Agenda anticapitalista

“Un paso al frente”. El ejército y la democracia

04/12/2014

Daniel Bravo

UnPasoAlFrente
Vivimos en un momento en el que la mayoría de la población percibe una crisis sistémica, y una corrupción generalizada a todos los niveles. En este contexto, el ejército parece una institución al margen, que rara vez se menciona en los debates y menos aun ocupa portadas.

Esta valiente novela aparece para dar a conocer la realidad; y es que el ejército sufre la misma corrupción que cualquier otra institución del régimen. Realmente, podemos preguntar: ¿por qué no iba a ser así? Aparte de las muchas referencias que hay a casos documentados, el autor muestra que es la misma estructura del ejército la que fomenta y ampara la corrupción, incluso más allá que en cualquier institución civil. Empezando por una justicia militar en la que los jueces se juegan su carrera con cada sentencia; si en la justicia civil tenemos casos aberrantes como el del juez Elpidio Silva, en la justicia militar es aun más fácil deshacerse de jueces incómodos. Por ejemplo, una jueza puede terminar bajo las órdenes de un oficial al que haya juzgado. También contribuye a la corrupción un sistema de jerarquía absoluta donde predominan enchufes, “favores” y abusos de poder.

Ejemplos de la corrupción son desde recortes en partidas presupuestarias (como en alimentación para la tropa, o en transporte, como el que costó la vida a 62 militares en el accidente del Yak 42) para financiar una vida de lujo para los altos mandos, hasta adjudicaciones fraudulentas a empresas afines a esta cúpula. El ejército es un filón para las empresas por la ingente cantidad de dinero que se maneja y por su falta de transparencia.

La trama discurre a través de varias historias en las que se muestra también cómo esta profunda división y este clima de impunidad es la base de incontables casos de acoso laboral y acoso sexual. Entre todas ellas, la principal es una trama en la que encontramos oficiales corruptos, extorsiones, sicarios y asesinatos. Algo que parecería de novela negra, pero no es difícil imaginar que la violencia salvaje anida allí donde se unen poder, dinero e impunidad.

Toda esta corrupción es consecuencia inevitable del carácter del ejército y de los intereses a los que sirve en este sistema. Como decía, la novela muestra que la corrupción es un problema de estructuras, y no de más o menos militares corruptos. Esta estructura de los ejércitos regulares está basada en una muy fuerte jerarquía y una obediencia absoluta, que tendrían sentido en el campo de batalla, pero extendida a cualquier momento y ámbito, es sólo una excusa ideológica para mantener un sistema absolutamente antidemocrático y falto de garantías.

Y esto es necesario por ese conflicto de intereses que comparte el ejército con el resto de la sociedad. El ejército es una institución que defiende los intereses de la “casta”, atacando países para que grandes empresas se apropien de sus recursos a costa de la vida y el trabajo de los soldados, y en algunos casos, atacando a la propia población civil cuando ésta compromete los intereses de la clase dirigente. El ejemplo más reciente es el uso de la armada para defender a Repsol de las protestas de activistas de Greenpeace. No creo que haya muchos soldados con acciones de esta empresa, y sí los habrá que sufren el incremento del precio de los carburantes y las consecuencias del cambio climatico producido por un modelo energético insostenible que sólo alimenta las cuentas corrientes de empresas como Repsol.

Este conflicto de intereses sólo puede sostenerse mediante esa absoluta disciplina, y la exaltación de unos valores que siempre son interpretados hacia el sentido de mantener el orden actual. Volviendo al ejemplo anterior, se habla de “intereses de España” y “orden” en abstracto, para defender los lujos y excesos de empresas como Repsol.

El ejemplo más extremo de esta función del ejército lo encontramos en los golpes de estado que han sofocado grandes revueltas sociales. Desde el Chile de Allende, a las revoluciones árabes, sin olvidar por supuesto el golpe de estado del 36. Tristemente, el caso del estado español es un ejemplo en el que el ejército tiene la herencia de un pasado golpista, que instauró la dictadura franquista y que no fue depurado en absoluto en la transición, lo que implica que ideológicamente sea todavía más conservador y antidemocrático.

Sin embargo, esta tensión no siempre se resuelve del lado de la clase dominante; pensemos en la Revolución de los Claveles, la Revolución Rusa, o incluso en las primeras fases de la revolución egipcia, se vio cómo el ejército tenía problemas para usar a las tropas contra las revolucionarias de Tahrir. O en situaciones como la guerra de Vietnam, donde una gran parte del ejército se rebeló contra la guerra, y en el frente morían muchos oficiales por fuego amigo: los soldados disparaban a oficiales que los enviaban a misiones suicidas en una guerra en la que ellos no ganaban nada.

Hoy en día, la crisis global y el cuestionamiento del sistema y la movilizacion social, hacen que afloren cada vez más estas tensiones. Se abren brechas en una disciplina al servicio del poder político y económico, y tenemos ejemplos como Chelsea Manning, en el estado español el teniente Segura, o en otro nivel (agencias de inteligencia) Edward Snowden.

En este contexto es importante que la sociedad civil tome partido, y forme parte de las demandas por el fin de la corrupción en un ejército al servicio de la casta. En EEUU hay diversas plataformas que apoyan a militares que denuncian las torturas y violaciones de DDHH, así como a aquellos que se niegan a combatir en guerras imperialistas. Es necesario extender este tipo de apoyo, ya que desde las instituciones nunca se van a proponer medidas para tener un ejército que sirva a la democracia. De hecho, el mismo teniente Segura ya ha sido privado de libertad dos veces por denunciar la situación del ejército.

Debemos luchar por un ejército más democrático, en el que haya un control real de los altos mandos, de un modo por ejemplo similar a como funcionan los consejos escolares: los y las oficiales podrían ser elegidos, al menos en parte, por el voto de la tropa. Sólo de esta manera se evita la creación de esa “casta” militar, y de ese sistema de abusos. También tenemos que denunciar organizaciones como la OTAN, que utilizan a los ejércitos para falsas misiones de paz, y que tienen más que ver con intereses económicos y geoestratégicos.

Sin embargo, hay que ser conscientes de que dentro del capitalismo, el ejército cumple un papel central en el mantenimiento del mismo, por lo que a medio plazo, el mínimo cuestionamiento y la mínima reforma pro democrática encontrará una oposición feroz. En la historia, durante los procesos revolucionarios, los ejércitos regulares han tenido que ser sustituidos por algo completamente nuevo, que responda a las necesidades de un movimiento profundamente democrático.

Aunque estamos lejos de ese escenario, hoy en día es imprescindible apoyar a quienes, como el teniente Luis Gonzalo Segura, Chelsea Manning, y tantos otros, luchan desde dentro por reformar el ejército para conseguir cambios por la democracia, contra la corrupción y contra las violaciones de derechos humanos. La sociedad civil debe responder a su valor.

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