Agenda anticapitalista

¿Una Unión Europea a favor de la gente de abajo?

18/02/2016

Rodrigo Alés

bce
Los días 19, 20 y 21 de febrero tendrán lugar en Madrid las jornadas “Necesitamos un Plan B para Europa”, impulsadas por la propuesta de Varufakis y otras personalidades de la izquierda europea, que plantea la construcción de un modelo europeo a favor de los y las de abajo. Sin ánimo de ser exhaustivo, paso a continuación a exponer una visión anticapitalista a esta propuesta.

Leyendo el manifiesto de las Jornadas y distintos artículos que aparecen en la página web de las mismas hay que reconocer los aspectos en cuanto a los que aciertan sobre el modelo actual de la UE y sus consecuencias para las clases populares. Se hace hincapié en que las actuales instituciones europeas están al servicio de una minoría oligárquica tanto en los países del Sur como en los países más poderosos de la UE. Frente a una salida nacionalista –o aún peor neofascista- a la crisis del modelo europeo se debe responder, como acertadamente se comenta, con campañas coordinadas a nivel continental basadas en un internacionalismo que recorra toda Europa.

Algunas de las propuestas que cualquier persona mínimamente progresista vería con simpatía aparecen en la web, como es el caso de la necesidad de la revalorización del trabajo frente al capital, un fortalecimiento de los servicios públicos esenciales como son la sanidad o la educación, una fiscalidad progresiva para que paguen los ricos, etc.

Sin embargo, lo que se plantea no es distinto a lo que defendía el gobierno de Syriza cuando ganó las elecciones hace ya un año. Se habla de refundar la UE en base a premisas más democráticas y mecanismos de control sobre el BCE. La experiencia griega demuestra que sin la aplicación de un programa de ruptura con el capitalismo construido desde abajo, es imposible que ningún gobierno pueda hacer medidas a favor de su pueblo. Entonces se habla, ciertamente, de que un solo país –además periférico- no puede implementar un programa de ruptura; pero asimismo se crea una ilusión sobre la posibilidad de reformar la UE si varios países se ponen manos a la obra por cambiarla. Haciendo un análisis desde el principio de su fundación –y no sólo por su actuación en los últimos años de crisis económica- la UE (o anteriormente la CEE –Comunidad Económica Europea-) ha creado unas instituciones y unos mecanismos burocráticos irreformables, entrelazados con los grandes empresas, haciendo imposible su transformación aunque varios países o incluso alguno de los más poderosos intentara cambiarla. Del mismo modo, el Euro fue una creación básicamente para aumentar la rentabilidad de los grandes capitalistas y banqueros de los países centrales, beneficiándose también del mismo la clase dirigente del sur de Europa. Por lo tanto, y como argumentó en su libro Crisis en la Eurozona, Costas Lapavitsas -uno de los participantes en el Foro- no hay posibilidad de un Euro bueno para las clases populares de Europa.

Las Jornadas deberían plantear no meramente la convocatoria de una o dos manifestaciones aisladas o Foros desde arriba; necesitamos una coordinación continental de los MMSS –sin olvidarnos dentro de los mismos de aquellos que representan al mundo del trabajo- para construir luchas como fueron las Huelgas Generales simultáneas en distintos países de la UE en 2012 o las Marchas de la Dignidad de 2014. Asimismo un dialogo fraterno entre las distintas organizaciones de la izquierda es necesario, poniendo encima de la mesa –y sobre todo con la práctica en la calle- las mejores tácticas que nos aproximen a nuestro objetivo estratégico de superación del capitalismo.

Desde la izquierda anticapitalista debemos defender sin complejos un programa de ruptura con la UE y con el Euro, que no implique una salida nacionalista como es el caso de la defendida por la derecha británica, sino propuestas que empiecen por el impago de la deuda ilegítima –que en el Estado español supone el 100% del PIB- porque no podemos defender los servicios sociales o ampliarlos si pagamos la deuda de los bancos; la nacionalización de los sectores estratégicos de la económica; el control de capitales; una nueva política energética no basada en los combustibles fósiles; una fiscalidad progresiva para que paguen más los que más tienen; la revalorización del trabajo frente al capital –reducción de jornada laboral sin reducción del salario, prohibición de despidos en empresas con beneficios, subida del salario mínimo-; un reparto de las tareas de cuidados, siendo asumidas en gran parte por el Estado y por una Europa que dé la bienvenida a las personas refugiadas y en la que no haya cabida para el fascismo ni la xenofobia. Las tareas son muchas y complicadas, pero hay gente –organizada o no- trabajando desde sus barrios, desde sus trabajos o desde sus centros de estudio para avanzar en este tipo de propuestas; debemos ser capaces de coordinarnos y construir desde abajo movilizaciones y sujetos políticos rupturistas.

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