Agenda anticapitalista

Cuando las calles deciden si hay Mundial de fútbol

01/06/2014

Ali Sargent

A medida que se acerca el mundial de fútbol se agudizan las protestas en los barrios de Brasil.

A medida que se acerca el mundial de fútbol se agudizan las protestas en los barrios de Brasil.

En Brasil el fútbol, y la construcción de estadios, siempre ha sido políticamente significante. La construcción del estadio de Maracaná en los años 50, en Rio de Janeiro, fue clave para que el gobierno brasileño ganara y estabilizara el apoyo de la clase trabajadora. Fue visto como un símbolo de un Brasil democrático y modernizador; internacionalmente fue un símbolo de una cultura de fútbol de las clases populares. Para el Mundial de 2014 fue rechazado, junto con la mayoría de estadios en Brasil, por la FIFA. Recién renovado siguiendo las normas de la organización, ha perdido la zona con entradas a un dolar y los asientos más populares en favor de menos asientos, zonas VIP, un aparcamiento y un centro comercial en el interior. El Partido de los Trabajadores (PT) se ofreció para acoger el mundial el mismo año, 2014, que se iban ha convocar nuevas elecciones con la esperanza de aprovechar el peso político del fútbol en el país. Sin embargo, desde junio pasado el movimiento anti Copa ha articulado las protestas contra las políticas neoliberales, tanto a nivel deportivo como social. Y lo ha hecho más que en cualquier otro país.

Esta Copa del Mundo sera la más cara en la historia, con un coste de por lo menos 15.000 mil millones de dólares. De estos el 85,5% procede de fondos públicos, dejando servicios públicos básicos sin dinero. Cada asiento en los nuevos estadios cuesta al Gobierno una media de 5.046 dólares; en comparación, por ejemplo, con los 0.12 dólares por mujer que se gasta anualmente en servicios públicos para combatir la violencia de género –en un país con niveles altísimos de violencia machista.

Una lógica de privatización

Las manifestaciones del año pasado continuaron el crecimiento del Movimento Passe Livre, una plataforma amplia contra el transporte caro, caótico y privatizado en las ciudades. Ciudades como Rio de Janeiro y Sao Paolo están siendo reformadas dentro de un lógica de privatización, “embellecimiento” y militarización del espacio público. Más de 150.000 personas fueron desalojadas violentamente en favor de la especulación. Desde 2008 un programa de “pacificación” de las favelas de Rio de Janeiro ha ido acompañado de más especulación y más desahucios, donde la mayoría de personas son negras. Las desapariciones y los homicidios han crecido con la llegada de la policía, con un aumento de victimas jóvenes y negras. En varias ocasiones el estado ha usado el ejercito, que ha actuado junto a la policía, aumentando todavía más la militarización de la vida cotidiana de la clase trabajadora de Rio. La demanda de desmilitarización de la policía ha sido central en los movimientos de resistencia, y en Rio de Janeiro, por ejemplo, tuvieron lugar varias revueltas en las favelas contra el abuso policial.

La criminalización del movimiento contra la Copa refleja este nuevo régimen de “seguridad”, donde se ha aprovado una nueva ley antiterrorista durante lo que dure la Copa –con una definición vaga de terrorismo– con condenas de entre quince y treinta años de cárcel. El Gobierno pretende también usar tribunales especiales para juzgar y penalizar manifestantes. Lo cierto es que la democracia brasileña se encuentra suspendida en favor del Mundial de la FIFA, y todo por un gobierno que esta intentando evitar como sea manifestaciones masivas justo antes de las elecciones.

Durante el Mundial es evidente que el PT se enfrentará a un movimiento articulado también a través de la lucha organizada de los trabajadores y trabajadoras. El numero de huelgas en Brasil ha aumentando desde 2008 y ha explotado en 2014 en diversos sectores. Huelgas en el sector petrolero son cada vez más numerosas en varios estados. A ella se han sumado huelgas de otros sectores como la educación, la seguridad, la recogida de basuras, la construcción y hasta la policía militar. Y lo que quizá es aun más importante es que varias de estas huelgas han sido organizadas de forma independiente de los sindicatos, en su mayoría vinculado al PT.

El grito “Nao vai ter copa” (“No habrá copa”) es cada vez más popular. Y la propia FIFA ya se ha apresurado a lanzar el mensaje de que “Sí que habrá copa”. Nadie sabe qué pasará en ese sentido, pero lo que está asegurado son las protestas.

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