Agenda anticapitalista

El pulso imperialista por Ucrania

31/03/2014

Isaac Salinas

El halcón y el oso se disputan el control de Ucrania, pieza clave en Europa del Este.

El halcón y el oso se disputan el control de Ucrania, pieza clave en Europa del Este.

Análisis | La Guerra Fría finalizó en 1991, pero el enfrentamiento entre potencias continúa.

Nunca cesó el expansionismo imperialista de EEUU, en forma de OTAN. Y Rusia, como ha demostrado en los últimos años, no está dispuesta a ceder influencia en toda la región de la antigua URSS.

Este choque de trenes ha tenido un escenario recurrente en Ucrania, país frontera por antonomasia entre occidente y Rusia. La competencia por la influencia ha polarizado la división política en Ucrania, sobre la división cultural entre un este que mira hacia Rusia y un oeste que mira hacia Europa. La más interesada en esa división no es la población ucraniana, sino los oligarcas que hacen sus negocios con uno u otro bloque.

Eso no significa que las protestas del “Euromaidán” que estallaron en noviembre sean solo una disputa entre sectores de la oligarquía, como alega parte de la izquierda internacional para desmarcarse. El movimiento actual guarda más analogías con el 15M que con la llamada “revolución naranja” de 2004. No ha estado coreografiado desde arriba, sino que es la expresión del descontento popular contra la miseria (el sueldo medio es de 300€/mes) y la corrupción del gobierno de Yanukovich. Pero tampoco es una revuelta que represente los intereses propios de la clase trabajadora. Su espontaneidad y desorganización están siendo cooptadas por la extrema derecha, fomentando el nacionalismo y aislando a la prácticamente la inexistente izquierda radical, desacreditada por el estalinismo.

El gobierno resultante de las protestas y la caída de Yanukovich, con algunos fascistas en sus filas, disfruta del apoyo occidental. Una derrota para Moscú, que niega su legitimidad citando la forma en la que tomó el poder. Nada nuevo. Tras la “revolución naranja”, los rumores de que Ucrania entraría en la OTAN llevaron a Rusia a maniobrar para desacreditar al gobierno pro-occidental de Yutschenko, culminando en la elección –para muchos fraudulenta– del depuesto pro-ruso Yanukovich en 2010. Occidente ha vuelto ahora a la carga apoyando al movimiento Euromaidán, después de que Yanukovich abandonara el pacto de integración en la UE. Rusia no se ha quedado atrás, con el contragolpe militar en Crimea. Igual que en Georgia en 2008, muestra así su disposición a recurrir a las armas, en combinación con las más habituales presiones económicas.

De ahí que suba el tono de las amenazas. Confiado por su efecto sobre Irán, Obama espera frenar mediante sanciones económicas una escalada de la intervención rusa en Ucrania –grotesco, procediendo del “pacífico” Estados Unidos.

Imperialismo

¿Puede desencadenarse una confrontación militar entre la OTAN y Rusia? Muchos analistas descartan esta opción, en base a la interdependencia económica entre Rusia y occidente (especialmente la UE) y el efecto disuasorio de la posesión de armas nucleares por ambas partes.

No está nada claro. Ni Washington ni Moscú tienen en su agenda una nueva guerra mundial, pero si el conflicto sigue escalando no se puede descartar ningún escenario. La estrategia geopolítica y las capacidades militares cambian muy rápido –en 1932, el ejército alemán era ridículo; en 1941, estaba a las puertas de Moscú.

Lo que sí está claro es que no podemos dejar nuestro futuro en manos de los dirigentes mundiales, sea cual sea su bandera. Los intereses de sus capitalistas están por encima de la soberanía de los pueblos. Europa del Este, tanto para occidente como para Rusia, no es más que un tablero de juego en liza.

Georgia y Moldavia siguen los pasos de las también antiguas repúblicas soviéticas del Báltico y se dirigen hacia la integración en la UE, y Georgia también en la OTAN. En respuesta a la expansión de la OTAN, Rusia intensifica sus esfuerzos por integrar a sus vecinos en un bloque económico (incluyendo una unión aduanera) y militar (mediante la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva).

Igual que en Georgia y Moldavia, una mayoría social en el oeste de Ucrania quiere la integración en la UE. Atravesada por divisiones internas y la crisis económica, la UE sigue sin poder aspirar a gran potencial imperialista y debe conformarse con seguir siendo la comparsa de EEUU, como en la Guerra Fría. Además, su dependencia energética de Rusia la ata de manos.

Ante esta situación, se impone la realpolitik. Y es ese terreno, Alemania se mueve como nadie. No es de extrañar que Alemania, cuyas importaciones de gas proceden en un 40% de Rusia, haya reforzado sus relaciones con ese país desde el estallido de la crisis económica en 2008 y el declive de la confianza en el proyecto de integración europea –un intento frustrado, en primera línea, de establecer una capacidad militar común independiente de EEUU bajo control político alemán–, al mismo tiempo que impone una reestructuración “austeritaria” de la UE. Como una veleta, Merkel apoyó de noviembre a enero las movilizaciones del Euromaidán y al pro-occidental Klitschko como su candidato, para más tarde ofrecer a Putin la federalización de Ucrania.

En EEUU, el miedo a una alianza geopolítica de Europa y Rusia está detrás de la famosa frase “Fuck the Europeans!” (¡Que se jodan los europeos!”), filtrada de una conversación entre la portavoz del Departamento de Estado y el embajador de EEUU en Ucrania. El imperialismo yanqui no atraviesa sus mejores horas, debilitado por el fracaso en Iraq y Afganistán. Sin renunciar a la influencia sobre la franja entre Europa del Este y Asia Central, como muestra la expansión de la OTAN, se redirige progresivamente hacia el Pacífico con la vista puesta en China –que, por cierto, parece no tener una postura propia sobre el conflicto en Ucrania. Rusia, por su parte, intenta llenar el vacío regional que deja la retirada de las tropas norteamericanas de Oriente Medio, y gana influencia en Egipto en detrimento de EEUU.

Socialismo

Por suerte, no todo es geopolítica. Ni estamos aun en la Guerra Fría. Entonces, “¡Ni Washington ni Moscú, sino socialismo internacional!” era la consigna de la Corriente Socialista Internacional, a la que pertenece En lucha. Hoy debemos gritarla con más fuerza que nunca. No hay ningún imperialismo progresista; el enemigo de mi enemigo no es mi amigo. La libertad no llegará en tanques militares, sino de la mano de la autoorganización de la gente en lucha por sus derechos.

En Ucrania, debemos apoyar a la gente corriente, la que puede deshacerse de los fascistas y de todos sus oligarcas, sean pro-rusos o pro-europeos.

En Rusia, debemos denunciar el imperialismo de Putin y solidarizarnos con la izquierda que lucha.

En el Estado español, debemos exigir la salida de la OTAN y luchar contra su expansión hacia el este.

En todo el mundo, debemos impulsar el internacionalismo y la perspectiva del socialismo desde abajo. Estas son las claves para superar este sistema global de competencia capitalista, generador de rivalidades geopolíticas y guerras imperialistas.

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