Agenda anticapitalista

El capitalismo nos mata

01/04/2011

¿Se ha vuelto loco el mundo? Si uno enciende la televisión estos últimos días y mira las noticias es normal que nos hagamos esta pregunta. Nos enfrentamos a guerras, desastres nucleares, crisis económicas.

Una vez más los gobernantes del Estado español nos han metido en otra guerra, aunque quieran llamarla de otra forma. Es la tercera vez en ocho años que el Gobierno decide participar en el ataque a otro país en el que morirán, de nuevo, muchos civiles inocentes.

Es una vergüenza que sólo 3 diputados votasen en contra de la misión asesina de la OTAN. Al igual que en Irak o Afganistán, se nos dice que la intervención es para ayudar a la gente ordinaria, cuando en realidad su único interés es el acceso de los ricos campos petrolíferos libios.

En la otra punta del mundo, en Japón lo que empezó siendo una catástrofe natural se ha convertido en una catástrofe nuclear hecha por el hombre que amenaza la salud y la vida de miles de personas.

Aquí, el gobierno del PSOE se ha comprometido decididamente a hacer pagar la crisis creada por los bancos a la mayoría trabajadora. Las reuniones con los empresarios más ricos del Estado español dejan bien claro que las minorías opulentas nos harán ajustarnos el cinturón mientras ellos se enriquecen más y más. Los recortes de las pensiones, de los salarios del sector público, el abaratamiento del despido, etc., mientras los beneficios de las principales empresas de la Bolsa se disparan, expresan de forma elocuente el tipo de mundo en el que vivimos. La guerra, los desastres ecológicos y la codicia más feroz no son aberraciones del sistema en el que vivimos.

Vivimos en una sociedad capitalista donde el beneficio es el rey, mientras la gente normal y corriente somos solo los peones del juego. Pero ahora, algo está cambiando en todo el mundo. La gente está empezando a decir “basta ya”.

En Egipto y Túnez los levantamientos de la clase trabajadora han expulsado a déspotas como Hosni Mubarak o Ben Alí. En Gran Bretaña, miles de trabajadores y trabajadoras de las universidades públicas se declararon en huelga para hacer frente a los recortes y defender sus trabajos, sus salarios y sus pensiones.

En el Estado español estamos todavía muy lejos del nivel de luchas de estos países, pero la unidad y la combatividad de la huelga general del pasado 29 de septiembre nos señala el camino a seguir para combatir los recortes sociales. La crisis global ha sido el motivo perfecto para introducir todo tipo de recortes en derechos sociales y laborales que su único objetivo era proteger las ganancias de un puñado de empresarios.

Ahora en la agenda neoliberal del Gobierno y la patronal se estudia la posibilidad de vincular los salarios a la productividad y acabar con la negociación colectiva. Esto significaría una pérdida de poder adquisitivo y la atomización de la fuerza colectiva de la clase trabajadora.

Los y las trabajadoras tenemos que dar un paso adelante y establecer nuestra propia agenda. Aunque silenciadas y a menudo despreciadas son muchas las pequeñas luchas que pueden inspirar un profundo giro en la confianza necesaria para llevar a cabo grandes cambios desde abajo. Las luchas existen, aunque sea a pequeña escala, y nos demuestran que sólo ellas nos pueden traer la victoria, como la conseguida por las y los modelos en vivo de la Universidad de Sevilla.

La movilización y la unidad de acción siguen siendo imprescindibles porque esta crisis ni la causamos ni la queremos pagar los y las trabajadoras.

Los y las militantes de En lucha no sólo estamos en contra de los recortes sociales del Gobierno, sino que luchamos contra todas las opresiones que genera el sistema. Por ejemplo, estamos en contra del racismo y el fascismo, y por eso participamos en Unidad contra el Racismo y Fascismo en Catalunya: para detener el avance de unas ideas demagogas que aprovechan la crisis para criminalizar a las personas inmigradas.

Estamos orgullosos de llamarnos socialistas revolucionarios. Estamos luchando por un mundo en el cual las personas estén por encima de los beneficios de unos pocos; una sociedad en la cual los intereses de la clase trabajadora sean más importante que la codicia de los banqueros y empresarios; queremos un mundo sin guerras y sin la sombra de un desastre nuclear.

Hay mucho en juego. El capitalismo ha demostrado que causa estragos en todo el mundo. Pero creemos que tenemos el poder para cambiarlo, y las revoluciones de Túnez y Egipto lo demuestran.

Pero si queremos ganar, necesitamos organizarnos. Es por eso que, si tú también quieres cambiar el mundo, te pedimos que te unas a En lucha hoy mismo.

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