Agenda anticapitalista

Heisenberg, aleación de rabia y venganza

29/10/2013

Luis Zhu

walter-white

Series | Breaking Bad cierra su temporada final con una valoración excelente tanto por el público como por la crítica.

El 29 de septiembre 10,8 millones de personas vieron “Felina”, el episodio final de Breaking Bad, una serie que no había sido tan masiva hasta la segunda parte de su temporada final. El antepenúltimo episodio, “Ozymandias”, obtuvo en IMBD (página que tiene 100 millones de visitas al mes) una puntuación de 10 tras más de 38.000 votos, algo insólito. El drama protagonizado por Bryan Cranston es tan potente que Hannibal Lecter (Anthony Hopkins) visionó las cinco temporadas en solo dos semanas. Hopkins, de madrugada, nada más finalizar Felina, no pudo hacer otra cosa que enviar un email a Cranston para felicitarle por su enorme papel y por la calidad de la serie.

Breaking Bad es una gran serie a nivel técnico y artístico, pero además conecta muy bien con los problemas de la gente: la pobreza, o el riesgo de caer en ella, y cómo superarlo.

Walter White, el personaje interpretado por Bryan Cranston, es un químico brillante que imparte clases en un instituto de secundaria tras ser expulsado de una empresa que está haciéndose de oro gracias a su investigación. Walt tiene ya 50 años, un hijo adolescente con discapacidad a causa de una complicación en el parto, una mujer embarazada de una niña y un segundo trabajo en un lavadero de coches, cuando se le diagnostica un cáncer en estadio avanzado. Su seguro no lo cubre y el coste es ruinoso para su familia.

De repente, una persona cualificada que ha estado trabajando toda su vida se encuentra a borde del abismo, sin ninguna ayuda de la sociedad. Dave Zirin, destacado periodista estadounidense, lo expresaba así: “Yo siempre lo he visto como la historia de un hombre que se enfrenta al hecho de que ser un buen profesor y padre, aunque en teoría es algo respetable, en la América del siglo XXI no te lleva a ninguna parte”. Esta sensación de estafa lo explica Walt en un episodio, cuando relata a sus alumnos el destino del inventor del diamante sintético, H. Tracy Hall, que obtuvo un aumento salarial de 10 dólares al mes, mientras General Electric ingresaba millones con su trabajo.

¿Qué es lo que mueve a Walter White a convertirse en Heisenberg, el narcotraficante? ¿La justicia? ¿La familia? Sí y sí, pero sobre todo la rabia y la venganza personal contra una sociedad que le ha humillado (como humilla diariamente a millones de personas). En otro episodio, su doctor le pregunta el motivo por el cual escapa de casa, a lo que Walt responde: “Mi mujer está embarazada de un bebé que no deseamos, mi hijo de 15 años padece parálisis cerebral. Yo estoy sobrecualificado para ser un simple profesor de química, cuando puedo trabajar gano 43.700 dólares al año, he visto a mis compañeros superarme en todo y en 18 meses estaré muerto”.

Villano y emprendedor

Es esta vendetta personal la que definirá a Walter White, alias Heisenberg, como un villano, uno de los más grandes de la ficción, pero también uno de los más queridos. El personaje de Cranston busca la satisfacción de sus propias necesidades individuales. En ningún momento se plantea cómo erradicar su injusticia (no poder acceder a un tratamiento adecuado para el cáncer sin arruinar a su familia) para el conjunto de la sociedad. Sólo busca una solución para él, sin importar las consecuencias.

Esto entronca perfectamente con el discurso del emprendedor, no importa la devastación que haya a tu alrededor mientras tu triunfes, por cualquier medio que sea necesario. El artículo “Miserias del emprendimiento”, de Guillermo Zapata, es muy lúcido en este sentido.

Mientras, en el artículo “The Breaking Bad school”, The Economist compara la serie con un máster de emprendimiento de Harvard. Quizás sugiere que los Heisenberg reales son los que se sientan en los consejos de administración de las grandes empresas, que llaman a nuestras puertas para subirnos la luz, bajarnos los salarios o desahuciarnos.

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