Agenda anticapitalista

Editorial | Continuar hasta tumbarlos

04/10/2012

La gran movilización del 25 de septiembre, reunió a cerca de 50.000 personas a una convocatoria que bajo la idea de rodear el congreso pretendía poner en el punto de mira al gobierno. Las movilizaciones constantes en julio y septiembre, con el paréntesis de agosto, está poniendo en tensión a los gobiernos que están aplicando la austeridad. Manifestaciones constantes del sector público, huelgas sectoriales junto a manifestaciones centrales como las del 15S y el 25S se asemeja a los ciclos movilizadores que se han dado en otros países rescatados, como Portugal o Grecia, y que han llegado a derrocar gobiernos. La violencia policial desatada contra el 25S y la huelga general en Euskadi y Navarra denota la debilidad política de unos gobiernos que se desgastan.

La cercanía de las elecciones gallegas ha relajado el discurso pro austeridad, en un guiño electoral fruto de la presión popular. Sin embargo, las férreas demandas de los mercados y las instancias de la UE pondrán a los ejecutivos que salgan de los comicios entre la espada y la pared.

El gobierno del PP, haciendo uso de las herramientas del estado y con la crisis de pretexto, ha tomado la decisión de castigar con recortes a los trabajadores y trabajadoras para poder complacer los intereses de la banca europea. El 27 de setiembre se anunció, en los presupuestos generales del estado para 2013, una partida de 40.000 millones de euros destinados al pago de la deuda. Esto deja claro la verdadera misión del gobierno del PP: salvaguardar los beneficios de las grandes empresas y bancos. Bajo la presión de los mercados, nuevos recortes se están cocinando en los gabinetes de los gobiernos. Por ejemplo el gobierno andaluz, formado por PSOE e IU, se verá forzado, después de pedir rescate, a recortar el gasto público antes de que acabe el año.

Si la visión política del movimiento de las calles señala al gobierno, la estrategia para hacerle jaque ha de ser ampliar las luchas rompiendo el aislamiento de los actuales conflictos: conectar jóvenes con trabajos precarios y personas sin trabajo en el movimiento con el sindicalismo de base. En definitiva, interrelacionar la efervescencia del movimiento con la fuerza y la capacidad de cambio un real a través de huelgas de la clase trabajadora organizada. Empujar con luchas a las direcciones de CCOO y UGT a no sólo una huelga general, sino a más de una, dentro de un plan de luchas sostenido.

Este mes de octubre se reúnen los principales sindicatos europeos para convocar una jornada de movilización conjunta que podría implicar a las trabajadoras y trabajadores de once países y no se puede descartar que en el estado español ésta se concrete en una huelga general antes de fin de año.

Las huelgas generales no solo son importantes por la capacidad de parar la economía y lanzar un órdago al gobierno, sino también debe servir para organizar a la gente y dar continuidad a las movilizaciones hasta imponer una salida progresista a la crisis que ponga por delante los intereses de la mayoría.

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