Agenda anticapitalista

Francia 1936: Frente Popular y lucha obrera

02/03/2014

Andy Durgan

Huelga y ocupación de Huntley & Palmer en La Courneuve en junio de 1936.

Huelga y ocupación de Huntley & Palmer en La Courneuve en junio de 1936.

Historia | La timidez del gobierno de izquierdas fue respondida por un movimiento de millones de personas

El 3 de mayo de 1936 ganó las elecciones en Francia una coalición de izquierdas, el Frente Popular, con 380 diputados contra 237 de la derecha; aunque la diferencia en votos era escasa. Los socialistas, por primera vez en su historia, fueron los más votados; el Partido Comunista (PCF) dobló su apoyo con 1.468.949 votos. Como su equivalente en el Estado español (elegido tres meses antes), el Frente Popular francés llegó al poder con un programa poco ambicioso.

Aunque el socialista León Blum fue nombrado como el nuevo primer ministro, el PCF, sin ministros, hubiera preferido un gobierno encabezado por un miembro del Partido Radical -más moderado, a pesar del nombre- con el fin de no asustar a la burguesía. Y mientras Blum procedió lentamente a formar su gobierno, tanto la burguesía como la clase obrera no tardaron en actuar: la primera sacando su capital del país, la segunda, como en el estado Español, movilizándose a pesar de la timidez de sus líderes.

El movimiento empezó en serio en Paris con la ocupación de la importante fábrica de aviones de Bloch por unos despidos tras una huelga anterior. Su victoria inspiró una ola de paros que pronto se extendió por el país, incluyendo sectores con poca tradición de lucha (hostelería, comercio, cine, teatro, banca, seguros, etc.).

Huelgas de masas

Casi todas las huelgas tuvieron en común la ocupación del lugar de trabajo, el respaldo de la totalidad de la plantilla y el apoyo activo de las comunidades locales. Tal fue la extensión de la movilización que las autoridades no se atrevieron a utilizar a la policía. En lugar de batallas campales entre piquetes y las fuerzas de orden público, las huelgas transcurrieron pacíficamente dentro de las fábricas ocupadas y se organizaron todo tipo de actividades culturales y de ocio. Se destacó también la participación masiva de sectores no sindicados -en algunos sitios no había nadie con experiencia como para haber presentado antes una lista de reivindicaciones.

Mientras la patronal presionó a Blum para que estabilizase la situación lo antes posible, las cúpulas sindicales y frentepopulistas hicieron todo lo posible para controlar el movimiento y mantener sus reivindicaciones dentro un marco puramente económico. Parecía que todo quedaría encauzado con el pacto de Matignon del 7 de junio, en el que la patronal aceptó convenios colectivos obligatorios, la semana de 40 horas, derechos sindicales, subidas salariales y el reconocimiento de representantes de la plantilla en cada lugar de trabajo.

No obstante en muchas empresas ni los empresarios aceptaron el pacto ni la plantilla quería volver al trabajo. Incluso donde parecía que sí se había llegado a un acuerdo, la gente en huelga sacó más reivindicaciones. Ya el 10 de junio dos millones de personas estaban en huelga. En algunas zonas los comités de enlace de delegaciones, organizados por la sección local del sindicato, empezaron a actuar como el embrión de un poder alternativo. Tanto los partidos frente populistas como la burocracia sindical temieron no ser capaces de retomar el control de sus bases. No en vano Trotsky anunció el 9 de junio desde su exilio que “había comenzado la revolución francesa”.

En esta situación el papel contradictorio del PCF sería clave en acabar con el movimiento. El partido apoyó el acuerdo de Matignon, pero seguía apoyando las huelgas hasta la implementación completa de pacto. Pero seguir con la lucha ahora significaba una confrontación revolucionaria que pondría en peligro el deseo soviético de mantener a todo coste su alianza con Francia. El 12 de junio el líder comunista Maurice Thorez se dirigió a los miembros del partido diciéndoles que “hace falta saber cuándo terminar una huelga”. Desde este momento el PCF iba a dirigir la vuelta al trabajo.

El legado del Frente Popular

Los partidos obreros presentaron el fin de las ocupaciones como una victoria. La realidad fue otra. El gobierno de Blum solamente duró un año, durante el cual fue obligado a devaluar el franco y introducir una congelación general de los salarios. Blum fue remplazado por un gobierno del Partido Radical, que a su vez cedió el testigo a un gobierno del centro-derecha. En el otoño de 1938 el Frente Popular se autodisolvió. El parlamento de 1936 fue el mismo que en 1940 votó dar plenos poderes al mariscal Pétain, que encabezaría el régimen colaboracionista durante la ocupación nazi.

¿Cuál fue el legado del gobierno del Frente Popular? Es cierto que introdujo unas mejoras importantes para las clases populares, pero estos fueron el produjo directo de la lucha obrera. Otras medidas como la nacionalización de industria armamentística, el control estatal de los ferrocarriles y la reforma del sistema bancario beneficiaron a las clases dominantes.

Además, con el control de las fábricas otra vez entre en manos de la patronal las mejoras ganadas en 1936 fueron poco a poco minadas. Ya en 1938 las subidas en los precios habían eliminado los incrementos salariales. El nuevo gobierno decretó excepciones a la semana de 40 horas en ciertas industrias y a mediados de 1938 ya casi no existía. De las mejoras concretas solamente quedaron las vacaciones pagadas.

A pesar del crecimiento impresionante de los sindicatos, de tener una afiliación de menos de un millón en 1935 a cinco millones dos años más tarde, sin otra dirección política el movimiento obrero francés no fue capaz de aprovechar del gran ímpetu del verano de 1936.

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