Agenda anticapitalista

Dignidad contra el poder

01/06/2014

Óscar Simón

marchas

21-J | Los espacios de coordinación de las marchas del 22M quieren perseverar en la movilización.

Después del éxito rotundo del 22M, con más de un millón de personas en Madrid, el desafío, claramente identificado por todos los colectivos, organizaciones o asambleas que forman parte de las Marchas de la Dignidad, era la continuidad. ¿Cómo seguir articulando un espacio unitario, democrático y que a la vez permitiera la acción territorial sostenida? El primer paso fue el 30 de abril, día previo al 1º de Mayo, con la ocupación de centenares de oficinas del INEM en todo el estado, reivindicando el reparto del trabajo y la riqueza. A pesar de realizarse la acción en horario matutino de 11 a 14h miles de personas se involucraron. Estas protestas sirvieron en la mayoría de los casos para avanzar en la construcción de asambleas locales de las marchas.

Ahora viene el 21J. El ritmo de una movilización cada dos tres meses es importante. De esta manera, con una actividad constante, pero no agobiante son muchas más las personas que pueden involucrarse. Para esta fecha se plantea rodear símbolos de poder, especialmente los autonómicos, ya que son los gobiernos autonómicos los que llevan años recortando, a veces presionados por el PP y la Troika, pero en muchas ocasiones evitando utilizar las alternativas existentes para evitar que la crisis la paguen las clases populares.

El 21J, de nuevo, no debe concebirse como una fecha única, sino que se inscribe en un plan de lucha que contempla una nueva marcha a Madrid para el otoño próximo y una posible huelga general para marzo de 2015. Por lo tanto, el éxito del 21J va a medirse en función de la movilización general producida, pero también por el fortalecimiento de las asambleas locales y territoriales. Para conseguir organizar una huelga general en la primavera del 2015 será necesario llegar a centenares de miles de centros de trabajo, fortalecer y construir allá donde no existan asambleas barriales y establecer espacios de coordinación entre unos y otras. Este horizonte de acumulación de fuerzas y coordinación debería estar presente en todo momento. Todo ello enmarcado en un proceso de crisis política en las que el PP y el PSOE están viendo como su hegemonía, todavía real, sufre un gran desgaste.

Así, para que el 21J sea un éxito de la misma magnitud que el 22M, el planteamiento tendría que parecerse al de otras manifestaciones del 15M, columnas sectoriales y barriales que llenen la ciudad de protesta y esperanza. La participación de las plantillas del sector público —durísimamente golpeadas por los recortes autonómicos— debería articularse tanto desde las mareas como de los comités de empresa, fomentado al máximo la celebración de asambleas previas que devuelvan la combatividad de hace un tiempo a escuelas, universidades y hospitales. Por otro lado, las columnas barriales pueden partir desde puntos emblemáticos de resitencia, un edificio de la obra social de la PAH, un centro sanitario en conflicto, una escuela en lucha, una fábrica en huelga, favoreciendo así la coordinación entre los tajos y las calles.

Transversalidad

Otro aspecto imprescindible es mantener la pluralidad y la diversidad de sectores movilizados, desde las personas migrantes, hasta el movimiento feminista pasando por el movimiento estudiantil. Cada uno de estos con sus reivindicaciones, muchas de las cuales se han convertido ya en transversales, pero teniendo claro que todos y todas somos explotadas y oprimidas por ese 1% ayudado de otro 10%.

A tres años del 15M y con una ebullición política sin precedentes, nos encontramos por primera vez desde los años 70 con la posibilidad de romper con la monarquía y el estado heredado del franquismo. Esta ruptura no sólo va a ser fruto del desgate electoral de las fuerzas que la han mantenido, PP, PSOE, PNV y CiU. Sin duda, los procesos de realineamiento político como el crecimiento de las CUP, Podemos, IU, el Procés Constituent, Compromís o Bildu, y de otros que vendrán, van a ser claves. Un buen resultado en las diferentes contiendas electorales van a dar más confianaza a las clases populares para luchar más y mejor. No obstante no van a ser suficientes, se necesita que la clase trabajadora sea capaz de luchar allá donde se genera la riqueza. Las marchas son una herramienta central en el camino de reorganización del mundo del trabajo contra los contratos basuras, los salarios de miseria y el paro.

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