Agenda anticapitalista

#15M: hay que organizar una consulta popular contra los recortes y por una democracia real

30/08/2011

Por Pere Durán. Versión web extendida. El empujón y la voracidad de los ataques neoliberales piden una actuación urgente y contundente a las fuerzas contestatarias. El movimiento 15-M, el único actor actual capaz de oponerse a esta lógica neoliberal, necesita actuar más conjuntamente para intentar parar esta dinámica histórica. El movimiento necesita combinar la descentralización con la coordinación democrática y ágil, tanto a un nivel organizativo como político y estratégico.

Visualizar el enemigo, entender el problema

El neoliberalismo no sólo vence, desgraciadamente, también convence. La población, en general, participe o no del movimiento, tiene integrados de forma disgregada ciertos dogmas neoliberales, más o menos explícitos, en su visión del mundo. Unos conceptos que influyen en el pensamiento de la gente cuando ésta busca responsables o soluciones en los problemas de la crisis.

El movimiento 15-M, sus opiniones y sus proclamas, también impactan en la opinión general. Pero la mayoría de la población -la que quizás simpatiza pero no participa en el movimiento- combina de forma más o menos coherente partes de estas dos visiones. En el mejor de los casos quizás reparte las culpas por los recortes entre la injusticia de los mercados y, por ejemplo, el supuesto fraude con las prestaciones del paro, o en el peor, quizás culpa a los inmigrantes o asegura que los humanos son egoístas por naturaleza.

En el contexto actual, una consulta popular se convertiría en una herramienta valiosísima para cuestionar la legitimidad social de estas medidas, un instrumento que nos permitiría hacer avanzar el movimiento tanto cualitativamente como cuantitativamente.

Una consulta popular bien organizada y amplía marcaría el debate y la agenda política oficial del Estado español, como tantas otras veces ya ha hecho el movimiento 15M. Las preguntas de la consulta tendrían que plantearse con el objetivo de incitar y provocar debates profundos en el seno de la sociedad. Hacer preguntas que cuestionaran los razonamientos neoliberales, que identifiquen los responsables de los recortes, que ayuden a captar qué se esconde detrás de los planes de ajuste, que cuestionen la justicia y la legitimidad de los mercados, etc. Preguntas que precipiten demandas claras y profundas, unas demandas que puedan aglutinar, organizar y lanzar a la batalla a grandes capas de la población.

Una de las preguntas tendría que hacer referencia a los recortes en la sanidad y la educación. Una segunda, también relacionada con los derechos sociales, tendría que tratar sobre el derecho de acceso a la vivienda. Una tercera, de cariz más económico, tendría que cuestionar la reforma laboral y la de las pensiones, hecho que, de rebote, presionaría a los sindicatos oficiales que firmaron estos pactos en contra de la voluntad popular. Una cuarta pregunta, explícitamente política, tendría que cuestionar la inclusión reciente de la cláusula neoliberal en la Constitución española, no para legitimar la carta magna sino para hacerla tambalear. Y finalmente una pregunta tendría que cuestionar la idea de la deuda y su devolución, tal como se ha hecho en Islandia.

Politizar la economía, economizar la política

Ejercer un derecho democrático tal como son las consultas populares representa una conquista en sí en la era de la “democracia” neoliberal. En el peor de los escenarios, o en el peor de los resultados, organizar una consulta popular sería un ejercicio nada despreciable de gimnasia democrática. Un ejercicio que dejaría detrás si un tejido social organizado y más o menos conectado.

Pero en el contexto actual, en que la crisis económica ha sido acompañada de una crisis de legitimidad y chasco con la casta política, la consulta popular visualizaría y explicitaría la contraposición directa entre las decisiones de las instituciones “democráticas” oficiales y la voluntad popular.

Necesitamos tensar esta cuerda; explicitar al máximo que existen dos visiones políticas confrontadas en el Estado español, la del beneficio privado y la de las necesidades sociales, dos visiones que se expresan y se organizan de forma totalmente antagónica, dos proyectos sociales que son incompatibles.

Necesitamos explicitar cómo la política oficial defiende los intereses sociales de un grupo minoritario – aquellos capitalistas e inversores que se esconden detrás la palabra “mercados”-. Necesitamos visualizar la relación directa que existe entre la falta de democracia y el funcionamiento propio del sistema capitalista.

Ampliar el movimiento, radicalizar la lucha

A nivel estratégico la consulta permitirá que el movimiento crezca y que centre sus fuerzas en objetivos determinados y reivindicaciones concretas que podamos ganar. Las preguntas de la consulta tienen que reflejar también las prioridades políticas del movimiento, tienen que, de alguna manera, llegar a ser las demandas políticas y económicas que queremos aplicar para hacer pagar la crisis a sus responsables. Unos objetivos explícitos y claros ayudarían a sumar gente al movimiento, y nos ayudarían a concentrar nuestro trabajo y nuestra energía en frentes concretos.

Las preguntas que proponemos tienen la particularidad de que pueden ser apoyadas por una gran mayoría social, pero a la vez son incompatibles con la actual dirección neoliberal del capitalismo. Es entonces cuando la lucha reformista (de naturaleza más amplia) se convierte en una herramienta revolucionaria, puesto que enormes capas de la población, convencidas del derecho a tener una sanidad pública y de calidad, verían incompatible esta demanda con la lógica neoliberal, verían incompatible la dignidad humana dentro del capitalismo. La reivindicación parcial y concreta, reformista, convencerá a capas crecientes de la población de la necesidad de superar el sistema capitalista en su conjunto.

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