Agenda anticapitalista

Refugiados e imperialismo: dos caras de la misma moneda

31/08/2015

En lucha

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La huida de conflictos armados en Siria, Libia, Eritrea, Iraq o Afganistán, ha traído algo más de 400.000 personas a intentar salvar sus vidas y buscar un futuro mejor en Europa. La respuesta de los miembros de la UE ha sido levantar vallas, decir que todas las personas no pueden venir, y no implicarse en solucionar los conflictos que fuerzan a la gente a abandonarlo todo para salvar su vida.

En estos momentos las personas que buscan un futuro mejor en Europa tienen que afrontar primero un viaje lleno de dificultades, en manos muchas veces de traficantes de personas que exigen tarifas desorbitadas por unos pasajes que no pocas veces traen la muerte, atravesar desiertos, subir montañas. Una vez en los países limítrofes se tienen que enfrentar al paso del Mediterráneo, donde tan sólo este año han muerto más de 1000 personas (según datos oficiales) y una vez pisada tierra son ingresados en campos de internamiento para después empezar la aventura de buscar una vida mejor en un país europeo, superando las fronteras interiores, hoy cruel y vergonzosamente representadas en Calais o Hungría; así como a la persecución policial y la amenaza de la deportación forzosa o la privación de libertad a los Centros de Internamiento para Extranjeros, CIEs.

La llegada de refugiadas es otra cara de las políticas imperialistas

De todas son conocidas las guerras por el control del petróleo en Iraq o por el control geoestratégico de Afganistán, como continuación macabra del «Great Game» del s.XIX donde las potencias coloniales se disputaban el control del Asia central. Hay que recordar la batalla por el control del cuerno de África conjuntamente en el Mar Rojo y el estrecho de Adén (vital por el paso de los super-petroleros del Golfo pérsico a Europa) y la intervención de las potencias occidentales en Somalia o apoyando a Etiopía en la guerra contra Eritrea.

Durante décadas los estados de la UE, Rusia o los EEUU han apoyado los gobiernos autoritarios de Gadafi o Bashar al Asad. Mandatarios que han basado su política en el enfrentamiento interno entre facciones religiosas, tribales o territoriales. Y que cuando en 2011 sus pueblos se levantaron no dudaron al declararles la guerra; conflictos que son la raíz de la actual situación. Así el Estado Islámico, formado en gran parte por combatientes de las diferentes guerras de Iraq, Afganistán, Chechenia y de facciones suníes que fueron reprimidas por los gobiernos de Irak o de Siria, aplica el terror como herramienta de guerra para asegurarse el control de prácticamente la mitad de Siria o Iraq y los recursos petroleros para financiarse. En ningún momento la UE ha hecho nada para apoyar al ejército libre de Siria en su lucha contra el Estado Islámico y el gobierno dictatorial de al-Asad (que no ha dudado al aliarse con el EI para bombardear campos de refugiados Palestinos como los de Yarmuk). No obstante, la caracterización del papel del régimen sirio no debe ser obstáculo para organizar de manera unitaria la solidaridad con todas las personas que lo necesiten.

A la vez las potencias regionales como Arabia Saudí o Qatar se enfrentan en Irán e Irak por la hegemonía en esta zona.

Otra vez la UE opta por fortificar sus fronteras y marear la perdiz entre los diferentes estados como muestra el conflicto entre Alemania, Hungría y Austria sobre los trenes cargados de refugiados.

Una solución para los refugiados es posible

La totalidad de refugiadas, unas 400.000, representan aproximadamente un 1% de la población de la Unión Europea, o sea aparte de un deber humanitario no representaría una alteración demográfica de importancia, desmintiendo así los argumentos que dicen que no caben todos. Llama la atención el dato de la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE (FRA por sus siglas en inglés) que afirma que en 2010 la UE concedió 30.000 visados a personas sirias y en 2013 en plena guerra no concedió ninguno. En este sentido la UE ha acogido un 0,17% de las refugiadas provenientes de Siria mientras que Turquía. Libia, Jordania Iraq y Egipto acogen el 97% (unos 3,5 millones).

Por un lado hay que articular desde los estados políticas de acogida que vayan más allá de los campos de refugiados que condenan a la precariedad y la interinidad a las refugiadas. Es decir hay que fomentar la acogida utilizando, albergues, pisos de acogida (en Cataluña tenemos más de 100.000 vacíos). Hay que poner en primer plano la solidaridad internacional y el humanismo. Los municipios tienen que jugar y pueden hacer un papel fundamental articulando una red entre refugiadas, ONGs de derechos humanos, sindicatos con relaciones internacionales y la sociedad en general para abrir viviendas como ya se hizo en la guerra de Bosnia.

Por otro lado hay que insistir en la necesidad de acabar con la venta de armas a los regímenes autoritarios, al EI o a los señores de la guerra y también de fortalecer el movimiento antiimperialista organizando desde ya campañas de apoyo que incluyan tanto propuestas concretas como concentraciones.

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