Agenda anticapitalista

Editorial | “Sí se puede”

01/05/2013

Con el grito de “Sí se puede” la PAH ha logrado construir un referente inspirador. Igual de inspirador que la negativa por parte del cuerpo de bomberos de varias ciudades a participar en ningún desahucio. Este no es el único ejemplo de resistencia desde los centros de trabajo.

Las mareas ciudadanas son un ejemplo claro de confluencia entre personas usuarias y las plantillas de los centros de trabajo, una unidad, también a nivel sindical, que no se habría podido forjar sin la fuerza del 15M. Si repasamos la marea verde de la educación, que durante el curso pasado sacudió el sector educativo de Madrid, veremos cómo la unidad, forjada desde la base, en cada asamblea de cada centro de trabajo, es clave para construir un plan de luchas sostenidas capaz de plantar cara. Ésta se la lección que debemos generalizar.

Los encierros en los hospitales, que rápidamente recibieron el apoyo vecinal, han dejado un poso organizativo, en el caso de Catalunya con la Coordinadora Laboral de Centros Sanitarios. El reto es construir una red de coordinación desde la base entre las plantillas de los distintos hospitales para dar una respuesta conjunta y coordinada.

Pero no sólo tenemos ejemplos positivos en el sector público. En la empresa Capgemini, del sector informático, los planes de la dirección de empeorar las condiciones laborales provocó la reacción de la plantilla, que votó mayoritariamente a favor de la huelga indefinida, obligando a la empresa a retirar todas las medidas. Este ejemplo forma parte de una dinámica general que va poniendo el sector informático en pie de guerra.

En muchos casos, son las plantillas más precarizadas, como el colectivo de interinos e interinas en educación, las que están empezando a construir nuevas resistencias.

En Andalucía el SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores y Trabajadoras), que empieza a construirse con fuerza en las ciudades, ya empieza a atraer la atención de plantillas, como la del Ayuntamiento de La Línea, que buscan alguna alternativa de lucha frente la pasividad de las burocracias sindicales. Cada vez es más evidente que la estrategia sindical de concertación ya no es válida ante los feroces ataques. El pacto social forjado en la Transición ya hace tiempo que fue hecho pedazos por una de las dos partes, la clase dirigente.

Las 20 huelgas generales que se han producido en Grecia los último dos años no responden a una mayor radicalización de las burocracias sindicales griegas, sino que, como ya está pasando aquí, las burocracias sindicales muestran actitudes más combativas porque deben responder a una radicalización creciente de sus bases.

Para la izquierda anticapitalista se abre un doble reto. Por un lado, poner las organizaciones políticas al servicio de las luchas, aprendiendo de ellas para generalizar las mejores estrategias y experiencias, poniendo énfasis en el hecho de que los derechos que tenemos se han conseguido luchando. Las luchas del pasado son la mejor prueba de que es posible ganar. Por otra parte la necesidad de organizar las personas activistas y anticapitalistas que hoy en día están solas en sus centros es fundamental para romper el aislamiento y facilitar la coordinación que debe permitir construir una agenda de movilizaciones propia y sostenida en el tiempo.

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