía cuando se había acordado la partición de Irlanda en dos una vez terminada la guerra. Connolly vio la divisón del país como una tragedia para la unidad de la clase trabajadora. Pero al mismo tiempo, la guerra representó una gran oportunidad para atacar al Estado británico, ya que su presencia en Irlanda estaba debilitada.

Si combinamos estos factores con una falta de claridad sobre la naturaleza del nacionalismo, se puede comprender el acercamiento a fuerzas nacionalistas dispuestas a actuar inmediatamente.

Durante los años siguientes el rechazo a la guerra empezaría a crecer, y en octubre de 1917 estallaría una revolución socialista en Rusia. Connolly no tenía manera de saber que las posibilidades de éxito para un levantamiento obrero iban a aumentar de este modo. Pero es muy probable que si hubiera tenido un partido estable y dotado de estabilidad, análisis político y raíces en la clase trabajadora, no habría caído en el fatalismo y habría enfocado la insurrección de otra manera.

A pesar de esto, hay que reconocer que, cuando la gran mayoría de los partidos socialistas de Europa capitularon frente a la guerra y acabaron apoyando a “su” nación, Connolly nunca dudó en condenarla desde una perspectiva de clase e internacionalista. También rechazó la idea de cambio en etapas que dominaba el pensamiento socialista de entonces, desarrollando una teoría no muy distinta a la de La revolución permanente de Leon Trotsky. Argumentó que conseguir la liberación nacional no era suficiente si en el proceso la clase trabajadora no se liberaba del capitalismo irlandés. Connolly murió como vivió; en el seno de la lucha por la revolución.

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