Agenda anticapitalista

Sobre Pablo Iglesias en Rubí y el voto de las clases populares.

11/09/2015

Manel Barriere Figueroa

Lluís Rabell y Pablo Iglesias en el acto 'La Catalunya de la gente'
El pasado jueves 10 de septiembre trascendieron unas declaraciones que Pablo Iglesias realizó en su intervención en el acto electoral de Catalunya Sí que es Pot en Rubí. Estas declaraciones, que provocaron un alud de reacciones negativas por su carácter “étnico”, merecen ser comentadas con una mirada crítica y a la vez serena, teniendo en cuenta su contexto, un mitin electoral, el contexto a través del cual se han dado a conocer, tuits más o menos literales, y el contexto político en el que tienen lugar.

Visto el vídeo de la intervención de Iglesias, hay que reconocer algunas cosas. La mayoría de mítines que he visto de líderes de Podemos me han resultado bastante menos interesantes que otras intervenciones suyas de tipo académico o periodístico. La dinámica electoral exige altas dosis de agitación, exaltación y emoción. No es el caso de la intervención del jueves. La compleja situación política en Catalunya implica la necesidad de articular un discurso más profundo, que contenga un análisis certero de dicha situación, y que trace bien las líneas estratégicas de esa “máquina de guerra electoral” que surgió de Vistalegre. En ese sentido, las palabras de Pablo Iglesias sobre el origen de los catalanes (“aquellos que no se avergüenzan de tener abuelos extremeños o andaluces deben sacar los dientes para echar a Mas y a Rajoy”) no reflejan, fuera de su contexto, lo que realmente pretende todo el discurso. Más allá del rechazo que nos provocan estas palabras, hay que darse cuenta de que no demuestran una falta de comprensión de la realidad catalana, sino una intencionalidad clara y concisa dentro de esa estrategia.

Si bien todo el discurso es en apariencia una diatriba contra Mas, Felipe González, Rajoy, Pujol, la casta, la corrupción y las políticas de austeridad que no admite reparos, es a la apelación a un interlocutor, receptor y posible votante de CSQP, a lo que esas palabras desafortunadas hacen referencia. Si por un lado está esa “casta”, al otro están las “clases populares”, a quien Iglesias identifica con la gente “de los barrios”, “de Nou Barris y Vallecas”. La política es una cuestión de bandos, o estás con la casta o estás con los de abajo, dice. Unas clases que, no lo olvidemos, no se sienten identificados por el eje izquierda – derecha. Para reforzar esta idea, afirma Iglesias que igual que la derecha española jalea a Felipe González, hay “intelectuales”, y lo dice así, de la izquierda catalana que jalean a Mas.

No es baladí que hable de “intelectuales” de izquierdas. Lo que parece un combate contra la “casta” es a la vez un intento de descalificar o negar el movimiento popular que ha impulsado en los últimos años el llamado Procés, un movimiento que no deja de tener su contradicciones y peligros, claramente interclasista, pero que representa las aspiraciones legítimas, tanto nacionales como sociales y democráticas de buena parte de las “clases populares” catalanas. Es ahí donde embarranca Iglesias. No se trata de que divida a los catalanes según su origen, que lo hace desgraciada y equivocadamente, lo que intenta es negar el carácter popular del Procés, su carácter transformador y su potencial de cambio social y ruptura con esa casta que él pretende derrotar. Las clases “populares catalanas” son lo que él dice que son, viven donde él dice que viven, y proceden de donde él dice que proceden. Veremos si obtiene réditos electorales de eso o le sale el tiro por la culata.

A mí no me cabe ninguna duda que tanto Felipe González como la derecha española van a jalear el discurso de Iglesias, esa parte en la que une Vallecas con Nou Barris. Podemos es un mal menor en Catalunya. No solo porque recoge a la izquierda domesticada que ha gestionado desde el social – liberalismo las instituciones catalanas en los últimos años (Antonio Baños, de la CUP, le recordaba hace poco en un debate a Coscubiela, tercero en la lista de Iglesias, que mientras él, Baños, sufría la crisis, él, Coscubiela, estaba dando clases en ESADE), sino porque representa un contrapeso al Procés y al peligro real de ruptura con el Estado español, o lo que es lo mismo, con el régimen del 78.

¿Por qué Podemos puede hacer la función de apuntalar el régimen del 78 en Catalunya? Primero hay que tener en cuenta que las propuestas políticas se deben valorar en su contexto. La de Podemos, expresada en el mitin, es un proceso constituyente catalán en el marco de un proceso constituyente en toda España. Eso podía resultar ilusionante en los inicios, cuando el manifiesto Mover Ficha y la eclosión de los círculos. Hoy por hoy, cuando el propio Iglesias reconoce, en una de las últimas ediciones de su programa Fort Apache, que el “objetivo es convencer a la familia socialdemócrata para que aplique políticas neokeynesianas”, resulta poco más que una entelequia irrealizable. ¿Qué hacemos mientras llega ese “proceso constituyente español”? Vallecas y Nou Barris de la mano, la unidad de España colándose por la puerta trasera de la Unidad Popular. Regocijo en las filas del PP y del PSOE.

La cuestión, diría yo, dado que no defiendo el voto a Junts Pel Sí ni considero que su triunfo y posterior investidura de Mas como “president” beneficie a las clases populares catalanas, sea cual sea su origen o su opción “nacional”, es qué hará CSQP después de las elecciones. De abrirse un proceso constituyente catalán se encontrará ante la coyuntura de participar en él, para disputarle el terreno a Mas y a la oligarquía catalana, empujando para que el resultado sea lo más social y rupturista posible, o alinearse con quienes defenderán la legalidad constitucional del régimen, PP, PSOE y Ciudadanos. Como el mismo Iglesias dijo en Rubí, lo política es una cuestión de bandos. Pues eso.

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