Agenda anticapitalista

Editorial | Resistencia Internacional

13/11/2012

La Huelga General (HG) del 14 de noviembre, que será la segunda de este año, se enmarca en una jornada de resistencia a las políticas de austeridad convocada en toda Europa. Además del Estado español, también harán huelga en Portugal, Italia, Grecia, Chipre y Malta. Además, los sindicatos belgas y alemanes también están llamando a una jornada de movilización. Por primera vez desde el inicio de la crisis se dará una respuesta masiva en forma de HG coordinada en varios estados del sur de Europa.

La huelga se convoca tarde y con poco tiempo para organizarla bien. Pero aun así para los y las activistas de la izquierda combativa debe ser una absoluta prioridad. Habrá que aprovechar este contexto de preparación de la huelga para fortalecer los vínculos entre el movimiento en las calles y las luchas en los centros de trabajo. Sólo con esta organización desde la base, podremos empezar a construir un plan de luchas, que supere el inmovilismo de las cúpulas de los grandes sindicatos, que debe ir mucho más allá del 14N. Un plan de luchas que además de huelgas generales también debe incluir huelgas sectoriales y jornadas de movilización con una perspectiva de conectar las diversas luchas en un frente común que se oponga frontalmente a las políticas de austeridad y los recortes.

El potencial de la clase trabajadora reside en el hecho de que su acción colectiva en un día de huelga impide el transcurso normal de la explotación capitalista. El día de la huelga no se produce y se trunca el flujo constante de beneficios que llenan los bolsillos de la clase acomodada. Este potencial de parar la producción es lo que confiere a la clase trabajadora la centralidad que tiene a la hora de poder parar de forma efectiva las nefastas políticas antisociales de los gobiernos.

Esta huelga tendrá un claro componente político. Parar las políticas de austeridad. Así, habrá que impulsar un discurso que ponga en el centro la idea de que: desde la calle, desde los centros de trabajo y de desde todas partes, tenemos que echar a los gobiernos que, aplicando las políticas dictadas por la troika, nos están llevando al abismo. El éxito de la huelga general debilitará aún más la posición política de los gobiernos. Pero la caída definitiva de éste no se dará sólo con un día de huelga, habrá que ir mucho más allá.

La situación económica actual, marcada por una profunda crisis que se acentúa día a día bajo el abominable dominación de la deuda soberana y el yugo del cumplimiento de los objetivos de déficit, parece estar a punto de llegar a un nuevo nivel en caso de que se confirme el mil veces anunciado “rescate” del Estado español. Este rescate sólo puede significar un agravamiento de las políticas que están desmantelando a marchas forzadas el ya mermado estado del bienestar. En este sentido, el tema de la deuda y la reivindicación creciente de no pagarlo será el segundo elemento político de esta huelga general. Porque cualquier salida de la crisis que se haga pensando en los intereses de la mayoría de la población, debe basarse en la premisa del no pago de una deuda que ni hemos generado las clases populares ni nos corresponde pagarlo.

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