Agenda anticapitalista

Razones para ir a la huelga, a los piquetes, y a seguir luchando el 30M

29/03/2012

Por Dani Bravo. A estas alturas, es más que conocido que esta reforma laboral sólo va a servir para empobrecer a la clase trabajadora, para que los grandes empresarios se llenen los bolsillos a costa de una mayor explotación de la mayoría, y por supuesto, para hundirnos más en “su” crisis.

Añadir, que sabemos que realmente esta reforma sólo profundiza (muy mucho) el camino de todas las anteriores, incluida por supuesto la que firmó el último gobierno de Zapatero: despidos más rápidos, fáciles y baratos, desprotección de las trabajadoras al atacar brutalmente la negociación colectiva, más precariedad al obligar a aceptar cambios en las condiciones del contrato (bajada de salarios, desplazamientos…)

Pero la reforma laboral es uno más de los muchos ataques que está viviendo la clase trabajadora, que forma parte de ese 99% que ve cómo la crisis está siendo una excusa para desmantelar los pocos derechos que aun manteníamos. Los ataques a todo lo público, desde la educación y la sanidad, hasta las privatizaciones, también merecen una respuesta contundente.

La potencia de la huelga como herramienta de lucha

Esta huelga debe ser sólo el primer paso. Es importante conocer la importancia de la huelga, y por qué no es un método de lucha más, sino el más potente del que disponemos. No hay más que ver cómo la clase dirigente se pasa las semanas previas a la huelga difamando nerviosamente sobre lo supuestamente inútil, innecesario e improcedente de ésta, llegando a pedir que se restrinja en el futuro este derecho de todas las trabajadoras. No en vano, a lo largo de la historia las huelgas han sido protagonistas en la lucha por nuestros derechos. Desde la jornada de 8 horas, ganada tras la huelga general en Barcelona en 1919, hasta la retirada del decretazo de Aznar en 2002, la huelga ha sido el mayor instrumento de presión para luchar contra la explotación y el chantaje de los capitalistas y los políticos a su servicio.

Y es que la huelga supone una presión brutal para la clase dirigente, y por varios motivos. La huelga general, en primer lugar, corta el flujo de beneficios que las empresas sacan del trabajador: durante el tiempo que dura la huelga, las arcas de todos los Emilio Botín o Amancio Ortega ven reducidas la afluencia de ganancias. Aparte de que les toca donde les duele (su bolsillo) bajo este efecto se esconde una enseñanza que da pánico a quienes nos explotan a diario: somos nosotros y nosotras, la clase trabajadora, el pueblo, quien mueve el mundo y crea la riqueza.

La huelga general muestra el inevitable choque de intereses entre el empresario y las trabajadoras, entre quienes proponen que tengamos condiciones laborales como las de los trabajadores chinos mientras nadan entre millones de euros de beneficios, y quienes sufren para llegar a fin de mes.

Además de todo esto, organizar la huelga general es un gran aprendizaje y experiencia para los trabajadores; se manifiesta la conciencia de clase, de que tenemos intereses comunes, y se desarrolla la solidaridad. Aun en un solo día de huelga, la lucha y el activismo de base dan confianza a las trabajadoras de su potencial y se crean vínculos de lucha que pueden afianzarse y mantenerse en el tiempo. Hacer huelga supone arriesgar mucho individualmente para apoyar una lucha colectiva, es un ejemplo de solidaridad a la vez que de la lucha por los derechos de una misma.

La huelga necesita de un gran activismo entre las bases; entre las trabajadoras a pie de tajo. Esto también combate el poder de las burocracias sindicales, que tienden a la negociación y al pacto por encima de todo.

Los piquetes son un derecho, y son imprescindibles

Incluso entre gente que es favorable a la huelga, existen reticencias respecto a la acción de los piquetes informativos. La masiva propaganda de los medios respecto al “derecho al trabajo” de los esquiroles, y la continua calificación de “violentos” hacen que haya gente, normalmente sin mucha experiencia en huelgas, que sea contraria a impedir la apertura de los centros de trabajo y la entrada a los esquiroles.

Sin embargo, los piquetes son imprescindibles, y son la única forma de hacer que la huelga sea efectiva y las huelguistas puedan ejercer su derecho. En contra de la huelga están el gobierno, los medios de comunicación con su propaganda, y por supuesto los empresarios con sus amenazas de enviarte al paro. Son cientos las empresas que han sido denunciadas por coaccionar a sus empleadas para que no secunden la huelga. Sólo la acción de los piquetes puede garantizar que estos trabajadores puedan ir a la huelga sin sufrir represión posteriormente.

Hacer huelga supone un esfuerzo, perder un día de salario y arriesgarte a que te señalen tus jefes. La huelga es una lucha colectiva por los derechos de todas, incluso de quienes no la secundan. Por esto, quienes conscientemente deciden ir a trabajar, minando los esfuerzos y la solidaridad de todos sus compañeros, deben ser llamados como lo que son: esquiroles. Los piquetes también son una forma de manifestación contra aquellos que, insolidariamente, deciden no hacer huelga. No se trata de recurrir a la violencia, como muchos medios acusan, sino de impedir a toda costa, aun generando situaciones tensas, que los esquiroles rompan el esfuerzo de la mayoría democrática de las huelguistas.

La huelga es de las trabajadoras, y el 30M también

Hay quien argumenta que no irá a la huelga porque CCOO y UGT son unos sindicatos vendidos y esta huelga es sólo para salvarles las espaldas. Lo cierto es que Toxo y Méndez se juegan poco. Sus espaldas están, seguro, más que cubiertas, como la del ex-secretario de CCOO Fidalgo, que ha terminado dando seminarios para la fundación reaccionaria y neoliberal FAES.

Esta huelga se ha convocado a pesar de la voluntad de las burocracias sindicales. Es la huelga de todas, sindicalistas de base que han visto en esta reforma laboral algo absolutamente imposible de asumir. La presión de las bases es la que ha hecho inevitable la convocatoria de huelga general.

Hoy no caben sectarismos, a la hora de luchar sólo podemos apostar por la unidad. Es necesario que los sindicatos alternativos y los movimientos sociales como el 15M confluyan e interactúen con las combativas bases de CCOO y UGT. Considerar a los sindicatos como un bloque homogéneo de burócratas y pactistas es un error que nos hará perder mucha fuerza de cara a las luchas que vamos a tener que desarrollar. Porque si les dejamos, Toxo y Méndez usarán el seguro éxito de la huelga para sentarse el día 30 a pactar leves cambios en la reforma laboral. Sólo la unidad de los sectores más críticos y combativos junto con la amplia base de afiliadas de los grandes sindicatos puede ser capaz de hacer que el día 29 sea sólo el inicio de un ciclo de luchas imprescindible para parar todos los recortes que se nos vienen encima.

Dani Bravo es militante de En lucha.
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