Agenda anticapitalista

Turquía, piedra de toque en el muro de la Europa Fortaleza

26/03/2016

Ángela Solano

afp_syrianrefugee

La UE se encuentra ante la mayor crisis migratoria desde la II Guerra Mundial. En total, unas 2.000 personas alcanzan diariamente las costas europeas. A finales de 2015, el recuento total -con todas sus limitaciones-, era de 956.456 personas, de las cuales 3.695 perdieron la vida. Debido a las políticas de control fronterizo llevadas a cabo por la UE y al cierre de las fronteras terrestres en el sureste de Europa, que con el cerrojazo en Macedonia bloquearon la ruta principal de los Balcanes hacia Austria y Alemania, rutas marítimas cada vez más peligrosas aumentan en comparación a otras posibilidades. La posición de la UE ha quedado sobradamente clara, y se basa en la exclusión.

Eslovenia, Croacia y Serbia aún no han cerrado sus fronteras, pero aplican controles individuales a las personas refugiadas, impidiendo el paso a la gran mayoría. En Serbia, permanecen bloqueadas unas 2.000 personas en la frontera con Macedonia, mientras que Eslovenia lleva vallados 150km de los 650km que tiene su frontera con Croacia, hacia la que han cruzado unas 600.000 personas refugiadas desde septiembre de 2015. Hungría también ha instalado vallas en sus fronteras con Croacia y Serbia para desviar los flujos migratorios, y otra que la separa de Rumania, mientras que Austria construye una valla de 2’5 metros de alto en su frontera con Eslovenia. En cuanto a Bulgaria, desde 2014 construye una valla en su frontera con Turquía. En sintonía con esta tendencia, los pasados 17 y 18 de marzo tuvo lugar una cínica cumbre europea, donde la UE pactó la expulsión de refugiadas y refugiados a Turquía determinando que, por cada persona refugiada que sea devuelta de Grecia a Turquía, se realojaría a otra en la UE. ¿Pero en qué se basa dicho acuerdo?

Turquía como “centralizadora” en el proceso de asilo: protegiendo Schengen
Turquía era un país de tránsito ideal por su posición geoestratégica -como país de paso obligado entre las zonas de conflicto y la UE-, y tras el cierre de la frontera de Evros y la consolidación de esta Europa Fortaleza, también se convirtió en un país clave para canalizar dicha “crisis”. Tras este nuevo acuerdo, el proceso de asilo queda centralizado a través del país otomano, asegurando la estabilidad en el resto de fronteras europeas. Tal y como afirma John Dalhuisen, director de Amnistía Internacional para Europa y Asia Central “las promesas de respeto al Derecho Europeo y al Derecho Internacional han quedado en un edulcorante para la pastilla de cianuro que la protección a los refugiados en Europa se ha tenido que tragar”. Por un lado, los países miembros muestran su supuesta “preocupación” porque su reciente decisión no desemboque en expulsiones colectivas y su hipócrita intención de que se proporcione atención personalizada a cada persona refugiada; mientras que por otro, apenas un día después de firmar el acuerdo ya se habían trasladado 2.500 personas desde Lesbos ayer al puerto septentrional de Kavala, y el pasado día 20 zarpó otro ferry con 1.300 más.

Pactando con Turquía, se pretende cerrar en buena medida las rutas del Egeo y la mayoría de migrantes no podrán entrar en la UE, reforzando la protección de la zona Schengen, ya que, como declarara Dimitris Avramopoulos, actual comisario europeo de Migración, “No podemos tener libre circulación interna si no podemos manejar nuestras fronteras exteriores de manera efectiva”. Estados como Hungría, Austria, Dinamarca o Suecia ya habían restringido el libre movimiento de personas, y el ejecutivo de la UE advirtió de que el coste para la economía europea del fracaso de la zona Schengen se cifraría en miles de millones de euros. En la práctica, el Acuerdo de Schengen impide la libre circulación de quienes solicitan asilo, ignorando sus aspiraciones o redes familiares ya asentadas en otras regiones europeas al retener a las personas refugiadas o migrantes en los países o áreas específicas de llegada.

Este hecho ha propiciado la rápida proliferación de asentamientos precarios, dando lugar a un “limbo social” en el que las personas migrantes quedan atrapadas durante meses, sin perspectivas de mejora. Claro ejemplo es la jungla de Calais, al norte de Francia, vía de paso al Reino Unido, donde se hacinan entre 4.000 y 6.000 personas. Con el reciente cierre de las fronteras macedonias, unas 36.000 personas han quedado atrapadas en territorio griego, de las cuales unas 12.000 se reparten en precarios campamentos como el de Idomeni. En este último caso, el 40% son menores. Tras este nuevo pacto con Turquía, estos campamentos no sólo serán desmantelados, sino que centros como los existentes en las islas de Lesbos, Quíos, Kos, Samos y Leros –donde permanecen unas 8.000 personas, de las más de 48.000 que se hallan en Grecia-, se convertirán a la práctica en “centros de detención”, donde las personas refugiadas sólo tendrán dos opciones: bien solicitar asilo en Grecia, bien regresar a Turquía. Todavía sumida en una profunda crisis económica, Grecia era la principal vía de entrada hacia Europa a través de Turquía, recibiendo el 80% de los desembarcos en la UE, sobre todo debido al exilio generado en Libia y Siria, al cerrarse las rutas del oeste de África hacia el Estado español, y de Libia hacia Italia y Malta. La respuesta de la UE fue permitir que Frontex refuerce los controles en las fronteras terrestres griegas, especialmente en Evros.

Sintetizando, todas estas medidas resultan ingenuas, además de inhumanas: la UE ya ha fracasado anteriormente en la gestión de estas impunes “cuotas”, o como calificara Oxfam Intermón, “estrategia de mercadeo”. De las 160.000 personas “pactadas” en Grecia e Italia, sólo se han acogido mil, 18 de ellas en el Estado español; y de las 22.000 con Turquía, sólo 4.000 han trascendido a Europa. Por otro lado, las políticas represivas contra la población refugiada, les obligará a depender de contrabandistas y trafiquistas.

“Purga” de las personas migrantes “no refugiadas” y beneficios para Turquía
Aunque toda la “migración irregular” que llegue a territorio griego será “deportada” a Turquía -incluyendo aquí a todas las personas que huyen de guerras o persecución, y los exilios económicos de sus países de origen-, el acuerdo sólo habla del “intercambio” de refugiadas y refugiados sirios. Es decir, no se reconocerán como personas refugiadas a aquéllas que lleguen de países como Irak, Afganistán o Eritrea, sumidos en conflictos bélicos comparables a los de Siria, que se quedan sin ninguna posibilidad de recibir acogida en Europa. Esto implica “purgar” a un 41% de las personas que han alcanzado las cosas europeas desde que arrancara el año. Por si fuera poco, existe un “número límite” de acogidas: 72.000 personas, menos de la mitad de los desembarcos en lo que llevamos de 2016. Si esta cifra se excediera, el acuerdo quedaría invalidado, aunque como reconocen Jean-Claude Juncker y Angela Merkel, la intención es que las migraciones se detengan debido al mismo, ya que quienes recurran a “rutas irregulares” se pondrán a la cola de las solicitudes de asilo en la UE. El actual presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, dejó claro el objetivo final de la medida con un tajante “Do not come to Europe”.

Para impedir nuevas rutas, Turquía se compromete a adoptar “todas las medidas necesarias”, lo que implica la colaboración de Frontex y, como se ha llegado a sugerir, de la OTAN. A cambio, se acelerará el desembolso de los 3.000 millones de euros prometidos a Turquía –donde ya han recibido a 2,7 millones de personas originarias de Siria-, hasta alcanzar los 6.000 millones a finales de 2018. Además, se abrirá un nuevo capítulo del proceso de adhesión a la UE antes de 1 de julio, relativo al presupuesto, y se procederá a la exención de visados en la zona Schengen. Así, mientras se impide el paso a las personas refugiadas, se les facilita a otras bajo intereses políticos. Tal y como reclama la asesora de recursos humanitarios de Médicos Sin Fronteras, Aurelie Ponthieu, “La asistencia humanitaria debe basarse en las necesidades y no en las agendas políticas”. De este modo, Turquía acaba de entrar en la lista de “países seguros” para las personas refugiadas, algo que cabe cuestionar en muchos sentidos.

Recordemos que, desde que Erdogan alcanzara el poder en noviembre de 2002 al frente del AKP, la represión política y el control de medios críticos con el poder han sido una constante en el país, quedando patente durante la revuelta de los indignados turcos en la primavera de 2013, y siendo el último caso el del Grupo Zaman, intervenido a principios de mes. La persecución del pueblo kurdo es otra cuestión a tener en cuenta, conflicto que ha devenido en la imposición del estado de excepción en distritos de varias ciudades kurdas, como Diyarbakir, Cizre o Silopi. Sin embargo, este acuerdo otorga a Turquía cierto reconocimiento internacional, que se había visto obstaculizado por las reticencias de Chipre –no reconocido como país por el gobierno turco, que ocupa militarmente la mitad de la isla desde la Operación Atila de 1974- y otros países de la UE como Francia, así como por su ruptura con antiguos aliados como Siria y Rusia.

No a la Europa Fortaleza, abramos las fronteras
Por mucho que se refuercen las fronteras, el flujo migratorio no se detendrá hasta que se produzca una mejora radical en las condiciones de vida de sus países de origen. Este requisito entra en conflicto con los intereses geoestratégicos de los Estados europeos y sus implicaciones económicas, sobre todo teniendo en cuenta que nos hallamos ante una Europa en crisis, tanto económica como políticamente, a la que se le suma, además de la descrita crisis humanitaria y la lenta recuperación económica, nacionalismos y populismos de extrema derecha –que espolean el racismo y la islamofobia, asociando a las personas migrantes y refugiadas con la criminalidad y el terrorismo, ideas que también difunden los medios de comunicación y las instituciones gubernamentales-, o el Brexit, con la posible salida del Reino Unido de la UE.

Por otra parte, el cambio climático -debido en enorme medida al modelo económico actual, basado en la explotación- “aumentará las migraciones y los desplazamientos a nivel mundial”, tal y como afirmara Mary Robinson en el Parlamento Europeo, ya que “exacerba la pobreza y la escasez de agua, agrava la inseguridad alimentaria y nutricional y hace que sea aún más difícil para los hogares pobres proteger sus derechos”. Ante el progresivo bloqueo de rutas habituales, nuevas vías irán apareciendo, como Bulgaria, Ucrania, el Mar Negro, la ruta albana para cruzar el Adriático, Italia o el propio Estado español. Por todo ello, necesitamos acabar con el concepto de Europa Fortaleza y protestar contra las estrategias hipócritas y xenófobas de la UE para que sean desmanteladas, junto a las vallas y los centros de detención o internamiento.

También exigimos el establecimiento de rutas seguras que permitan a las personas refugiadas llegar a Europa, así como el fin de las guerras en sus países de origen, oponiéndonos activamente a los ataques que Occidente y a la venta de armas con la que tantos gobiernos y empresas occidentales se lucran. Al mismo tiempo, necesitamos construir comunidades solidarias e integradoras que sepan atender a las personas refugiadas, y ayudarlas a superar la traumática situación a la que se enfrentan con la dignidad que como personas merecen. Sabemos que tanto Frontex como otros organismos institucionales están aplastando sistemáticamente los derechos de las personas refugiadas y migrantes, en lugar de facilitar la reunificación de sus familias o redes de contactos. Por todo esto, decimos no a la Europa Fortaleza, ¡abramos las fronteras!

Fuentes
http://www.eldiario.es/desalambre/Bruselas-devolver-Turquia-refugiados-realojar_0_492400822.html
http://www.euronews.com/2016/03/04/eu-plan-to-save-schengen-unveiled-ahead-of-crunch-summit/
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/20/actualidad/1458473688_331354.html
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/18/actualidad/1458319274_742332.html
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/18/actualidad/1458327393_016052.html
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/18/actualidad/1458291556_389148.html
http://www.theguardian.com/world/2016/mar/03/donald-tusk-economic-migrants-do-not-come-to-europe
https://www.rebelion.org/noticia.php?id=210162
http://magnet.xataka.com/en-diez-minutos/en-que-consiste-el-acuerdo-entre-la-union-europea-y-turquia-para-frenar-el-flujo-de-refugiados
http://www.reuters.com/article/us-europe-migrants-bulgaria-idUSKCN0VR19E
http://www.elmundo.es/internacional/2016/03/06/56dac48246163fdd6d8b467b.html

Gender and Borders in a Comparative Perspective. Sub-Saharan Migrant Women facing Fortress Europe: the Cases of Italy, Greece and Turkey, Giovanna Campani, Zoran Lapov, University of Florence

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