Agenda anticapitalista

Grecia | La clase trabajadora en la encrucijada

02/03/2013

Nikos Loudos, miembro de la coalición anticapitalista Antarsya, explica cómo, después de la huelga general del 20F las trabajadoras y trabajadores griegos siguen empujando el movimiento huelguístico.

El gobierno griego se encuentra bajo una inmensa presión después de la última huelga general del 20 de febrero. El gobierno está aumentando los ataques, la represión, la agenda racista y su ofensiva ideológica, pero a pesar de aumentar su sombra no puede esconder la realidad. Ha usado la ley más dura posible –reclutamiento forzoso- contra la plantilla del metro y de la marina, enviando la policía a sus casas y amenazándolos con enviarlos a prisión, con la intención de parar las últimas huelgas. Han intentado parar estas huelgas, pero en el 20F la marina hizo huelga, a pesar de que oficialmente estaban bajo órdenes militares.

De hecho, el 19 de enero el presidente francés, François Hollande, visitó Grecia, y el primer ministro, Antonis Samaras, quiso vender su visita como un signo de confianza. Pero en la televisión, no había ningún sonido del encuentro de los dos líderes. ¡Porque los trabajadores y trabajadoras de los medios de comunicación estaban en huelga!

Una de las mayores medidas de austeridad; despedir miles de personas trabajadoras del sector público no ha sido implementada. Se ha atascado después de la huelga indefinida, organizada por los trabajadores y trabajadoras municipales, el pasado otoño.

La huelga general es la última prueba de que a pesar de que el gobierno ha empleado todo tipo de métodos para producir miedo y parar el movimiento huelguístico, no ha conseguido ningún resultado. La mayoría de diarios conservadores dicen que el temor más grande del gobierno es “la Hidra” de las huelgas. Cuando intenta parar la huelga del metro, entonces consigue que se produzca una semana de huelga en todo el transporte. La huelga de los autobuses se paró sólo porque la burocracia sindical consiguió dividir la izquierda en dos visiones diferentes sobre la escalada de huelgas. Las dos visiones de izquierda juntas eran mayoría. En el caso de la marina, la dirección de la confederación de sindicatos que había dicho que no estaba dispuesta a convocar más huelgas, fue forzada a convocar una huelga de solidaridad de veinticuatro horas en Atenas.

En los sindicatos, el giro a la izquierda sigue adelante. En las recientes elecciones —del 21 de enero— del sindicato de médicos y médicas en la región metropolitana de Atenas, la lista anticapitalista de Antarsya saltó al segundo lugar, tomando la posición del Pasok, que ha bajado a la quinta posición. Syriza fue tercera y el Partido Comunista Griego, cuarto. En varios sindicatos más, la burocracia está siendo debilitada y las fuerzas de izquierda aumentan.

Presionado

El gobierno también está presionado por la situación objetiva. Sus esperanzas han resultado fútiles. Ahora se ha visto obligado a reconocer que las medidas de austeridad han fallado. El gobierno hasta ahora ha conseguido evitar la bancarrota pública, pero también sabe que será forzado a un nuevo paquete de medidas de austeridad.

Las encuestas de opinión muestran que Nueva Democracia todavía está en mínimos históricos. El Pasok y Dimar (los otros dos partidos que apoyan el gobierno de la austeridad) también están disminuyendo electoralmente. Algunas encuestas muestran que Syriza podría ganar las próximas elecciones. Esta situación plantea grandes problemas para la clase dirigente. La tradicional salida de avanzar las elecciones ya no está abierta, porque no puede confiar en un gobierno de izquierdas. Este es el motivo por el cual está aumentando la retórica anti izquierda, impulsando una mentalidad de guerra civil. El único resultado que han conseguido hasta ahora es el de ayudar a los neonazis a sentirse más legitimados para extender sus acciones criminales.

La mayor tarea que el movimiento obrero tiene por delante es la de coordinar las luchas. Todas las que hemos visto hasta ahora, se encuentran en un cruce, donde los trabajadores y trabajadoras tienen que elegir entre continuar luchando o bien buscar un pacto. Ahora mismo hay más fuerzas en la clase trabajadora apostando por el aumento y la coordinación de las luchas.

Las plantilla del metro se coordinó con las trabajadoras y trabajadores municipales. Pero todavía hace falta una red organizada que pueda empujar estas luchas adelante y por encima de los límites de la burocracia. La estrategia de la izquierda parlamentaria —Syriza y el Partido Comunista— no ayuda mucho en esta dirección. Syriza después de la última conferencia hizo un gran giro para alejarse de su propio radicalismo. La dirección de Syriza no cree que las luchas de los trabajadores puedan ganar. Toma distancia de cada escalada de las movilizaciones, afirmando que este tipo de luchas podría inhibir su carrera hacia la victoria electoral. Esperar ganar las elecciones después de un periodo de luchas derrotadas es una estrategia muy peligrosa. El Partido Comunista también subestima el poder de las luchas y afirma que las propuestas para una escalada y coordinación de las movilizaciones sólo pueden conducir a la derrota.

El gobierno sólo puede ser derrotado con un aumento de las luchas y la coordinación para que el movimiento de la clase trabajadora tome todo el control.

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