Agenda anticapitalista

Anticapitalismo, pacto fiscal e independencia

30/08/2012

Toni Pizà (@servomac) analiza el auge del independentismo catalán, las limitaciones del pacto fiscal y la necesidad de la izquierda anticapitalista y rupturista de impulsar una lucha que una los derechos nacionales y los sociales.

En los últimos años hemos visto un gran auge de un independentismo fuertemente vinculado a lo económico; nunca antes el independentismo había tenido tanta fuerza dentro del nacionalismo catalán. Esto se puede intentar explicar a través de tres factores principales.

En primer lugar, muchos ven la independencia como una supuesta salida a la crisis económica. El espolio fiscal que sufre Catalunya es una razón importante de la opresión nacional: cerca del 8% del PIB de la comunidad, unos 16.000 millones van a parar al estado central y nunca vuelven. No sorprende demasiado que el ataque por parte de estos mismos sectores a la evasión fiscal de las grandes fortunas catalanas sea inexistente, pese a que es similar al valor del espolio fiscal: se calcula que llega a los 16.000 millones de euros al año. Es un nuevo ejemplo de cómo los intereses de clase pasan por delante de los intereses nacionales.

Por otro lado, ciertos sectores empresariales catalanes tienen cada vez menos vínculos comerciales y económicos con el Estado español, y aunque la Generalitat ya defiende sus intereses, les interesaría a nivel político un estado propio que los apoyara más directamente. Hay motivos económicos para ello: las exportaciones al extranjero están aumentado mientras que las exportaciones al Estado español se están reduciendo y en 2011, por primera vez, las exportaciones al extranjero han superado las exportaciones al resto del Estado.

Además, el agotamiento de la vía autonomista, que tiene su máximo exponente en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, así cómo en los últimos llamamientos a la recentralización del estado, hacen que una parte importante de estos sectores haya abandonado la visión del encaje en el Estado español para adoptar una postura más rupturista.

Estrategia

Aún así, su propuesta estratégica para conseguir romper con el Estado pasa por una supuesta vía parlamentaria y sin demasiados “incidentes”. A diferencia de organizaciones como las Candidatures d’Unitat Popular (CUP) que apuestan claramente por la independencia y la lucha por la unidad de los Països Catalans, pero también por una ruptura social con el orden establecido, otras formaciones relativamente nuevas como Solidaritat per la Independència (SI), apuestan por conseguir un número suficiente de diputados en el Parlament catalán para proclamar unilateralmente la independencia.

Con la Constitución española en la mano y, por lo tanto, sin salirse de la ley, es imposible que el Estado español acepte la independencia de Catalunya y muchos menos la unidad de los Països Catalans. Más en un momento de recentralización, crisis económica y conflicto social al rojo vivo. La propuesta crea demasiadas tensiones como para aceptarla y se hace necesaria la movilización popular y masiva. Y una tarea de base y desde la base es la única que nos puede permitir romper con la legislación española y el marco constitucional, frente a posturas que defienden una negociación bilateral entre la Generalitat y el Estado español, o incluso una declaración unilateral de independencia formulada por el Parlament catalán.

La cuestión nacional hoy

El independentismo basado en lo económico abarca un amplio espectro político. Desde sectores de ERC, que recientemente han hecho un giro a la derecha, SI y tímidas posiciones de otros grupos, hasta Convergència Democràtica. Incluso sectores de la socialdemocracia, y las burocracias sindicales, se han posicionado a favor del concierto económico. Mientras las CUP y la esquerra independentista han seguido defendiendo claramente una política propia que recoge bien su lema “ni pacto fiscal, ni pacto social”.

Por otro lado, hay quien argumenta, desde posiciones libertarias o en la tradición de ciertos partidos comunistas, que dar pasos hacia la independencia mina la unidad de clase de los trabajadores y trabajadores de las distintas naciones. Pero no son las formas constitucionales del estado o las estructuras burocráticas de organización sindical las que construyen la unidad de clase, sino la explotación colectiva que nos constituye como sujeto y la voluntad de mostrar solidaridad y luchar conjuntamente, saltando fronteras si es necesario.

Los conflictos nacionales no resueltos sólo sirven para crear una desconfianza mutua entre pueblos alentada por la burguesía (basta ver el reciente “si tens cullons” del presidente de la Junta de Extremadura o las constantes descalificaciones de Duran i Lleida de Unió Democràtica al pueblo andaluz). La unidad de clase pasa por que los trabajadores y trabajadoras catalanas apoyen activamente y participen conjuntamente en las luchas del resto del Estado, así como que trabajadores y trabajadoras de otras comunidades apoyen el derecho a la autodeterminación de los Països Catalans.

El argumento de que el actual estado de las cosas no es más que solidaridad de las comunidades ricas respecto a las menos favorecidas tampoco es correcto. La solidaridad es algo que debe decidir quien la ejerce, no un estado con un marco político que no permite decidir a las naciones. Esta solidaridad no debe ser impuesta por un estado opresor, sino ejercida desde la libertad como pueblo, y eso pasa por acabar con la opresión nacional. La verdadera solidaridad es aquella que se construye sobre la extinción de la explotación y cualquier tipo de opresión.

La izquierda anticapitalista debe involucrarse en el debate del concierto económico y en el posible proceso político en el que cristalice. En primer lugar, para intentar desenmascarar la posición de CiU. Pero también debemos construir una posición política coherente y dar un referente discursivo al respecto porque en caso contrario las únicas posiciones supuestamente enfrentadas en la arena política serán la de la clase dirigente catalana, que quiere la llave de la caja y seguir aplicando una doctrina del shock suavizada para evitar su desgaste electoral, y la de la clase dirigente estatal que quiere un estado centralizado y estabilidad política. Decidir sobre la fiscalidad es parte del derecho a decidir de los pueblos. Por este motivo, desde la izquierda combativa no podemos desvincularnos del debate sobre la soberanía fiscal y tenemos que sumarnos desde una posición independiente a los movimientos que avancen hacia la consecución de un mayor autogobierno.

Dicho esto, de la misma manera que la vía autonomista se ha agotado, la vía del pacto fiscal sigue el mismo camino y está sirviendo como excusa para negar al pueblo catalán su derecho político a la autodeterminación. Las personas que somos revolucionarias debemos empujar los argumentos de clase dentro del debate que rodea al pacto fiscal, pero dejando claro que sin el derecho a la autodeterminación, el pacto fiscal sirve de poco.

Esto en Catalunya, pero también en el resto de los Països Catalans, quiere decir que los sectores progresistas tienen que tomar las riendas del movimiento de emancipación nacional. Con un objetivo claro, trabajar para que no se desvincule el discurso nacional del discurso social. Ésta es la única manera de que la clase trabajadora y el resto de personas explotadas y oprimidas tomen la dirección y la hegemonía del movimiento.

La ANC y el debate sobre el 11-S

Es posible que por el hecho de vivir y luchar en una nación oprimida las organizaciones revolucionarias, anticapitalistas y de la izquierda rupturista de los Països Catalans tengamos que compartir parte del camino con la derecha. Esto ya lo hemos visto en las manifestaciones multitudinarias de los últimos años y el debate se ha repetido de nuevo con la manifestación del 11 de septiembre convocada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC).

Mal que nos pese, en este tipo de manifestaciones habrá toda la sociedad catalana, incluyendo la burguesía. Pero lo importante aquí es si somos capaces de mantener una posición independiente. Una posición de clase que no se pliegue ante la idea del frente nacional o patriótico. Porque nuestro proyecto es otro: la defensa de los derechos democráticos nacionales, incluyendo la independencia, en el marco de la lucha del 99% por la emancipación social y democrática. Hace falta que tengamos muy presente que la derecha catalana, antes que catalana, es derecha.

En cifras

51% de los catalanes votaría ‘sí’ a la independencia de Catalunya en un referéndum.

70% que votarían sí en un posible referéndum de Catalunya se definen de izquierdas.

21% de los catalanes votaría ‘no’ a la independencia de Catalunya en un referéndum.

Datos del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat.

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