Agenda anticapitalista

21M: Vuelven las Marchas de la Dignidad

08/03/2015

Isaac Salinas

Las Marchas de la Dignidad aglutinaron en 2014 a decenas de miles de personas, en una protesta que fue calificada por algunos medios como “la más grande de la democracia”.

Las Marchas de la Dignidad aglutinaron en 2014 a decenas de miles de personas, en una protesta que fue calificada por algunos medios como “la más grande de la democracia”.

Movilizaciones | La cita del 21 de marzo tratará de repetir las cifras del año pasado y marcar nuevos retos.

El PP habla de “recuperación económica”, mientras se destruye empleo en más comunidades autónomas (11) que en las que se crea (8), siguen desapareciendo empresas y cada vez menos gente sin empleo recibe alguna prestación. Por no hablar de pobreza energética, desahucios, el fantasma de la deflación, etc., al mismo tiempo que aumenta el número de millonarios y sus fortunas. A la miseria económica de la mayoría se suman los ataques a nuestras libertades, como la Ley Mordaza o la reforma de la ley del aborto. Motivos no nos faltan para volver a inundar las calles de Madrid en esta segunda edición de las Marchas de la Dignidad, como ya hicimos el año pasado bajo las consignas “No al pago de la deuda; Ni un recorte más; Fuera los gobiernos de la Troika; Pan, trabajo y techo para todos y todas”.

El 22M marcó en 2014 un hito en la movilización en torno a demandas comunes, a pesar del silencio mediático y la represión policial. Jornaleros, mineros, metalúrgicos, parados… se mezclaron en las calles con trabajadores de la educación, sanidad, bomberos, administración… además de jóvenes, mujeres e inmigrantes. Cada colectivo con sus demandas específicas. En otras palabras: el conjunto del pueblo. Un pueblo que se construye a sí mismo; que es sujeto y no objeto; que participa en un proceso de toma de conciencia colectiva, con una presencia reivindicativa con pancartas y lemas.

No obstante, conscientes de la magnitud del drama social y la insuficiencia de una sola movilización (por masiva que fuera), las Marchas establecieron un calendario para continuar la lucha, con acciones contra el paro en las oficinas del INEM, contra los recortes rodeando los parlamentos autonómicos, contra la monarquía en la entrega del premio Príncipe de Asturias, o volviendo a exigir “Pan, trabajo, techo y dignidad” en noviembre, entre otras.

Ahora se cumple un año del 22M, y queremos repetir el éxito del año pasado para seguir avanzando en la lucha. “Este año, además, añadimos dos nuevos lemas que tienen que ver con nuestros próximos objetivos: “Hacia la huelga general”, pues desde la Marcha de la Dignidad queremos impulsar en octubre una jornada de lucha basada en un paro general en todo el Estado, de carácter laboral, social y de consumo; y “Construir poder popular”, porque entendemos que es la única forma para que se produzca un cambio real”. Nos lo dice Luis Blanco, de la Intersindical Alternativa de Catalunya.

Huelga general

¿Es posible una huelga general desde el sindicalismo alternativo? Blanco admite que “es difícil, porque incluso el sindicalismo mayoritario (a nivel de representatividad) tiene dificultades para convocarla”. Tras llenar las calles sin los sindicatos mayoritarios en 2014, hay motivos para el optimismo. Pero vamos paso a paso, con cautela. Diego Cañamero, del Sindicato Andaluz de Trabajadores, señala: “Después de la Marcha a Madrid, analizaremos los resultados para ver si es posible una huelga general. Las marchas posibilitan todos los escenarios de movilización y concienciación”. Y remata Blanco: “La huelga general supone un paso cualitativo que refleja nuestra voluntad de ir a más en nuestra capacidad de intervención política”.

No podemos desdeñar el sindicalismo de base de CCOO y UGT, en el que debemos ver un aliado. Pero las burocracias de estos sindicatos forman parte del caduco régimen de la Transición; son el símbolo de un pacto social roto hace tiempo. Recordemos la imagen del año pasado, con Toxo y Méndez negociando con gobierno y patronal durante la misma semana que las columnas de las marchas llegaban a Madrid. Este abandono de la clase trabajadora y su negativa e incapacidad para organizar una respuesta social contundente a los recortes están en el origen de las Marchas, coincidiendo con un ciclo, estimulado por el 15M, de autoorganización popular y asamblearia.

Composición

La amplia composición de las Marchas le dan el estatus de “movimiento de movimientos”. En la plataforma participan la PAH, Marea Pensionista, Marea Blanca, docentes por una ILP en Catalunya, asambleas de parados, la izquierda sindical, etc. Además, las Marchas han participado en acciones de solidaridad con la lucha feminista, con los trabajadores de Coca-Cola, con los estudiantes de Ayotzinapa, etc. También luchan por la libertad de los pueblos, defendiendo abiertamente el derecho de autodeterminación de Catalunya desde una perspectiva de solidaridad de clase, y tienen un carácter plurinacional (incluyendo organizaciones catalanas, vascas y gallegas) y plurilingüístico. Prevén sumarse a campañas como la de Boicot, Desinversión y Sanciones al Estado de Israel e implicarse en acciones contra la guerra y la OTAN. Y no han dejado de hacer actos sobre el TTIP, la ley de dependencia, etc.

Ese es el espíritu de las Marchas: apoyar a todas las convocatorias de protestas descentralizadas en cada uno de los territorios y desarrollar una mayor convergencia con todas las luchas sociales, con la filosofía de coordinación que desde el inicio impregnó al 22M. “Siempre hemos llevado la movilización sectorialmente, cada uno con su bandera. Lo que hace falta es unificar todo eso. En la izquierda siempre hay mucha división. Pero si estamos de acuerdo con defender la sanidad pública, en prohibir despidos en empresas con beneficios, etc., entonces hay que buscar la unidad de parados, campesinos, pequeños comerciantes, autónomos, estudiantes… para golpear todos juntos”, nos recuerda Cañamero.

Partidos

Sin embargo, lo cierto es que el escenario político ha cambiado mucho en un año. Hoy, buena parte de ese pueblo está dirigiendo sus esperanzas de cambio hacia los nuevos partidos y candidaturas que se presentarán a diferentes elecciones este 2015. Hay quien incluso afirma que las Marchas del 2014 marcaron el fin de un ciclo de movilización social, y que con Podemos se abrió un nuevo ciclo de lucha institucional. El error aquí es disociar la lucha institucional de la lucha en las calles.

Como señala Blanco, “En este contexto político, las Marchas tienen más sentido que nunca. La simple participación en las instituciones, si no va acompañada de una movilización en las calles de la clase trabajadora y las clases populares, nunca llega a buen puerto”. Cañamero se muestra vehemente: “Necesitamos más calle, más unidad, menos dogmatismo, menos separación y, sobre todo, más lucha. La lucha abre el camino. Es hora de la movilización social, que en definitiva es lo que ha abierto el campo a los nuevos partidos de ruptura”.

Europa

Otro reto para las Marchas, y la lucha social en general, es la coordinación a nivel europeo. Ante la pérdida de soberanía a favor de instituciones financieras supranacionales, las movilizaciones locales e incluso estatales tienen un limitado impacto en la política institucional. Estos días estamos viendo cómo incluso un gobierno con un programa antiausteridad, como Syriza en Grecia, se está viendo totalmente bloqueado.

Un éxito de las Marchas de la Dignidad a Madrid será la mejor forma de reforzar la lucha social, avanzar hacia la huelga general y hacia la articulación de la resistencia a nivel europeo.

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