Agenda anticapitalista

Control obrero | De la resistencia a la autogestión

08/04/2012

Con una crisis económica cada vez más profunda, han empezado a surgir ejemplos de autogestión de la clase trabajadora. Albert García nos habla tanto de la importancia como de los límites del control obrero.

A medida que la crisis económica se hace más y más profunda, los gobiernos de todo el mundo tratan de imponer a la clase trabajadora unas medidas de austeridad salvajes. En efecto, las clases dirigentes no han mostrado ningún escrúpulo a la hora de tirar por la borda el dogma neoliberal de “todo excepto el estado” y reclamar la intervención estatal en la economía. Sin embargo, con ello no han hecho más que ilustrar la verdadera naturaleza de clase del estado. Así, mientras el estado español destina centenares de millones de euros en salvar a banqueros y empresarios, el paro continúa creciendo (espoleado por una reforma laboral que hace las delicias de la patronal) y los ataques a los servicios públicos se vuelven cada vez más feroces.

Cada vez está más extendida la idea de que “no se puede seguir así”. Desde las clases dirigentes se están proponiendo soluciones para salvar el sistema económico actual, soluciones dramáticas para la mayoría de la población: privatización, austeridad, paro, reducción de los derechos laborales, etc. Si las personas de abajo queremos evitarlo, debemos proponer nuestras propias soluciones. Y, vistas las dimensiones de la crisis y de la ofensiva neoliberal, no podemos contentarnos con soluciones simplemente defensivas. Necesitamos plantear la perspectiva de otro modelo, de un tipo diferente de sociedad, una sociedad que esté controlada por la gente trabajadora en función de sus propios intereses, y no de los intereses del 1% de la sociedad.

Durante el siglo XX, la cuestión del control por parte de la gente trabajadora –control en tanto que productores respecto a la gestión de la empresa, y control en tanto que productores y usuarios respecto a la gestión de los servicios– ha emergido de forma natural y espontánea en numerosas experiencias. Desde los consejos de trabajadores de la Revolución Rusa de 1905, hasta el hospital autogestionado de Kilkis en Grecia (ver caja), pasando por los consejos de fábrica de Turín en 1919-21, las colectivizaciones durante la Revolución Española de 1936, las ocupaciones en Hungría en 1956 o las shoras (consejos de fábrica) durante la revolución iraní de 1978-79. También en Argentina en 2001, donde la reacción popular frente a la bancarrota de la economía nacional y el paro desenfrenado llevó a la ocupación de casi 200 fábricas, empresas, hoteles o compañías de transporte, entre las cuales la célebre fábrica de cerámica Zanón (ahora FASINPAT, Fábrica Sin Patrones).

La diversidad de todas estas experiencias de comités de fábrica, consejos obreros o asambleas populares indica que no son el resultado de un período histórico concreto, si no que constituyen una constante del sistema económico. El origen de estas experiencias está en las propias contradicciones de éste, en la división básica de la sociedad en dos clases: las personas que producen los bienes y ofrecen los servicios que necesitamos, y las que deciden qué debe ser producido y ofrecido con el objetivo de obtener el máximo de beneficios. La naturaleza de clase de todas las relaciones sociales lleva a que, en circunstancias precisas, se organicen movimientos de resistencia de forma espontánea (ya sean movimientos populares masivos o luchas laborales en una empresa concreta) ocupando sus puestos de trabajo y autorganizando la producción.

Todas estas experiencias de autogestión han demostrado repetidamente que la clase trabajadora es perfectamente capaz de hacer funcionar la sociedad sin necesidad de directivos ni patrones. El 1% necesita al 99% para llenarse los bolsillos y continuar con su tren de vida, pero el 99% no necesita para nada al 1%. FASINPAT es el vivo ejemplo de esta realidad, demostrando que es posible poner a producir la fábrica de cerámicas más grande de América Latina con una organización basada en la igualdad y la democracia sin gerentes profesionalmente entrenados, sistemas punitivos u organización jerárquica. Desde que la gente trabajadora ocupó Zanón en 2001 han montado con éxito un sistema de conducción, han creado empleos (de 250 personas trabajando a 470), han aumentado exponencialmente la producción de cerámicas (de 5.000 metros cuadrados por mes en sus inicios a la cifra récord de 400.000 en 2008), además de haber apoyado multitud de proyectos comunitarios.

No obstante, bajo este sistema, en una economía de mercado, el control obrero tiene sus límites. Desde el 2009, debido a la crisis y a la caída repentina en la industria de la construcción en la región, las ventas de cerámicos han disminuido en un 40%, obligando a FASINPAT a disminuir los niveles productivos a la mitad. La diferencia entre una empresa controlada por gente trabajadora respecto a sus homólogos propietarios del capital es que la primera ha asumido la tarea de recortar en costes, no en personal. Sin embargo, si la crisis sigue profundizándose, las soluciones deberán ser cada vez más dramáticas.

La cuestión aquí es que no puede haber socialismo en un solo país y, sin lugar a dudas, tampoco en una única empresa. Incluso si la gente trabajadora consigue hacerse cargo de la empresa al completo, finalmente acabarán por competir en el mercado y, por lo tanto, organizando su propia explotación.

El verdadero control obrero solamente puede existir fuera de la economía de mercado, en el marco de un plan general decidido democráticamente, el cual señale los objetivos y las prioridades de la sociedad en su conjunto, y no los de la clase dominante. Esto pasa por crear un movimiento que multiplique y expanda la autogestión a los grandes centros de trabajo, a los hospitales, las escuelas, las facultades, los barrios, pero también por poner en el centro del debate la cuestión del poder.

Las diversas experiencias históricas demuestran que una vez que la clase trabajadora ejerce su poder colectivo y toma el control, ha de elegir entre desafiar el poder estatal o ser derrotado. La clase que posse el capital nunca tolerará semejante amenaza a su hegemonía dentro del sistema. Una y otra vez la historia del movimiento obrero nos ofrece la misma lección: la falta de un liderazgo revolucionario que conectara la oleada espontánea de ocupaciones obreras con la toma del poder político llevó una y otra vez, en Alemania e Italia en los años 20, en la Revolución Española o en Chile en 1973, a la derrota del movimiento de la gente trabajadora y a su posterior aniquilamiento.

Si queremos ver una verdadera democracia bajo el control de todas las personas, una economía democráticamente planificada, una sociedad autogestionada donde los consejos elegidos directamente en los barrios y en los centros de trabajo se responsabilicen de sus propios intereses y se coordinen para tomar decisiones que afecten a toda la sociedad, debemos organizarnos, enfrentarnos al sistema actual y transformar la sociedad colectivamente.

De Tahrir a los centros de trabajo: el Hospital Manshiet elbakry

Más allá de las manifestaciones en las calles, las personas de clase trabajadora se están enfrentando a sus jefes y construyen sindicatos. Unas millas al norte de la plaza Tahrir en El Cairo nos encontramos con un edificio sin nada especial, hecho de cemento: es el Hospital Manshiet elbakry. Un millar de pacientes externos pasan cada día por este centro, provenientes en su mayoría del suburbio de Heliópolis, al norte de El Cairo.

A primera vista, nueve meses después de la caída de Mubarak no parece que la revolución haya cambiado muchas cosas en el Manshiet elbakry. Las salas están llenas de médicos, enfermeras y pacientes que van y vienen, los camilleros y el personal administrativo se esfuerzan por abrirse paso en los pasillos llenos de gente.

Pero, durante mi visita al hospital vi señales de una revolución que se está profundizando. Conocí al doctor Mohammed Shafiq, miembro fundador y presidente del sindicato independiente del hospital. “Creamos el sindicato justo después de la caída de Mubarak”, afirma. “Lo primero que hice fue pedir una mejora en las condiciones para los médicos y las enfermeras”, explica. “Todo el mundo quería firmar, de modo que al final pensé: “¿Y por qué no? ¿Por qué no crear un sindicato que nos represente a todos y todas?”. A las puertas del hospital, Shafiq me presenta a Fatma, una trabajadora administrativa que representa al personal temporal en el consejo sindical.

La primera lucha que emprendió el sindicato tenía por objetivo deshacerse del antiguo director. Fatma me explica: “Presentamos una queja formal al presidente del consejo sindical con motivo de la corrupción, ya que el director no tenía experiencia, era débil. Una dirección débil conduce a la corrupción. Entonces votamos, y la opinión de la mayoría era que el director no era bienvenido entre nosotros y nosotras”.

El personal eligió la persona que debía sustituirle a través de unas elecciones democráticas organizadas por el sindicato. “Yo era una de las personas encargadas del escrutinio y me ocupaba de las urnas”, dice Fatma, recordando aquello con una sonrisa. La elección del director indica el cambio profundo que se está produciendo en la confianza y la conciencia de las personas trabajadoras.

Shafiq me lleva después hasta el despacho del director. “Le presento al doctor Usama, el subdirector”. Le pregunto al doctor Usama qué piensa del experimento del Manshiet elbakry respecto a la democracia revolucionaria y, sorprendentemente, veo que su rostro se ilumina.

“Para poder mejorar el servicio del hospital, la democracia es necesaria. Si hay democracia, las cosas que van mal se exponen con más claridad. Si hay democracia, todo el mundo levantará la voz y hablará de las cosas que no funcionan en el centro, sin miedo”.

Siete hospitales más en El Cairo han creado sindicatos independientes basados en el modelo del Manshiet elbakry, y estos sindicatos se están coordinando y están tomando medidas para formar una federación de sindicatos hospitalarios.

Anne Alexander

“Las trabajadoras de Kilkis declaran el autogobierno del Hospital”

“Las trabajadoras del Hospital de Kilkis no reconocen el Gobierno actual, un Gobierno impuesto y voluntariamente esclavo de otros intereses, y declaran el autogobierno del Hospital”. Esta era la declaración de intenciones de las personas que trabajaban en el Hospital griego Kilkis. El pasado 20 de febrero se ocupó el Hospital, situado en la ciudad del mismo nombre en el norte de Grecia. Lo ocuparon formando grupos de trabajo que funcionaban bajo el mandato de la Asamblea General.

La ocupación del Hospital, que incluía un hospital y tres centros sanitarios se llevó a cabo para protestar contra los recortes sanitarios que sufre el hospital y que lo está dejando prácticamente en la pobreza. A la vez los sueldos de las personas que trabajan en él, doctoras, doctores, enfermeros, enfermeras, etc. habían sido rebajados hasta puntos insostenibles, y se reclamaba que estos volvieran a subir a los niveles de antes de la imposición de los recortes por parte de la troika (FMI, BCE y UE). Pero a la vez las demandas iban mucho más allá reclamando mantener las ocupaciones “hasta que se produzca la caída del Gobierno impuesto y la disolución de los mecanismos de partido que durante tantos años urdieron e impusieron el inhumano régimen de nuestros días”.

La implicación durante la ocupación del hospital por parte de las personas que trabajaban fue muy alta. De las 600 personas que forman el área hospitalaria, unas 250 participaban activamente en las asambleas. Desgraciadamente a principios del mes de marzo la ocupación se acabó. Aprovechando que muchas de las personas que estaban sosteniendo la ocupación y que trabajaban en el Hospital estaban fuera trabajando, las autoridades volvieron a tomar el control del hospital, sin que se pudiera defender. Los trabajadores y trabajadoras del hospital han sido amenazados por parte de las autoridades diariamente y además han tenido en contra las burocracias sindicales, que veían en su acción decidida una amenaza al control sobre el movimiento obrero, ya que la noticia de la ocupación había corrido como la pólvora por todo el país.

A pesar de esto, Leta, un trabajador del hospital, tenía muy claro que la lucha continuaba: “nuestra victoria es que un número creciente de otros hospitales está considerando prácticas similares”. Para Leta el efecto dominó acaba de empezar, puesto que mientras continúen cayendo los salarios, las pensiones “y se desmantele cada vez más el estado del bienestar”, mucha gente en muchos países “se verá forzada a tomar acciones”. Lena es rotundo cuando afirma que esto “no es que pueda pasar sino simplemente que pasará”.

Manel Ros

Nace un nuevo periódico autogestionado

Estamos en huelga desde el 22 de diciembre y no nos han pagado desde el mes de agosto, pero esto no es nada inusual. Muchas industrias dejan de pagar a las personas que trabajan por ellas. La ley aquí permite que las empresas que están apunto de quebrar puedan dejar de pagar a sus trabajadores.

Eleftherotypia es el segundo periódico más grande de Grecia y tiene una reputación bastante radical. Ahora las personas que trabajamos en el periódico hemos lanzado un nuevo periódico bajo el nombre de “Trabajadores del Eleftherotypia”. Esto forma parte de una nueva oleada de radicalismo en el movimiento obrero griego. Hemos visto muchas subidas y bajadas del movimiento, pero ahora la gente quiere ir más allá. Al principio muchas de las personas que trabajan en el Eleftherotypia estaban dudando entre ir a la huelga o no, en parte porque somos un diario de izquierdas con unos jefes “diferentes”. Pero nos han dejado de pagar y nos enfrentamos a despidos masivos, en cualquier momento nos podrían vender a otra empresa. Desde que fuimos a la huelga la gente ha querido un periódico de la huelga. Mucha gente lo veía como una utopía, pero ahora haremos un periódico no sólo para las personas que trabajamos en el periódico sino para toda la sociedad. Será producido por 800 personas y empezaremos con una tirada de 50.000 ejemplares. Normalmente tiramos unos 30.000. Queremos publicar nuestras ideas, pero a su vez también necesitamos ganar dinero para financiar nuestra caja de resistencia. Es por eso que el propietario del periódico quiere abrir un nuevo frente en la guerra contra nosotros, puesto que ha tratado reiteradamente de impedirnos la entrada a las instalaciones y las oficinas. Formalmente no estamos ocupando, pero tenemos acceso a nuestras oficinas y a la imprenta. Los sindicatos nos están dando dinero para ayudarnos con la imprenta, así que podremos usar otra si no podemos utilizar la de Eleftherotypia.

Las personas que nos leen tienen una conexión muy fuerte con Eleftherotypia, han leído varios artículos de oposición a las políticas de la troika en este mismo periódico. Es hora de poner el periódico en manos de las personas que los hacen posible.

En Grecia a veces parece que estamos en guerra. La gente no tiene trabajo y tienen que ir a buscar comida a los comedores comunitarios. Espero que nuestro movimiento huelguístico continúe, pero necesitamos ir más allá para parar las medidas que se toman desde el parlamento. La gente está muy enfadada, no hay nadie de las clases populares a quien no le afecte esto, ya sea en el sector público o en el privado. Incluso los pequeños comerciantes están desesperados. Como hace tanto tiempo que no nos pagan, estamos gastando nuestros ahorros y viviendo del dinero de nuestras familias y nuestros amigos. Esto ayuda, pero hay mucha gente desesperada.

A la gente de Grecia se los alienta a actuar de forma individual, como en muchos lugares, pero esta crisis está haciendo que nos unamos. La gente se ha dado cuenta que estamos en el mismo barco. La clase dirigente está tratando de poner el miedo en el cuerpo a la gente; ¿qué pasará si nos echan de Europa?, se pregunta la gente. Pero la gente está perdiendo el miedo, no tienen nada que perder.

Moissis Litsis es miembro del comité de trabajadores del Eleftherotypia y miembro de la ejecutiva del sindicato de periodistas de Atenas.

Formulario de suscripción

Rellena este formulario si quieres suscribirte a alguna de nuestras publicaciones.

Periódico En Lucha y revista La Hiedra - 25€ / año
Periódico En Lucha - 15€ / año
Revista La Hiedra - 12€ / año

×