Agenda anticapitalista

Editorial | Bloqueemos los recortes

30/08/2012

Este año no solo estará marcado por nuevos recortes sociales que impondrá el PP a cambio del rescate total del Estado español, sino también por un ascenso notable de las luchas. En septiembre ya hay varias fechas de movilizaciones en educación, pero las más destacadas serán sin duda la del 15S, convocada por los sindicatos mayoritarios, y la del 25S, convocada por el movimiento 15M. La manifestación estatal del 15 de septiembre es la respuesta coordinada y planeada de los sindicatos mayoritarios para responder a los recortes de este verano. Aunque es claramente insuficiente, tenemos que hacer que sea lo más masiva y radical posible si queremos precipitar una huelga general en los próximos meses.

La convocatoria del 25S de bloquear el Congreso es una acción polémica, pero valiente para plantar cara a los recortes. Bloquear el parlamento o sólo intentarlo es un paso adelante, porque, aún siendo necesarias las grandes movilizaciones como la del 15S, es imprescindible subir el tono y oponer una democracia directa nacida de las plazas, los barrios y los centros de trabajo a un parlamentarismo incontrolable, donde un buen día un diputado pasa a ser asesor de una empresa o al contrario; un parlamento que lejos de cualquier ilusión socialdemócrata, sólo constituye una herramienta en manos de la clase dominante para dictar leyes a su antojo.

Como pasó con la acción de bloquear el Parlament de Catalunya, algunos sectores, incluso de la izquierda más combativa, ya han empezado a criticar el 25S porque sería un atentado contra la democracia.

Ante este argumento es necesario resaltar la poca calidad democrática del Estado español, con una ley electoral a todas luces injusta o la imposibilidad de revocar a un gobierno que incumple descaradamente el programa electoral y que gobierna contra el pueblo. La ocupación o bloqueo de los parlamentos cuando éstos han legislado contra la mayoría de la sociedad han sido demostraciones reales de que “el poder emana del pueblo”. En Ecuador en el año 2000 el pueblo, especialmente los indígenas, echó al presidente Jamil Mauad amenazando con ocupar el congreso. Este había aceptado un rescate y había vendido patrimonio público para salvar a los bancos. En otros procesos de lucha como en Argentina y Bolivia las movilizaciones e incluso las ocupaciones de los parlamentos marcaron el derribo popular de presidencias neoliberales.

También hay quien cree que el Congreso no debería ser el objetivo, sino la banca. Es cierto que los banqueros gozan de innumerables privilegios y que son los grandes beneficiarios de los rescates y los recortes. Sin embargo, debemos fijarnos que han sido los diferentes parlamentos y gobiernos los que han tomado la decisión política de aplicar recortes a los servicios públicos, a los derechos laborales y sociales y subir impuestos a las clases populares. En vez de eso, podrían haber subido impuestos a los ricos, perseguir el fraude fiscal o nacionalizar las ganancias de las grandes empresas y bancos. No se puede soslayar la cuestión del poder. La banca por su propia naturaleza carece de mecanismos para autorregularse; si queremos expropiar la banca para convertirla en un mecanismo más de mejora social sólo lo podremos hacer desde el poder político.

Una última duda para apoyar la cita del 25S la ha suscitado la extrema derecha, que ha declarado que acudirá a la movilización. No tenemos nada en común con los fascistas, y el último manifiesto de la Plataforma Ocupa el Congreso, que denuncia el franquismo y apoya la igualdad de todas las personas, es imposible de firmar para cualquiera de ellos. Además, si vienen, la respuesta correcta sería movilizar al máximo número de personas e impedir cualquier expresión fascista; esto es expulsarlos de la manifestación.

Las dos convocatorias, la del 15S y la del 25S, deberían retroalimentarse. Tenemos que hacer que el 15S apunte hacia el derrocamiento del gobierno del PP: nada de pactar. A su vez necesitamos que el 25S vea que bloquear el Congreso es solo un paso más, que necesitamos un plan de lucha que incluya una o más huelgas generales.

Pero más allá de oponernos a los recortes debemos exigir que no paguemos la deuda, un deuda injusta fruto de la crisis y la inyección de dinero público a la banca privada. No necesitamos más rescates para salvar los especuladores sino invertir ese dinero en mejorar las condiciones de vida de la mayoría.

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