Agenda anticapitalista

14N Sur de Europa | No sólo una huelga

13/11/2012

El 14N será una jornada de acción internacional en el sur de Europa contra las imposiciones de la troika. Oriol Alfambra (@oriocosmic) explica la necesidad de conectar sindicatos con movimientos sociales para sostener un clima de combatividad.

Es cierto que la convocatoria de huelga general del 14N llega tarde, que hacía falta mucho antes, antes por ejemplo del anuncio el 27 de septiembre de los Presupuestos Generales del Estado para 2013. Aun así, es un gran paso adelante en la posición de la gente trabajadora sobre el tablero de la lucha de clases, tan intensificada por la crisis económica. A nadie se le puede escapar que será la segunda huelga general del 2012 después de la del pasado 29 de marzo, y nunca en 34 años de la pobre democracia del Estado español se habían convocado dos el mismo año.

Por encima de todo se trata de una huelga de los pueblos de la periferia de Europa contra el poder económico centralizado. La convocatoria se lanzó inicialmente en Portugal, espoleada por las masivas protestas de septiembre que sacaron a la calle entre el 5 y el 10% de la población, las más grandes desde la revolución de 1974-75. En Italia la CGIL, el sindicato mayoritario, ha convocado un paro general de cuatro horas en todo el país contra las políticas de austeridad del primer ministro no escogido democráticamente, Mario Monti, después de que el 27 de octubre salieran 100 mil personas a la calle en el bautizado como “No Monti Day”. La huelga general del 14N también será simultánea en Chipre, Malta y Grecia, donde sólo en octubre ya se convocaron dos, y el 6 y 7 de noviembre volverán a paralizar el país durante 48 horas.

La escalada de luchas que se está produciendo a nivel europeo manifiesta las tensiones centro-periferia. Es una reacción de los pueblos al empobrecimiento que causan las medidas de austeridad que los gobiernos lacayos de Bruselas están transfiriendo desde el centro del continente a la gente trabajadora de la periferia en el intento de hacernos pagar su crisis. En el Estado español la combatividad tanto en los barrios y ciudades como en los centros de trabajo, desde las convocatorias del transmutado movimiento del 15M hasta la acción sindical de base, son lo que está empujando a las cúpulas sindicales de CCOO y UGT a radicalizar las convocatorias.

Los sindicatos

Guste o no, es un hecho que CCOO y UGT son quienes tienen más capacidad de lanzar convocatorias masivas por el hecho de que son organizaciones sindicales de masas. El 16,4% de los 18,5 millones de personas con trabajo en 2010, unos 3 millones, estaban afiliadas a algún sindicato. Con 1,2 millones de personas afiliadas a CCOO y 1 millón a UGT, por 127.000 y 123.000 representantes sindicales en comités de empresa respectivamente y 13.000 liberados en total, se observa como casi el 90% de personas que componen CCOO y UGT no tienen ningún cargo; son sindicalistas de base que sufren los recortes, y arriesgan su trabajo cuando se movilizan en su centro.

Las huelgas las ganan las bases, ellas son quienes pueden presionar y presionan a las direcciones para radicalizar las posturas del sindicato, mientras y a la vez las luchas sociales radicalizan a las bases. Por esta razón son un error el sectarismo contra las organizaciones sindicales de masas, vengan de los movimientos sociales o de donde vengan. El freno a la lucha que suponen las burocracias sindicales es natural para el sistema, si no pactaran, fueran revolucionarias y esbozaran planes de lucha radicales y ampliamente inclusivos, entonces ya habríamos ganado.

Las cúpulas burócratas se balancean en una hamaca atada por dos extremos: uno en el gobierno y el estado, y este lazo lo intentan deshacer los empresarios para quitar de en medio a los sindicatos. El otro extremo está atado a la gente trabajadora, y desde la hamaca tampoco pueden permitir que se desate si no quieren caer. Si alguno de los nudos se afloja, entonces convocan movilizaciones para recuperar una tensión estable y poder seguir balanceándose. Los y las trabajadoras tenemos que tirar de nuestro extremo de la hamaca con toda nuestra fuerza hasta que el otro haga caer el gobierno.

En Grecia los sindicatos han sido tradicionalmente controlados por el PASOK, la socialdemocracia griega equivalente al PSOE. Al principio cuando el gobierno del PASOK fue elegido el 2009, la posición de los dirigentes sindicales era de no convocar huelgas generales contra el nuevo gobierno, pero desde entonces hasta las elecciones de junio de este año pasaron a convocar hasta 17 huelgas generales, una cada seis o siete semanas prácticamente. Esto es un indicador, y muestra que se han visto sometidos a la presión de sus propias bases, tal y como explicaba Panos Garganas, editor del diario griego Solidaridad de los Trabajadores, en una entrevista publicada en la revista La Hiedra. “Al principio la gente no se involucraba en las manifestaciones, pero huelga tras huelga se producían asambleas masivas en los centros de trabajo, comités de huelga electos, piquetes y manifestaciones enormes, cada vez más radicales en sus demandas y sus lemas y en cómo hacían frente a la violencia policial”, relata Garganas.

Es un proceso

Una expresión de la radicalización del proceso en Grecia se puede observar en cómo se ha desarrollado el movimiento huelguístico entre huelgas generales. La siderurgia estuvo cuatro meses en huelga, los y las trabajadoras del periódico Eleftherotypia empezaron una huelga la Navidad pasada en medio de la cual produjeron dos números bajo control obrero del periódico que denominaron “Trabajadores de Eleftherotypia”, agotado en todos los quioscos. El hospital de la ciudad de Kilkis ha estado muchos meses ocupado y autogestionado por el personal sanitario y este verano los y las trabajadoras del Banco Agrícola y del Heleno Postbank fueron a la huelga en contra de la privatización de estas entidades.

Los datos de ocupación en Grecia son apabullantemente calcados a las del Estado español, 25% de paro que se dispara hasta más del 50% entre la gente joven. La lucha contra la austeridad avanzará si se construye un proceso que involucre a toda esta gente parada latente en los barrios y en los movimientos sociales, junto con las personas con trabajos precarios y alta temporalidad y los centros de trabajo con tradición sindical.

La pasada huelga general del 29M de este año en el Estado español fue una muestra de la combinación de la fuerza de los sindicatos con el espíritu rebelde del 15M. El seguimiento fue mucho mayor al de la huelga general de 2010, incluso más alto que el de la de 2002. Las enormes movilizaciones, tanto en piquetes como en manifestaciones, denotaron que millones de personas están dispuestas a luchar para defender sus derechos y también la capacidad de organización de los sindicatos, que en tres semanas fueron capaces de movilizar a 10,4 millones de personas asalariadas. Cada vez somos más gente con más experiencia en un proceso de huelga general.

El ejemplo de Grecia nos tiene que dar las claves de cómo plantear las jornadas de huelga, que por abuso del lenguaje se diría que son el día menos importante del proceso. El triunfo de la huelga está en juego las semanas antes, en las tareas de difusión, en las asambleas preparatorias, en la organización previa de los piquetes, en la elección de comités de huelga. Y el éxito se medirá en los vínculos que se han forjado entre la gente trabajadora y que persistan las semanas posteriores a la huelga, en el fortalecimiento de los órganos de coordinación de trabajadores y trabajadoras. De esto dependerá la capacidad de sostener un clima de combatividad más alto y mejor organizado, que presione y empuje a la intensificación, ampliación y radicalización de las convocatorias. Con la huelga del 14N no basta, esto es solo el principio.

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