Agenda anticapitalista

Todo puede cambiar un día de año nuevo…

02/01/2014

Mark Bergfeld

Zapatista-woman-image

El título de este pequeño articulo viene de la canción “War Within a Breath” (Guerra en un suspiro) de Rage Against the Machine. Es una referencia directa a la revuelta zapatista en Chiapas (México) el 1 de enero de 1994, que coincidió con el NAFTA (North American Free Trade Agreement ), el acuerdo de libre mercado entre México y EEUU.

Veinte años después, la lucha de los y las indígenas en Chiapas continúa. De hecho, en diciembre de 2012, la localidad acogió una manifestación silenciosa de más de 40.000 personas. En sus comunidades locales, se han aprobado leyes que prohíben el matrimonio forzado, así como cualquier forma de discriminación sexual. Teniendo en cuenta que se trata de un contexto en que las guerras de drogas son habituales, han conseguido mantener sus comunidades alejadas de la violencia y la drogadicción. En agosto de 2013, el movimiento zapatista creó La Escuelita, que se convirtió en un punto de atracción para más de 1.500 activistas y académicos de México y mas allá.

A escala internacional, el movimiento zapatista ha marcado un antes y un después en la política radical. El movimiento altermundialista, por ejemplo, retomó las prácticas e ideas de democracia radical utilizadas por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en su atrevido intento de confrontar el imperialismo estadounidense. Sus “encuentros” pusieron en contacto a miles de activistas europeos y europeas con los pueblos del “Sur Global”. A su vez, estas activistas llevaron a cabo, a su manera, una forma de “encuentros”, como en la lucha contra el cambio climático y, más recientemente, las acampadas del movimiento Occupy. Aunque los movimientos sociales actuales no toman las luchas zapatistas como referente de manera explicita, siempre estarán en deuda con este grupo de mayas que ya en 1994 utilizó internet para esparcir su mensaje anti-neoliberal, plantó cara al neoliberalismo y al imperialismo estadounidense cuando “acababa” la Historia, y preparó los cimientos para renovar el tipo de solidaridad transnacional que necesitaban la clase trabajadora y los movimientos populares.

El subcomandante Marcos del EZLN escribía: “Marcos es todas las minorías explotadas, marginadas y oprimidas resistiendo y diciendo: “Basta”. Él es cada minoría que empieza a tener voz y cada mayoría que debe aprender a callar y escuchar. Es cada grupo no respetado que intenta encontrar su altavoz. Todo aquello que incomoda al poder y las conciencias de aquellos que están en el poder”.

Mientras que Marcos habla de “minoría” o “minorías”, los movimientos globales subsiguientes desarrollaron discursos más populares y mayoritarios. Esto supone un cambio significativo en el rol que toman los actores del movimiento dentro del proyecto anti-neoliberal. La Marea Rosa en América Latina, por ejemplo, se refería a sí misma como “el pueblo”. Más recientemente, los movimientos Occupy declaraban: “Somos el 99 %”. Esto pone sobre la mesa un dilema: o humanidad, o neoliberalismo. Y es importante tener en cuenta lo que representa este salto conceptual para las mentes de las personas, ya que es la expresión profunda de un zeitgeist o cambio de paradigma. Y esto queda plasmado en movimientos como las revueltas estudiantiles en Chile o Quebec, que enseguida adoptaron un carácter popular.

Las personas que hoy luchamos en contra del neoliberalismo y este estado permanente de austeridad podemos alegrarnos de que el rechazo al neoliberalismo cada día está más extendido en el mundo. Sin embargo, desafortunadamente, este cambio de discurso no ha supuesto el fin del neoliberalismo. Y precisamente lo que la lucha de los zapatistas nos enseña es que necesitaremos (nuevas) formas de poder popular y una constelación de fuerzas sociales capaces de sustituir el poder. Sí, todo puede cambiar un día de año nuevo. La cuestión es quién será el agente de este cambio.

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