Agenda anticapitalista

Transexualidad: cambiar las normas para conseguir la igualdad

28/11/2013

Deny

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Hay que hacer visibles algunos datos antes de profundizar en el tema de la transexualidad: Cada dos días muere una persona trans asesinada en el mundo, principalmente mujeres transexuales y trans femeninas en América Latina. Esta estadística solo registra las muertes. Si sumásemos las agresiones se dispararían los números de agresiones por transfobia serían mucho más elevados.

Cuando pensamos en una persona transexual… ¿En quién estamos pensando? Posiblemente, estemos pensando en una persona blanca, sin discapacidad, con cierto poder adquisitivo, de una talla corporal no muy elevada… Por eso a la hora de hablar de transexualidad hay que tener en cuenta otros factores como la raza, lugar de procedencia, la diversidad funcional, la talla corporal, la sexualidad, etc. De lo contrario, estaríamos teniendo una visión muy parcial basada en estereotipos.

Por ejemplo, en el caso de las personas trans inmigrantes su situación es más complicada, pues además de enfrentarse a la transfobia, tienen que enfrentarse a un racismo institucional y social. Y hay muchas trans de clase baja que no tienen para pagarse el tratamiento hormonal o una cirugía, y a menudo recurren a cirugías clandestinas y automedicación. Otro caso a tener en cuenta es el de las trans presas, que no pueden elegir su módulo de reclusión sin un certificado médico que verifique su ‘disforia de género’ y, a veces, se les niega el acceso a hormonas.

En el ámbito médico y psiquiátrico nos encontramos que tras la supuesta despatologización de la transexualidad lo que hay es solo un cambio a la hora de nombrarlo y de patologizarla. Ahora la patología es el sufrimiento que sufren las personas transexuales por su no concordancia con el género expresado, y pasa a llamarse “disforia de género”. Pero, ¿cómo no tener algún grado de sufrimiento siendo transexual en una sociedad tan binaria? ¿Por qué no diagnostican como enfermedad el sufrimiento causado por el amor romántico? Y es que tenemos que tener en cuenta que la medicina funciona también en parte como una herramienta del poder para controlar nuestros cuerpos y sexualidades, y aún más cuando están fuera de la norma impuesta. Así mismo, el DSM (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) que patologiza la transexualidad también occidentaliza la psicología.

Por otro lado, hay que decir que las trans nos encontramos ante la continua presión de tener que ser “una cosa” o “la otra”, en referencia a la identidad sexual y el género que expresemos. Se nos persigue e insiste, de diferentes formas, para que entremos en el molde binario de género. Se nos presiona para modificar nuestro cuerpo para tenerlo igual que las personas cis-sexuales (existiendo, por supuesto, quienes buscan eso sin suponer un problema), impidiendo así la construcción de otros cuerpos e identidades. También cabe decir que romper con las normas de género supone, en mi opinión, romper con las normas de orientación sexual al poner patas arribas la construcción del deseo normativo, del cual las personas trans nos vemos excluidas continuamente en círculos gays, lésbicos, heteros o bisexuales.

Deny es activista del Bloque Alternativo de Revolución Sexual.

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