Agenda anticapitalista

El pacto IU-PSOE: una encrucijada inevitable

06/05/2012

Miguel Sanz Alcántara (@msa980) explica la situación política en Andalucía después del pacto entre IU y el PSOE para formar gobierno y cómo éste puede afectar a la izquierda combativa.

El Colectivo de Unidad de los Trabajadores (popularmente conocida como “la CUT”) forma parte de IU en Andalucía desde su fundación en 1986 y está liderada por Juan Manuel Sánchez Gordillo y Diego Cañamero, referentes incuestionables desde hace más de 30 años del movimiento jornalero andaluz. Representa una de las pocas organizaciones con cierta base social en todo el Estado español que aun mantiene posiciones y valores de la izquierda combativa y anticapitalista, tanto en su discurso como en su práctica de movilización a través del Sindicato de Obreros del Campo (antiguo SOC, ahora SAT).

Tanto Sánchez Gordillo como Cañamero llevan al menos dos años reiterando públicamente que un pacto de gobierno entre IU y PSOE haría imposible su permanencia dentro de la coalición. El argumento central es que el PSOE representa un “régimen” represivo, corrupto y perjudicial para la gente trabajadora y el conjunto de las clases populares de Andalucía. De hecho, el SOC lleva años sufriendo altas cotas de represión policial y judicial por su acción directa en el campo y en el ámbito sindical. Represión organizada durante la mayor parte de su existencia por políticos del PSOE instalados en el Gobierno central, y sobre todo desde la Junta de Andalucía.

Es necesario decir que la CUT ya ha jugado otras veces con la posibilidad de salir de IU, sin que nunca haya materializado su amenaza hacia los líderes de la coalición (la última vez durante la aceptación por parte de IU del renovado Estatuto de Andalucía en 2007). Evidentemente la CUT tiene que moverse dentro de la lucha interna de IU, donde pelean el PCE/PCA y la gente más moderada vinculada al aparato federal y andaluz de IU, etiquetados como “llamazaristas”. La CUT usa la amenaza y la posibilidad de salir como una baza de negociación en algunos momentos. Sin embargo, nunca antes había sido tan clara la necesidad de cumplir, por coherencia, algo que se ha repetido hasta la saciedad y que todo el mundo dentro del SAT y la CUT daba por hecho hasta hace un par de meses.

Tensiones

IU ya vivió enormes tensiones en el proceso de elección de cabezas de lista para las elecciones del 25M. Pero ahora el pacto de gobierno alcanzado con el PSOE la coloca frente a una situación desconocida respecto a las posibles disputas internas, y el liderazgo de la CUT es muy consciente de ello. Por un lado, sectores del PCA y las UJCE/JCA (jóvenes comunistas) entienden que tras años de crítica feroz y enfrentamiento en el ámbito municipal con el PSOE y su clientelismo, aunque también con algunas experiencias de pactos de gobierno polémicos como el del Ayuntamiento de Sevilla, el actual acuerdo supone una traición a la integridad ideológica del comunismo andaluz. A este descontento de los sectores más pujantes, jóvenes y combativos de IU, hay que añadir el de una parte del sector “llamazarista”, unida a gente del mismo PCA, que no estarán conformes con el reparto individual de los cientos de puestos de gobernabilidad e influencias que emanarán del pacto con el PSOE. Frente a ello, la dirección de la CUT flirtea con la amenaza de salir, llevándose el diputado autonómico Sánchez Gordillo y arrastrar a algunos de los sectores descontentos del PCA e IU. Como comentaremos más adelante, esta salida podría ser una esperanza para el futuro de la izquierda en Andalucía, pero la realidad es que el liderazgo de la CUT está comenzando a lanzar el mensaje a sus propios militantes de que “habrá que luchar desde dentro”.

El espejismo del pacto

El acuerdo de gobierno IU-PSOE supone un hecho enormemente negativo para la izquierda andaluza. Primero porque es un espejismo que un gobierno formado por estos dos partidos vaya a realizar una política verdaderamente transformadora, y conduce, por tanto, a la frustración de los votantes y militantes de ambas formaciones. El PSOE es un partido cuya trayectoria desde la socialdemocracia hacia las políticas neoliberales ha quedado clara, más aún después de las medidas antisociales del último gobierno Zapatero. En segundo lugar, no es posible un gobierno donde IU marque la agenda desde la izquierda. Las experiencias anteriores han demostrado que el sector de IU dedicado a la política institucional siempre ha acabado aceptando el núcleo de las políticas social liberales del PSOE a cambio de concesiones menores, gestionando así el sistema con todas sus miserias y corruptelas y sin establecer condiciones para transformarlo.

Aunque la mayoría del electorado andaluz de izquierdas vea con ilusión este pacto, una situación hipotética en la que IU marcara la agenda se enfrentaría a enormes presiones por parte de los poderes económicos, que acabarían forzando al PSOE a deshacer la coalición y convocar elecciones. Esto ha ocurrido con todos los gobiernos europeos que después de la II Guerra Mundial amagaron con desarrollar programas de gobierno verdaderamente reformistas desde la izquierda (el caso del Gobierno Mitterrand en Francia en 1981 es paradigmático en este sentido). Hay que sumar a esto que el texto del pacto en sí es bastante pobre y no implica ningún acuerdo serio del programa de IU que venga acompañado de concreciones sobre financiación y modos de ejecución. Por ejemplo, el plan de choque para el empleo o el ICO Andaluz que han aireado con tanto bombo, y que supone un retroceso inadmisible en el punto programático de una banca pública andaluza.

Más allá de las instituciones: por una izquierda consecuente

La alternativa para la izquierda andaluza debe ser priorizar el movimiento ciudadano en la calle contra los recortes y la lucha para proteger las conquistas sociales y alcanzar otras nuevas, algo que difícilmente ningún gobierno andaluz traerá, más aun en las actuales circunstancias de crisis económica y ofensiva del empresariado y el capital financiero. Dentro de esta proposición de priorizar la construcción de movimientos sociales frente al trabajo institucional, la salida de la CUT de IU podría representar una esperanza y un vuelco de la situación. Actualmente, y más todavía después de lo que ha supuesto el 15M en Andalucía, miles de personas están a la espera del surgimiento de un referente político que pueda canalizar las aspiraciones de resistencia y cambio social a favor de la mayoría de la gente.

IU podría haber continuado fortaleciéndose hasta cierto punto con el apoyo de parte de este sector de la izquierda, pero su descrédito previo y posterior al pacto la inhabilita para ello. La CUT y sobre todo el SAT/SOC han sido forjadas en años de luchas desde abajo y son organizaciones con una base e influencia social mucho mayor que la de cualquier grupo de la izquierda anticapitalista o revolucionaria en Andalucía y el resto del Estado. A pesar de la desorganización interna palpable en la CUT y del conservadurismo de algunos de sus alcaldes, concejales y liberados, gran parte de la izquierda social andaluza podría sumarse a este proyecto si materializaran la salida. La creación de un partido a la izquierda de IU, que además contaría con un diputado de cierta relevancia social como Sánchez Gordillo, podría conducir a una unidad sin precedentes entre los sectores más combativos de la izquierda andaluza. Cómo conducir este proceso y el éxito que tendría sólo es comprobable si existe una voluntad clara por parte de la dirección de la CUT —la mayoría de su afiliación ya está pensando en ello— de salir y empezar a dialogar con las organizaciones, candidaturas municipales y entornos que potencialmente podrían sumarse. Es una gran responsabilidad histórica la que pesa sobre estos militantes, cuya coherencia y validez en general ha quedado contrastada durante más de tres décadas de movilización.

Desde En lucha animamos a las personas que militan en la CUT y a sus dirigentes a que den este paso, porque es mucho lo que podemos ganar reconstruyendo una izquierda andaluza consecuente y combativa, y porque el descrédito de esta formación crece cada día que pasa y permanecen dentro de una IU que ya ha apostado por la gestión del sistema con todas sus maldades. M.S.

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