Agenda anticapitalista

Desobedecer para ganar desde abajo

08/10/2014

Nahuel Quimasó

La plataforma Estudiants 9N ha convocado una campaña de protestas para defender la consulta en la calle. / Pere Virgili.

La plataforma Estudiants 9N ha convocado una campaña de protestas para defender la consulta en la calle. / Pere Virgili.

Consulta 9N | Tras la suspensión del referéndum, la movilización popular tiene la llave de la democracia.

“Quien esgrime estos argumentos en realidad le está privando de ese derecho a quien realmente le corresponde: el pueblo español. La consulta es antidemocrática “, declaró Mariano Rajoy el 29 de septiembre en respuesta al decreto para la consulta del 9N de la Generalitat de Catalunya.

Frente a este panorama, ¿que hará el pueblo de Catalunya para hacer posible la consulta democrática del 9N?

El régimen del 78 ha movido ficha y ha suspendido de forma cautelar la consulta. Así, se plantean dos escenarios diferentes:

El primero es que los principales partidos catalanes convocan elecciones anticipadas (que llamaran “plebiscitarias“) con la previsible victoria de ERC.

El segundo es que las instituciones catalanas desobedecen la legalidad, presionadas desde abajo por un gran movimiento social y abriendo unilateralmente los colegios electorales.

Los actores

El liderazgo del movimiento soberanista está compartido entre dos entidades, el gobierno autonómico y la Assemblea Nacional Catalana (ANC). Estas dos entidades llevan tres años remando en la misma dirección, pero la ruptura se acerca. Se acerca porque como vemos en las declaraciones a la prensa, el gobierno de Convergència i Unió (CiU) está comprometida con los dictamenes del Tribunal Constitucional (TC) y con la gobernabilidad dentro de los cauces de la democracia burguesa. La derecha catalana es genéticamente incapaz de desobedecer.

Por otra parte, la ANC se presenta como el relevo natural del liderazgo soberanista cuando el gobierno se quite la careta. Pero a su vez este espacio no tiene un posicionamiento claro y uniforme sobre la cuestión de la desobediencia y su composición representa el interclasismo “ciudadanista” propio del nacionalismo catalán. Si bien entre las bases de la Assemblea predomina una sensibilidad de izquierdas, ésta no ha hecho oposición frontal a las políticas antisociales del gobierno (de las que responsabiliza a Madrid) ni quiere presionar a las instituciones catalanas a adoptar una posición firme de desobediencia al estado central.

Por otra parte, el principal socio, en la oposición, de Mas, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), se encuentra ahora más cercano de las Candidatures d’Unitat Popular (CUP) que de CiU. Esto, si embargo, podría responder solamente a una estrategia electoral. No estamos en los años 30 y el compromiso de ERC con la gobernabilidad ha quedado plasmado en las votaciones que ha mantenido a flote el gobierno de Mas durante esta legislatura. Esquerra, como partido institucional, está más decidida a hacer presión institucional, que social, desde las calles. Si CiU, que no es una fuerza independentista, no está dispuesta a desobedecer al aparato del régimen del 78, la ANC está presa de sus contradicciones y ERC no parece que vaya a promover una ruptura nacional desde la movilización social, ¿qué fuerza podría impulsar el 9N y la independencia de Catalunya?

Si generalizamos, podríamos decir que son los sectores de la población más afectadas por el corsé del régimen del 78 (del que forma parte CiU) aquellos que más facilmente podrían apostar por una escisión democrática y social. Los argumentos de clase social no han sido la punta de lanza del proceso, como sí lo han sido en la campaña escocesa. Esto se aprecia fácilmente en el histórico cinturón rojo de Barcelona, donde, según un sondeo de 8 al dia, la opción independentista sería un 10% inferior a la media, aunque continuaría siendo mayoritario.

Por eso, campañas como “Esquerres pel Sí Sí” (plataforma de fuerzas de izquierdas a favor de la independencia) tienen un espacio todavía muy grande para llegar a otros sectores sociales y construir un escenario rupturista enraizado en las clases populares para hacer frente a la visión hegemónica de un soberanismo basado en el identitarismo y el interclasismo.

Volvamos, sin embargo, al primero de los escenarios que comentábamos. Unas elecciones anticipades en lugar de la consulta sería un fraude democrático, pero buen pacto para las elites a favor del pacto fiscal, el principal caballo de batalla del soberanismo neoliberal. Supondría transformar el proceso en una cortina de humo y una buena forma de apaciguar el shock del retroceso social de décadas en el que nos encontramos. Daría a la izquerda unos meses más para articular una campaña por la independencia, pero sería, a fin de cuentas, una derrota.

La segunda opción, la desobediencia para celebrar la consulta, significaría para las elites la inevitable salida a una situación insostenible caracterizado por un alto grado de movilización popular por el derecho a decidir. Y aquí surge la cuestión táctica en toda su expresión. Si la estratégia es, mediante la movilización, forzar a las instituciones catalanas a desobedecer la ley estatal, la pregunta táctica es: ¿cómo organizar una campaña de movilización masiva y rupturista capaz de entrar de forma coherente en una dinámica movilización-negociación prolongada en el tiempo para forzar las posturas de las principales fuerzas políticas catalanas (CiU y ERC) y la radicalización de la ANC?

¿Qué papel juega la izquierda?

Y aquí es donde aparece el primero de los problemas, el relativo aislamiento de la izquierda en el marco general del proceso. La izquierda en general, y la izquierda independentista en particular, por su capacidad de influencia, no han apostado por una intervención determinante en la ANC. La ocupación de plaza Catalunya, aunque no ha cambiado esta dinámica, sí ha sido positivo como primer paso y por su impacto mediático. La asignatura pendiente continua siendo la poca capacidad para conectar con un espectro social más amplio. Aún así, cabe tener en cuenta que el trabajo hecho por la CUP defendiendo públicamente la desobediencia y interveniendo en el Parlament ha sido clave para forzar a ERC a ser més incisivo, y de rebote, esto ha presionado a CiU a no bajarse del carro de la consulta a las primeras de cambio.

Por otra parte la plataforma Estudiants 9N, que agrupa una amplia gama de asociaciones estudiantiles (AEP, AJEC, FNEC, Estudiants En Lluita, SEPC y Sumem UB), ha decidido convocar una huelga de 48 horas durante los días 7 y 8 de octubre bajo el lema “Paremos las clases, activemos la democracia”. Tendrá que ser una huelga enfocada a agitar las calles y presionar activamente instituciones con competencias autonómicas y legitimidad política para desobedecer. Buscar la confluencia en la calle con espacios más amplios del proceso de ruptura (y no solo la ANC, sino Assamblea Groga, sindicatos y movimientos sociales) será un punto clave.

Hay decadas en que no pasa nada y semanas en que pasan años, y hay que aprovechar estas semanas únicas. Centenares de miles de persones han demostrado que están por la ruptura del régimen del 78, pero, en Catalunya, para hacer esta voluntad realidad es imprescindible echar por la borda el lastre que es CiU. Para ello, espacios como la Xarxa Referèndum 9N, Esquerres pel Sí Sí o Desobeïm serán fundamentales. Coordinar sus esfuerzos les permitiría ganar fuerzas y capacidad para impulsar un discurso y unas movilizaciones que desafie la obediencia al Estado español y las políticas antisociales.

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