Agenda anticapitalista

De las calles a la TDT: ecos incómodos

08/10/2014

Ángela Solano

Las empresas de comunicación son esclavas de la lógica económica de la audiencia y ahora las ideas de ruptura son tendencia.

Las empresas de comunicación son esclavas de la lógica económica de la audiencia y ahora las ideas de ruptura son tendencia.

Hegemonía | Los procesos de lucha social han provocado que las audiencias se desplacen en busca de voces críticas.

La difusión de contenidos a gran escala ya no es privilegio exclusivo de las grandes agencias, y hastiados de esa realidad sesgada e incompleta que tienden a reflejar los medios de comunicación de masas, y que a menudo poco se corresponde con el sentir de la gente o incluso con la propia veracidad de los hechos, han ido apareciendo publicaciones que ofrecían una visión alternativa de los acontecimientos, libres en buena parte de intereses comerciales y editadas online por sus propios protagonistas.

¿Todo por la audiencia?

Por este preciso motivo, las grandes cadenas de radio y televisión se han visto en la necesidad de “adaptarse”, ofreciendo espacios para esas voces que ya se habían abierto paso a través de Internet, copando un importante espectro de su público. Los casos más recientes y simbólicos podrían ser los de Ada Colau y Pablo Iglesias Turrión y su polémicas intervenciones en programas televisivos de gran audiencia en canales como Cuatro o La Sexta, en manos de gigantescas empresas de comunicación como Mediaset y Atresmedia Corporación respectivamente.

Ante este hastío generalizado, sobre todo por parte de una juventud que gracias a las nuevas tecnologías puede acceder a numerosas fuentes informativas, el programa de La Tuerka ofrecía un nuevo modelo de debate político que ampliaba el arco ideológico de sus participantes, menos maquillado y con planteamientos que no tenían cabida en las grandes cadenas. La Tuerka comenzó a aumentar su audiencia vía streaming, hasta el punto de que otros programas acabaron adoptando su modelo o incluso invitando a su presentador a dar el salto en emisión estatal. ¿Por qué un programa repleto de ideas rancias y de extrema derecha como El gato al agua de Intereconomía, iba a ofrecer a Pablo Iglesias la oportunidad de defender sus ideas y ampliar su público a personas que nada sabían de La Tuerka o Tele K hasta ese momento? Cuestión de audiencias, por supuesto, ¿pero a qué precio?

Persiguiendo a los medios alternativos

Durante su estreno en Público TV, La Tuerka superó el share de La Noche en 24h, El cascabel al gato o El gato al agua, que se emiten en la misma franja horaria. Resulta lógico que las grandes cadenas quieran aprovecharse del tirón, y sin embargo es una voz incómoda, un mal menor que hay que asumir, neutralizar y transformar en el menor tiempo posible. Buena prueba de ello es que tanto La Tuerka como Tele K han sido perseguidas y expulsadas de la TDT por el gobierno de Madrid en varias ocasiones, dando tumbos desde Canal 33 a Hispan TV bajo el nombre de Fort Apache, cadena que también acabó siendo expulsada de la TDT.

Ampliar las aristas del discurso mediático, por poco que sea, implica aumentar un espectro de libertades relacionadas con el pensamiento crítico que nunca podría interesarle a las grandes empresas de comunicación. Un pueblo armado de ideas revolucionarias es lo que más temen los capitalistas, y por eso tratarán por todos los medios de convertir dichas voces en un producto más, algo manejable e inofensivo que ellos puedan vendernos sin que repercuta sobre el status quo, aumentando así sus beneficios. En nuestras manos está impedirlo y apropiarnos de esas ideas, emplear nuestra propia voz y reivindicar su origen en las calles, en nuestras escuelas y hospitales, en nuestros centros de trabajo. Gritar alto y claro que no van a callarnos ni nos volverán a engañar.

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