Agenda anticapitalista

Alternativas desde la educación

31/03/2014

Daniel Trenado

La educación es un derecho y no una mercancía.

La educación es un derecho y no una mercancía.

Recortes | El movimiento estudiantil tiene el reto de organizarse contra la precariedad para defender la universidad pública.

Actualmente el movimiento estudiantil se encuentra en un momento convulso, difícil de analizar y caracterizar. Además presenta unas grandes diferencias según el territorio, el nivel educativo y muchos otros factores. Lo primero que caracteriza al movimiento estudiantil es su heterogeneidad respecto a los niveles de lucha. En Sevilla, el movimiento en la universidad es moderadamente activo, mientras que en enseñanzas medias su impacto es casi nulo. Así mismo, comparado con Sevilla el movimiento en otras ciudades, como Huelva, es mucho menor, teniendo en cuenta también que la población estudiantil es inferior. Por otro lado, los paradigmas organizativos son distintos. En Sevilla nos encuadramos en una gran organización permanente, el MAE (Movimiento de Acción Estudiantil); en otras ciudades funcionan mejor las asambleas de facultad; y en otras se da una mezcla. Las generalizaciones en el movimiento estudiantil son poco válidas. Esto exige un estudio de cada territorio, o realizar análisis genéricos sujetos a ese margen de diferencias.

Para caracterizar de forma amplia el movimiento estudiantil es útil una comparación con el artículo “Análisis del nivel de huelgas en el Estado español en el periodo 2007-2012“, de Miguel Sanz publicado en el número 5 de la revista La Hiedra, donde se explica cómo la crisis ha hecho que las huelgas destinadas a mejorar las condiciones laborales han sido sustituidas por otras para intentar mantener las ya existentes. Ésta situación es perfectamente extrapolable al movimiento estudiantil. Después de muchos años luchando por una mejora de las condiciones del alumnado y una mejor democracia universitaria, entre otras luchas, se ha pasado a tratar de mantener las condiciones existentes. Las luchas contra Bolonia y las distintas oleadas privatizadoras que ha sufrido la Universidad, contra la reducción de becas o el desahucio de estudiantes de las aulas cuando no pueden pagar una matrícula cada vez más cara dan cuenta de ello.

Son estos momentos de crisis y retroceso de derechos conseguidos los que explican la necesidad de que surjan movimientos de resistencia, que tengan la potencialidad de ser muy amplios y, tras conseguir los logros propuestos, evolucionar de nuevo en movimientos que conquisten nuevos derechos. En este sentido las manifestaciones y distintos actos durante estos años han sido masivas. En Sevilla se dio la mayor manifestación que se recuerda, con más de 50.000 personas —con una población universitaria de 90.000 estudiantes–, seguida de un encierro masivo en el que se ocupó el rectorado durante dos semanas, parando totalmente la actividad docente en la universidad, y que solo se desconvocó ante la llegada de los exámenes de junio.

Perspectivas

En Sevilla —y el resto del estado— continuamos luchando por defender nuestros derechos básicos: gratuidad del título de idiomas exigido para obtener el grado, rebaja del precio de los másters, pago fraccionado de la matrícula, ninguna expulsión de quien no pueda pagar la matrícula, etc.

Sin duda estas deberían ser simplemente propuestas de transición hacia otras de mayor envergadura: una educación pública, totalmente gratuita y de calidad, con becas para todas las personas que no puedan hacer frente a la matrícula; una pedagogía y organización docente distinta que permita la participación del alumnado; un control democrático de la Universidad por parte del alumnado y la plantilla; más y mejor investigación pública; contratos dignos para el personal becario, investigador e interino; no a la externalización —privatización— de servicios.

Muchas de estas reivindicaciones no son asumibles por un sistema capitalista basado en la producción de mano de obra cualificada sin más consideraciones, que trata de replicar la fuerza de trabajo sin entender la universidad como un centro de conocimiento al servicio de la sociedad. Todas estas reivindicaciones causan una contradicción que el alumnado debe asumir y debemos explotar. Pero, para ello, es necesaria la superación de las actuales condiciones de precariedad, organizando ahora todo el descontento disponible, estando en la base de la pirámide y luchando desde abajo, de forma horizontal y honesta junto al alumnado.

Sólo si conseguimos organizaciones cómodas para la militancia de nuestras compañeras y compañeros, si nos unimos solidariamente con la gente trabajadora, si logramos organizar la rabia y que las reivindicaciones de las que hasta ahora no tienen voz sean escuchadas, podremos entonces impulsar una alternativa desde la educación. Sin duda, nos queda mucho trabajo por hacer.

Cifras

  • 10% más de estudiantes que no pueden pagar la matrícula
  • 65% de aumento del precio de la matrícula en dos años
  • 3.171 despidos de personal docente de las universidades públicas en 2013

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